Antonio Soto

Otra vez un candidato popular gana las elecciones en su estado, poniendo en evidencia el grave error que se comete por gobernantes y por dirigentes partidistas cuando éstos imponen al más cercano o al más leal, aunque éste no goce del respaldo ciudadano. Sí, se vuelve a repetir una vieja práctica de la política mexicana: la imposición de candidatos a los distintos cargos de elección popular, frente a una población harta del engaño, fastidiada de la política mediocre y cansada de la corrupción de sus gobernantes.

Este fenómeno no es privativo de un sólo partido en México, todos sin excepción han impuesto en algún momento, candidatos que no gozan de buena fama pública, que no son aceptados ni por sus correligionarios, como tampoco por la población. Todos han tenido que sufrir dolorosas derrotas, que muestran cada vez con un mayor énfasis, el que las imposiciones son y seguirán siendo un grave error para quienes tienen el poder y pretenden mantenerlo.

De este fenómeno no se ha escapado ningún partido político en el país. El año pasado fue derrotado contundentemente el PRI en Sinaloa, Oaxaca y Puebla, entidades donde este partido impuso candidatos muy cuestionados y poco atractivos para la gente, mismos que tuvieron que enfrentarse a candidatos de la oposición con una aceptable popularidad, con trayectorias limpias, libres de sospechas de corrupción y con una propuesta atractiva para el electorado. Este fenómeno ya le había ocurrido hace años al PAN, en Chihuahua y en Nuevo León, estados donde también les fue arrebatado el poder por haber impuesto candidatos con estas mismas características. Lo mismo le sucedió al PRD en Zacatecas en julio pasado; y este domingo en Baja California Sur, le han propinado una nueva derrota por las mismas razones.

En este año, se estarían eligiendo seis gobernadores en nuestro país, en tres de estos estados gobierna el PRD, en los otros tres gobierna el PRI, a la fecha ya se celebraron dos procesos, en el primero que fue Guerrero, el PRD retuvo el poder con un candidato con aceptable popularidad, recién llegado del PRI, en Baja California Sur, el PAN conquistó una gubernatura más, llevando como candidato a un perredista de buena fama pública, quien fuera subestimado por el gobernador de esa joven entidad, con la complacencia de los dirigentes, mandando a tercer lugar a su recién abandonado partido.

Sólo faltaría la elección de Michoacán, estado donde gobierna el PRD, para poder hacer un mayor balance, de cuál fue el saldo final para este partido en estas entidades que hoy gobierna. Aunque mucho se ha celebrado el triunfo de las alianzas, yo mismo creo que éstas fueron exitosas, pero no me queda nada claro, que los nuevos gobernantes apoyados por el PRD, vayan a mover un dedo a favor del candidato que este partido lance a la Presidencia de la República el año que entra, excepto Gabino Cue de Oaxaca, claro, si el candidato es López Obrador.

El PRD tenía del año pasado a la fecha cinco Gubernaturas y la Jefatura del D.F., perdió Zacatecas y Baja California Sur, retuvo Guerrero; este año sabremos qué pasa con Michoacán, pero aunque esa elección no haya ocurrido, el saldo parece más negativo que positivo, aunque ganara en esta entidad cardenista, de cualquier forma estaría gobernando menos que en el pasado, salvo que conquistara Nayarit y/o el Estado de México, este último no se ve fácil ganar, si no se va en una alianza que pudiera encabezar un perredista moderado o un ciudadano con un perfil de izquierda; y apoyar a un panista allí, es entregar a la derecha el capital que la izquierda tiene en esa entidad.

Lo que ocurrió al perredismo en esos dos estados donde perdió las gubernaturas, es sin duda, la mala selección de candidatos. Si en Michoacán se cuida el proceso, se atiende a la cohesión partidista y a lo que quiere la ciudadanía, seguirá gobernando este partido, en cambio, si se impone candidato, se corre el riesgo de entregar el poder a la oposición. Lo mismo puede ocurrir al PRI que gobierna tres de las entidades, donde también se celebrarán comicios. Vamos a ver si los gobernantes y los dirigentes de estos partidos políticos, toman en cuenta la lección que nos da estos otros estados, aunque bien se dice que nadie aprende en cabeza ajena.

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