En verdad, ¿por qué nos sorprenden los niveles de violencia que alcanzamos en estos días? No debería de impactarnos, es tan sólo el resultado de las omisiones, descuidos, desinterés, deslealtad y corrupción que hemos alimentado en la última década, tanto en nuestro hogar, como en nuestro empleo.

¿De dónde surgen esos jóvenes delincuentes que traen de cabeza a Guadalajara?, ¿acaso no salieron de nuestros hogares? La seguridad en nuestra ciudad, en nuestra colonia, en nuestra vida, no depende únicamente de los gobernantes, en definitiva, el tema es de corresponsabilidad social.

Sí, también es de educación, empleo y honestidad al momento de gobernar o impartir justicia, pero también es de responsabilidad social. Los incidentes violentos que sacudieron a la ciudad deben hacernos reflexionar. Fueron inéditos y espectaculares sí, pero el fin de los agresores no era hacer gala del poderío en arsenal porque los actos cayeron en vandalismo más que en causar terror con víctimas concretas y masivas. Los sujetos antes de incendiar las unidades de transporte, bajaron a los pasajeros y además escogieron vitales arterias viales.

Causaron temor generalizado, sí, en eso cumplieron su objetivo. Quedaron en evidencia algunas incompetencias de la autoridad, sí. Ese tipo de violencia obliga la reacción inmediata de todos, sí. ¿Lo que sucedió fue muestra de poder? No, al contrario, evidenció las debilidades de todos.

Los jaliscienses nos hemos concentrado en quejarnos porque esos actos “nos arrebatan la tranquilidad”, pero en realidad las preguntas que habríamos de hacernos son: ¿por qué permitimos que esto suceda?, ¿soy también culpable de esa violencia?, y ¿qué tengo que hacer para que no se repita?

Narcomenudeo, pandillerismo y delincuencia juvenil son consecuencias de falta de amor, desinterés, ausencia de valores, familias disfuncionales así como de la falta de oportunidades, sean educativas o de empleo. Jalisco ocupa los primeros lugares de violencia en el seno familiar ¿entonces por qué nos sorprende ver reflejada esa violencia en las calles?

Lo que vivimos estos días debe preocuparnos sí, pero al detectar las carencias, es nuestra responsabilidad convertirlas en áreas de oportunidad, tanto a nivel gobierno como familiar y personal.

Es preocupante que la mayoría de los detenidos, presuntos integrantes de la célula delincuencial La Resistencia, ronden los 18 a 30 años; la peligrosidad radica precisamente ahí. La autoridad tiene razón en insistir sobre el rescate del tejido social, el cuidado de los hijos, ya que se está viendo la integración de grupos delincuenciales con jóvenes menores de edad y que son reclutados en la banda o pandilla de la esquina, a cambio de unas cuantas monedas.

Nuestros jóvenes han cambiado sus valores y sueños por la depresión, la maldad y la ambición. Aquí es cuando aparecemos nosotros en el escenario como sociedad, sólo familias fuertes, construyen ciudades fuertes. Anteriormente nos jactábamos porque “la familia” nos distinguía de otras culturas, y ahora también, nos está distinguiendo “La Familia” en el mundo, pero de forma negativa…

Atención especial merece la falta de corrección, de límites, de disciplina, aquí no entran los “jueces que sueltan delincuentes”, eso es renglón aparte, pero incluso ¿quién le inculcó los valores morales a ese fiscal?

No es necesario llegar hasta la corrupción de jueces, seamos sinceros, en el mismo hogar la disciplina llega tarde o nunca llega. Y con disciplina no hablo de gritos o golpes, porque eso es precisamente los que nos trajo hasta aquí.

Ahora nos quejamos porque reinan la ambición y corrupción, pero nosotros mismos lo generamos, ¿cuántas veces le damos dinero “al mocoso” para que se vaya y no moleste porque llegamos agotados?, y, ¿cuántas veces le cumplimos los caprichos para compensar nuestra irresponsabilidad? Los pequeños anhelan nuestra presencia y protección emocional, nosotros les hemos modificado la visión sobre el dinero.

Al reflexionar al respecto, lo que me estremece es que en realidad, el hijo es el reflejo de sus padres. Entonces, tú y yo somos los verdaderos culpables de esa violencia de la que nos quejamos…

Y, ¿ahora qué? ¿por dónde comenzamos a trabajar?

Periodista multimedia.g