Pocos han escapado a los interminables anuncios e “infomerciales” que promocionan productos que curan desde un callo hasta un cáncer, pasando por várices, diabetes, hemorroides, prostatitis, caspa, impotencia y un largo etc.

También a la promoción de  productos que son  capaces de hacernos bajar de 10 a 15 kilos de peso en cuestión de días con solo tomar unas cápsulas o usar un anillo en determinado dedo.

O el caso de esos populares tenis que con solo caminar con ellos la persona baja de peso, afina su silueta y a las mujeres les reafirma el busto y les levanta los glúteos.

Por cierto esos tenis son tan populares que cuando menos a mí me hacen desconfiar de la sensatez y cultura del género humano. Todos ellos son productos que, de creerles a sus promotores, están en posibilidad de erradicar más de la mitad de  las enfermedades de la humanidad, y colmarnos de salud y energía. Todos ellos con un común denominador, son un fraude, un timo.

Es notorio que lo que prometen cae en el terreno de la fantasía,  esto lo sabe cualquiera que tenga una cultura de mediana para arriba. El problema es eso precisamente y sobre esa falta de cultura y formación científica apuestan fabricantes y publicistas. Apuestan a la ignorancia y a las enormes ganas de creer que tiene el pueblo. Y esto no solo es en México, es un fenómeno mundial, solo que en otros países la reglamentación para este tipo de productos y anuncios  es mucho más rígida y efectiva que en el nuestro.
Si analizamos estos anuncios, resulta altamente sospechoso que la gran mayoría de estos productos “milagrosos”, que lo mismo pueden derretir, en pocos días, la grasa acumulada en la cintura de sedentarias matronas, que borrar una cicatriz quirúrgica o curar un proceso degenerativo osteoarticular severo, sean todos ellos de dos o tres  laboratorios y que no exista literatura médica seria, ni estudios controlados y con validez científica que avalen lo que afirman. No hay soporte bibliográfico en revistas de alto nivel académico. Todo se reduce a citas anecdóticas, afirmaciones reales o supuestas hechas ante notarios, que no prueban nada desde el punto de vista de la metodología científica.

Pero lo anterior, por si solo bastante malo, no es lo más negativo de estos productos con  publicidad engañosa. La tragedia, se da en los casos en que el televidente tiene efectivamente una enfermedad real, inicialmente curable y potencialmente grave si se deja avanzar. En estos casos, el crédulo usuario de los productos de estos laboratorios  lo único que logra es perder  dinero antes de convencerse de la necesidad de consultar a un médico. Pero ojalá solo fuera dinero lo que pierde, el problema es que también pierde tiempo, y ese si es irrecuperable, tiempo valioso que bien empleado hubiera permitido detectar una patología real en etapas curables o controlables y no esperar a que la enfermedad evolucione a etapas irremediables.
¿Cuantas personas habrán fallecido en la espera de una curación milagrosa con estos productos?, Lo ignoro, pero es de suponerse que suman bastantes, ¿cuantos millones de pesos se pierden tratando de curar una patología seria y muy real usando estos productos “milagro” antes de convencerse de su inutilidad?, Indudablemente muchos. 
Evidentemente estas consideraciones no le quitan el sueño a los fabricantes, ni a los anunciantes, ni a las poderosas cadenas de tiendas y farmacias que los comercializan, y tal parece que tampoco a nuestras autoridades sanitarias. A los fabricantes y a los medios masivos de comunicación lo que les interesa es el dinero. Las tiendas y las farmacias  igual, venden lo que el público les pide.  Que el producto no sirva, que tenga solo el  llamado “efecto placebo” y que lo que se afirma no tenga ningún  sustento científico les importa poco menos que un cacahuate. En cuanto a las autoridades sanitarias… a esas sinceramente no sé que les pueda interesar, salvo cobrar puntualmente su quincena, bonos y viáticos sin meterse en broncas; aquí incluyo las estatales y las federales.

¿Que hacer? , Verdaderamente no se me ocurre nada práctico, fuera de tratar de concientizar al público sobre el peligro de la automedicación  y la importancia de la medicina preventiva. ¿Esperar honestidad, decencia y honradez  en los medios masivos de comunicación o en los comerciantes?, eso es pedir peras al olmo. Para ellos todo se reduce a ganancias en plazos inmediatos. ¿O alguien espera que las grandes cadenas televisivas cancelen horas y horas de comerciales bien pagados?, ¡Absurdo!. ¿Mejorar el nivel cultural del mexicano? No en esta generación. ¿Esperar que las autoridades sanitarias hagan correctamente su trabajo? , puede ser, pero ¿qué tal si les pagaron para que no hagan nada? .