Enrique Bautista Villegas
Para el Banco de México la prioridad de su función es mantener la estabilidad económica en el país a partir de la aplicación de una política monetaria que permita mantener el control de una serie de variables de carácter macroeconómico que eviten los exabruptos y planear con certidumbre el manejo de las finanzas públicas.
Uno de sus propósitos fundamentales es mantener la inflación baja para evitar volatilidad en los precios y que no se desaten presiones de los trabajadores para demandar incrementos en los salarios más allá de los límites que garanticen la tranquilidad de las empresas.
La política monetaria se refiere supuestamente a todas aquellas acciones dirigidas a mantener la cantidad necesaria de dinero en la economía que satisfaga las necesidades de la sociedad al respecto sin crear presiones infla}cionarias.
Al banco central le ocupa también mantener una supuesta flotación de la moneda y que la tasa de cambio con las divisas extranjeras, principalmente con el dólar, se mantenga estable, generando así un intercambio comercial equitativo con el exterior.
Un objetivo adicional tanto del Banco de México como de las autoridades hacendarias ha sido tradicionalmente otorgar incentivos al capital financiero, cualquiera que sea su origen, para invertir en México, ofreciéndole tasas de interés superiores a la media internacional.
Sin embargo, no es responsabilidad del banco central, ni tampoco pareciera serlo de las autoridades hacendarias, propiciar el crecimiento económico equilibrado entre la sociedad y garantizar los derechos de los consumidores.
En ese contexto, observamos que nuestro país se ha constituido en un verdadero paraíso para el capital financiero y para las grandes empresas de talla mundial. Contrariamente, la situación que prevalece entre la mayor parte de la población mexicana es de constante deterioro en su calidad de vida: incremento sistemático de los niveles de pobreza, desempleo, reducción de los salarios en términos reales, aumento de las actividades ilícitas y la delincuencia, inseguridad, corrupción, impunidad; es decir, una crisis estructural con inestabilidad social en permanente agravamiento.
Por lo anterior, no deja de sorprender cómo conforme pasa el tiempo las utilidades de los grandes grupos económicos y financieros en el país crecen en forma sostenida y muy por encima del índice de crecimiento del producto interno bruto. Año con año se anuncia el incremento espectacular en las utilidades y la riqueza de los grandes grupos económicos mexicanos: Carso, Televisa, el Grupo Salinas, Cemex, Bimbo, Maseca, Bachoco, entre las más importantes. Lo mismo sucede con un buen número de empresas extranjeras, que ha hecho de nuestro país su lugar favorito de inversión por la “estabilidad económica y financiera” que les ofrece; entre otras: las empresas automotrices, principalmente de capital estadunidense, y desde luego los bancos españoles, ingleses, canadiense y estadunidenses.
La semana anterior la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) anunció con bombo y platillo, y como si fuera motivo de orgullo para todos los mexicanos, que durante 2012 los bancos que operan en el país, mayoritariamente de capital extranjero, aumentaron sus utilidades en 20.6 por ciento con respecto a las obtenidas en 2011, multiplicando por más de cinco el crecimiento esperado durante el mismo periodo para el conjunto de la economía nacional (La Jornada, 31 de enero, p. 29),
Las ganancias netas de los bancos ascendieron a 87 mil 126 millones de pesos. De éstas, siete instituciones concentraron 85 por ciento de las ganancias: la española BBVA-Bancomer con 23 mil 151 millones de pesos, la también española Santander, con 17 mil 398 millones, la estadunidense Banamex-City Bank, con 12 mil 356 millones, la mexicana Banorte, con 9 mil 419 millones, y la inglesa HSBC, con 4 mil 370 millones de pesos.
Los ingresos por intereses que cobraron los bancos crecieron en 11.7 por ciento respecto a los correspondientes a 2011; esto es, un índice cuatro veces mayor que el crecimiento esperado para el conjunto de la economía, llegando a 462 mil millones de pesos.
Paralelamente, durante los últimos días se dio a conocer el hecho de que Bachoco, la segunda productora y comercializadora de huevo y pollo en el país, registró durante 2012 un incremento en sus utilidades de mil 206 por ciento respecto al año anterior, llegando éstas a 2 mil 159 millones de pesos (La Jornada, 10 de febrero, p.23). Este espectacular incremento en la rentabilidad de la empresa se dio aparejado de un aumento en sus ventas de sólo 41.8 por ciento; esto es, menos de una treintava parte del incremento registrado en sus utilidades.
Sorprendentemente, a primera vista, este positivo fenómeno de rentabilidad empresarial se registró a pesar de la crisis provocada por la gripe aviar padecida a mediados de 2012, y que significó una reducción en la producción de pollo y huevo durante ese lapso de tiempo, cuestión que se tradujo a su vez en el encarecimiento temporal de esos productos en más de 100 por ciento, afectando fuertemente a la población consumidora.
Las altas ganancias obtenidas por los bancos y por los mayores grupos económicos y financieros del país mientras la mayoría de la población se empobrece de manera simultánea, lejos de reflejar eficiencia en el desempeño de las actividades de las primeras, y torpeza o falta de esfuerzo de los trabajadores, los desempleados, y en general, de los consumidores, es una muestra clara de las contradicciones en la estrategia económica de los gobiernos neoliberales en el país, iniciada desde principio de la década de los 80 del siglo anterior.
Pudiera crecer la economía mexicana, no a 3 o 4 por ciento anual, sino a 7 o a 10 por ciento, como en algún momento lo logró China, pero mientras las deformaciones que caracterizan al modelo de desarrollo neoliberal no se desarticulen, y en su lugar se introduzcan mecanismos redistributivos de la riqueza, incremento real en los salarios, mayor inversión en infraestructura pública, moderación en los índices de acumulación empresarial, una profunda reforma hacendaria y fiscal que grave más a los que más tienen y menos a los que nada tienen, la crisis estructural en materia social que padece México seguirá agudizándose.
Ése, y no otros, es el principal reto que deberá enfrentar el nuevo gobierno de la República, encabezado por Enrique Peña Nieto.

























