A veces pareciera algo tan sencillo el hecho de que se dé vida a un nuevo ser, simplemente hace falta que se genere la unión de un óvulo y un espermatozoide y que ambos se mantengan en condiciones para sobrevivir y al paso de nueve meses idóneamente, estará ocupando un lugar en la Tierra.

Sin embargo, vale la pena detenerse un poco y darse el tiempo de conocer más a fondo, todo lo que debe suceder en la interacción de éstas células, es posible que resulte un tanto confuso y en momentos hasta agobiante el darse cuenta de la complejidad de cada proceso, para que al final un ser humano cuente con la salud que le garantice dicha sobrevivencia y además en muchos de los casos, que se distinga de entre los demás al contar con mayores potenciales.

Es verdad que a través del tiempo y estando expuesto a las vicisitudes propias de la existencia, el individuo corre el riesgo de ir lesionando o perdiendo algunas de las funciones que favorecen una óptima salud.

En el entendido de que el cerebro es propiamente el centro que controla el resto del organismo, es de gran importancia favorecer las condiciones para mantenerlo lo más sano posible.

Es por tal motivo que se insiste constantemente en desarrollar y llevar a cabo una serie de hábitos tales como la adecuada nutrición, el tener horas suficientes de sueño que repongan la energía utilizada durante el día, asimismo se hace hincapié en la práctica del ejercicio para mantener en buen estado tanto el cuerpo como la mente; por otro lado existen ciertos factores que pueden contribuir en la buena salud tales como el realizar actividades recreativas, especialmente las que se relacionan con el arte, o bien que estimulan de manera particular al cerebro.

Sin embargo, resulta contradictorio que por un lado se exhorte a la formación de buenos hábitos de salud y por otro lado se tenga una serie de mensajes contrarios que incitan al uso y consumo de ciertas sustancias que intoxican al organismo y en muchos de los casos generan daños irreversibles.

Alguna vez se ha planteado usted la pregunta de cuántas neuronas mueren ante la ingesta de alcohol o de tabaco?

Algunos investigadores han encontrado que los efectos del alcohol sobre las neuronas tiende a ser mucho más grave cuando se inicia en la adolescencia, en edades entre los 13 y 15 años, debido a que el cerebro aún no ha llegado al máximo de su madurez la cual calculan que se alcanza aproximadamente entre los 18 a los 20 años; es así que se impide un adecuado desarrollo. En el caso de personas que consumen constantemente, llegando a convertirse en una enfermedad, la muerte de las neuronas se da por millones.

El alcohol es un depresor del Sistema Nervioso Central, de momento relaja y a pequeñas dosis produce euforia y estimulación, pero cuando éstas son elevadas, la actividad del cerebro se reduce, hay aturdimiento y en un caso más severo, el aparato respiratorio suspende su actividad produciendo la muerte.

En el caso del tabaco, se sabe desde tiempo atrás que produce enfermedades tanto cardíacas como respiratorias, el cáncer inclusive. Pero a últimas fechas, se ha ido asociando con alergias y enfermedades degenerativas, especialmente el Parkinson en donde se destruyen las neuronas dopaminérgicas, es decir aquellas que producen dopamina, un neurotransmisor que entre otras cosas se necesita para que exista un adecuado control de los movimientos corporales; también está relacionada con las emociones y especialmente con la sensación de placer, así como el aumento de la presión arterial.

El tabaco que está constituido por nicotina además de otros tóxicos como el monóxido de carbono y los alquitranes, es un estimulante del Sistema Nervioso Central cuyo efecto genera la liberación de las sustancias neurotransmisoras que son estimulantes, por lo cual algunos efectos que pueden notarse son la mejora del estado de ánimo y con ello mayor sensación de felicidad, activación del metabolismo, insomnio, pérdida de apetito y aumento de la frecuencia cardiaca; los mismos efectos que son causados por otras drogas como la cocaína, la coca, la cafeína y el crack.

Analizando estos puntos, resulta paradójico que luego del reto que tiene que superar un ser humano para nacer y además gozar de salud, por decisión propia o por influencia del ambiente, sea él mismo quien se procure la muerte de la células nerviosas, entre ellas las neuronas que son clave en el desarrollo y funcionamiento de todo el cuerpo, y con esto favorezca la aparición de enfermedades que no venían incluidas en su código genético, mientras que las otras que sí están incluidas, se aceleren o bien se manifiestan gracias tanto a la exposición como al consumo de dichos tóxicos.

A fin de cuentas, existe el libre albedrío y cada quién puede decidir cuánto daño está dispuesto a propinarle a su cerebro.

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