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¿Cuándo perdió la actual generación de mexicanos, cuantos tienen aún edad productiva, su credibilidad en las instituciones y sus voceros?¿Habrá sido después de la matanza de Tlatelolco y las miserias del poder arbitrario?¿O con echeverría –minúsculas- cuya demagogia sólo fue superada por la de los Fox –a éstos no los nombro minimizando su apellido porque siquiera Vicente fue producto de unos comicios apenas impugnado por lo que las responsabilidades son compartidas por buena parte de los mexicanos-, extendiendo la represión y el odio?¿O acaso al ascender carlos salinas –minúsculas- al Ejecutivo federal contra la manifiesta voluntad de la ciudadanía y la bendición, oficiosa y odiosa, de Fidel Castro, entonces presidente de Cuba, que dejó huérfana a la izquierda mexicana con su presencia en la toma de posesión de aquel mandatario, el primero de los espurios de nuestra era?

No hay necesidad de irse muy atrás para encontrar los rastros de la infamia. La asunción de salinas –minúsculas- culminó con los años de la barbarie, 1993 y 1994, también de los magnicidios –el del Cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo y los políticos Luis Donaldo Colosio, candidato presidencial del PRI, José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del mismo partido-, todavía sin resolver entre el desaseo de las fiscalías “especiales” y los candados que sólo se romperán en décadas concentrando las informaciones claves de tales sucesos; el solo tratamiento de los mismos –recogidos en cajas de seguridad- es demostración per se de que esconden verdades “peligrosas”, incómodas para el establishment como, por ejemplo, los nexos de uno de los principales sospechosos, el doctor Joseph-Marie Córdova Montoya con los centros de inteligencia del gobierno de Washington; por eso ha estado tan bien resguardado y pudo pasar sobre las denuncias del PRD, en 1997, en la víspera de los comicios que le otorgaron a Cuauhtémoc Cárdenas la jefatura del gobierno del Distrito Federal; de continuar con la querella, éste habría sido inhabilitado para ejercer cargos públicos al pasar a la silla de acusado… por difamación –de acuerdo a la torpe y superficial versión del siniestro Córdova-.

 

 

 

¿Perdimos la confianza en Fox cuando anunció el fin del presidencialismo autoritario –en un único informe trimestral presentado luego de cinco meses de gobierno y tan infortunado como su gestión-, y sólo se retractó aduciendo que no podía con el “freno” de un Congreso plural con el que fue incapaz de acordar lo mínimo hasta ser expulsado del Pleno señalado como un defraudador contra la democracia en septiembre de 2006?¿O fue antes cuando, a todas luces, permitió la contaminación del caso de la muerte “accidental” de Ramón Martín Huerta, entonces secretario de Seguridad Pública, al venirse a tierra el helicóptero en que viajaba, precisamente, hacia el penal de Almoloya de Juárez en donde se concentraban algunos de los “capos” más célebres en poder del sistema penitenciario mexicano?¿Ya olvidamos quién fue el primero en llegar, a caballo dijo, al lugar de la tragedia y asegurar que había sido un simple accidente cuando era evidente que había caído como plomo desde el aire?

 

Para mal, Acción Nacional, en el poder presidencial de 2000 a 2012, fue incapaz, sobre todo por miedo, de desentrañar la verdad de otros dos accidentes bajo fuerte sospechas de haber sido consecuencias de atentados: los de sendos secretarios de Gobernación, Juan Camilo Mouriño y Francisco Blake Mora, precisamente en momentos coyunturales para la administración calderonista, esto es cuando requerían los cárteles mayor “tolerancia” para extender dominios en las zonas en donde los radares no existen o mienten por tecnicismos incomprensibles. Ni siquiera eso pudiero determinar los expertos de la derecha, creadores de búnkers inútiles y de montajes perversos, a cargo del mayor espía de los tiempos modernos, Genaro García Luna, cuya maldad no cesó ni siquiera un día después del término de sus funciones, cuando los “sublevados” hicieron de la Avenida Juárez escenario de una batalla para la victoria de la sinrazón. D esto no podemos habernos olvidado. Ahora, García Luna está en Miami y Florence, la supuesta secuestradora beneficiada por los “errores” procesales –acaso calculados a precisión para encubrir a una agente secreta de la policía francesa-, deambula por París. De esta última versión, el columnista tiene versiones muy bien fundamentadas.

 

La misma ruta sigue el régimen de Peña Nieto. ¿Por qué tienen tanto miedo de decir la verdad sobre lo sucedido en la torre B-2 de PEMEX en la ciudad de México el pasado jueves 31 de enero? Nadie menciona la balacera anterior a la explosión sobre la calle de Marina Nacional; tampoco el hecho de que una fuga de gas habría encendido las alertas para posibilitar la salida en masa de los trabajadores… que no se dio. ¿Por qué el ejército, que acordonó la zona después del estallido, retiró con premura y con amenazas a los trabajadores y “topos” que buscaban bajo los escombros cuerpos y evidencias, a las diez de la noche, casi siete horas después de la sacudida? No son preguntas sueltas sino evidencias que dejan muy mal parada a la versión oficial sobre una fuente de gas que tardaron en descubrir casi cien horas después del hecho… demasiado tiempo para elucubrar tan a la ligera, tan en contra de las evidencias que saltaron a la vista.

