La polÃtica del gobierno de Felipe Calderón de permitir que el peso se revalúe hasta donde se les antoje a los especuladores, los capitales golondrinos, puede ser muy costosa para los mexicanos. Esta decisión, cuyo único fundamento es la ideologÃa de libre mercado de nuestros empleados en la SecretarÃa de Hacienda y del Banco de México, afecta el crecimiento económico y el empleo, además de poner en grave riesgo la estabilidad financiera del paÃs.
La sobrevaluación del peso, auspiciada por las autoridades hacendarias y monetarias, encarece las exportaciones y golpea a la industria manufacturera nacional, apenas reanimada por la aún frágil recuperación industrial estadunidense. Un menor crecimiento trae consigo más desempleo y pobreza. Y, por si fuera poco, pone en juego la estabilidad financiera de México si Europa es incapaz de manejar la crisis financiera de Portugal, España, Italia y Bélgica o si la economÃa de Estados Unidos padece una segunda recesión.
Por ejemplo, de empeorar la crisis financiera de España, los bancos españoles, Bancomer y Santander, podrÃan retirar masiva e intempestivamente capitales de México, reventando asà la burbuja financiera que encarece al peso y provocar una estampida de capitales, como la ocurrida en 1994. En ese caso, habrÃa una gran devaluación, descapitalización del paÃs, recesión, desempleo masivo, endeudamiento con el FMI -con el que Hacienda contrató una lÃnea de crédito por 73 mil millones de dólares-, y un severo programa de austeridad para pagar, sacrificando servicios públicos vitales como salud, pensiones y jubilaciones, agua, alcantarillado, seguridad.
¿Vale la pena correr ese riesgo? ¿Debemos sacrificar crecimiento y empleo con el fin de satisfacer un capricho ideológico y rendir pleitesÃa a los especuladores? Sin duda, la respuesta es no. ¿Qué hacen otros paÃses para protegerse de la crisis europea y de una posible segunda recaÃda económica estadunidense? En el ámbito financiero, limitan mediante impuestos y controles, el ingreso del capital golondrino, como lo recomienda el FMI, el mismo icono de adoración de esos funcionarios, hoy más papistas que el Papa.
Es un despropósito que comprometan 73 mil millones de dólares de la lÃnea de crédito del FMI, más reservas de divisas por 116,700 millones de dólares, para garantizar el libre movimiento de capitales.
El colmo es que la revaluación del peso no frena la inflación, sobre todo de los alimentos importados, y esa alza de precios propicia que los especuladores exijan que el Banco de México suba las tasas de interés para elevar su ganancia a costa de descapitalizar al paÃs.
