 

¿Qué sucederá ahora?¿Volverá el primer mandatario, ahora Enrique Peña Nieto, a volver a blindarse en Los Pinos como su antecesor, gozando de los beneficios del búnker construido por el “arquitecto” dl mal, Genaro García Luna, por ahora en Florida, supuestamente alejado de los rastros d la violencia por él sembrados?¿Se esperará lo necesario para que se crean caducos sus actos criminales y no pueda solicitarse la extradición del personaje…y la de calderón –minúsculas-? Es de temerse que los grandes mafiosos le hayan tomado ya la medida a Peña Nieto, quien fue amenazado por “El Chapo” Joaquín Guzmán Loera desde 2008, y por el teléfono directo0 del gobernador mexiquense, tras un operativo para acorralar a Ignacio “Nacho” Coronel en Metepec en mayo de 2008?

 

Las versiones oficiales tienen grietas por todas partes. Por eso no son confiables. Es necesario hacerle saber al mandatario en funciones que, a menos de cien días desde su toma de posesión, ha perdido la mayor parte de la credibilidad pública. De aquellos más de diecinueve millones de votos le sería muy difícil refrendar la mitad. Y eso se llama, quiérase o no, pérdida de autoridad moral, una condición muy difícil de recuperar andado el tiempo: se pierde por un gesto y se gana con toda una vida sin incongruencias.

 

Debate

 

Es indispensable modificar, una vez más, la ley electoral y encontrar órganos rectores que reemplacen al IFE y al TRIFE siquiera en cuanto se refiere a la limpieza de acción de los mismos, extendiendo la participación ciudadana. Por principio de cuentas, no es razonable considerar a los dictámenes del Tribunal Electoral como inatacables cuando la Suprema Corte de Justicia, órgano superior, debiera intervenir cuando los atentados a la voluntad ciudadana son tan evidentes como en 2006 e incluso 2012, aunque en este segundo caso no se modificaran los resultados comiciales aunque sí se infectaran por las derramas excesivas que, desde luego, no fueron exclusivas del PRD como ha pretendido el descascarado IFE. La opinión pública volvió a crisparse por la reiteración evidente de la injusticia.

 

¿Qué proponemos? No hay otra salida que andar hacia el parlamentarismo, aunque tenga recovecos –como en la mancillada España, bajo los rescoldos del franquismo y las cenizas de los porfiristas que anidan allí-, modelo gracias al cual el partido que gana las elecciones está obligado a negociar con las minorías hasta alcanzar la mayoría necesaria para hacer valer los acuerdos necesarios. Es la manera más efectiva para sortear los riesgos de la ingobernabilidad y, por supuesto, las condiciones que formalizan, para vergüenza de todos, el estado “fallido”, muy lejos de Dios y muy cerca de los cárteles, parafraseando al dictador Díaz.

 

La otra posibilidad es la que propuso Colosio semanas antes de su asesinato: la reforma integral del Estado, tan manoseada –por las diversas tendencias a las que ha servido- por Porfirio Muñoz Ledo cuya cultura personal le hacen representar un papel de gran manipulador de conciencias con capacidad incluso para transitar entre la izquierda y la derecha con distintas escalas partidistas y apoyos verdaderamente insostenibles. Una iniciativa, en serio, en este sentido podría revalorar la autonomía entre los poderes de la Unión y terminar con la falacia de las soberanías de las entidades federativas que reconocen a un poder superior, los ordenamientos de la Constitución federal, por lo que deben ser consideradas, igualmente, autonomías pues no se trata de treinta y dos naciones sino sólo de una, libre y, ésta sí, soberana.

 

No hay que ser un experto para entender las diferencias y captar los grandes engaños sufridos a través de la historia reciente de nuestro saqueado, mancillado país. Contra esta imagen, debemos asumir, todos, la responsabilidad de andar hacia una democracia cierta y una justicia verdaderamente equitativa.

 

La Anécdota

 

Hablando con un grupo de economistas españoles, hace unos meses en la capital Madrid –en Barcelona no me paro por la xenofobia desatada con el equipo de fútbol como lanzadera del separatismo catalán-, y analizando la caótica situación de su economía, me apresuré a decirles a los contertulios:

 

–Sucede que ustedes no están preparados para loa crisis y por eso no pueden resolver todavía la recesión que apareció en 2008…

 

Y uno de los allí reunidos, con sarcasmo inocultable, sentenció:

 

–Cuando menos… si8empre nos quedará México como alternativa.

 

Sin un gobierno visionario estamos en manos de los ambiciosos neoconquistadores.