El líder libio Muamar Gadafi acusó el jueves a los manifestantes que hacen tambalear a su régimen de estar vinculados a la red islamista Al Qaida de Osama bin Laden y de actuar bajo los efectos de las drogas.

“Esa gente no tiene verdaderas reivindicaciones, sus reivindicaciones son las de Bin Laden”, aseguró el coronel Kadhafi en un mensaje audio transmitido por televisión desde Zauiya, una localidad al oeste de Trípoli, teatro de feroces enfrentamientos.

“Ustedes en Zauiya han escogido a Bin Laden”, acusó. “Ellos (los hombres de Bin Laden) les han dado drogas”, afirmó.

“Estos incitadores no son muy numerosos y debemos capturarlos”, prosiguió, recomendando a los ciudadanos quedarse “en casa”. “Tienen pistolas, tienen el gatillo fácil y disparan, especialmente, cuando están bajo los efectos de las drogas”, justificó.

La rebelión popular controlaba el jueves una gran parte del este del país y marcaba puntos en el occidente, pero Kadhafi, en el poder desde 1969, no parecía dispuesto a dar el brazo a torcer ni a atender los llamamientos y las presiones de la comunidad internacional para evitar un baño de sangre.

Kadhafi, de 68 años, que ostenta el único título de “Guía de la revolución”, insistió en que su poder en Libia es simplemente “moral”, tal como lo hizo el martes pasado, al alegar que no podía renunciar a cargos que no tenía. En esa ocasión, ordenó a las fuerzas de seguridad aplastar la rebelión y se dijo dispuesto a “luchar hasta la muerte”.

La sublevación tiene su bastión en la región de Cirenaica, a lo largo de la costa oriental del Mediterráneo libio, desde la frontera con Egipto hasta Benghazi, pasando por Tobruk y Al Baida.

Testigos que se fugaron a Túnez indicaron que la rebelión también ganaba terreno hacia el occidente, y que la ciudad de Zuara había quedado en manos de los manifestantes.

El presidente estadounidense, Barack Obama, juzgó de “escandalosa” la represión que ya se cobró centenares de vidas y afirmó que los autores de las matanzas deberán responder por sus actos.

En Al Baida, los muros acribillados a balazos certificaban la violencia de los enfrentamientos entre los rebeldes y los “mercenarios” contratados por Kadhafi.

Unos diez generales y coroneles desertaron y proclamaron su fidelidad a la revolución, bajo los aplausos de la multitud.

“He renunciado y he venido a Al Baida en solidaridad con mi pueblo. Estaré en la línea de frente para rechazar cualquier ataque”, afirmó el general Salá Mathek, que estaba en funciones en la Policía Judicial.

“Estamos hablando de marchar sobre Trípoli. Nuestro objetivo es Trípoli, si Trípoli no consigue liberarse a sí misma”, afirmó otro oficial.

Organizaciones de defensa de los derechos humanos denunciaron ataques aéreos y bombardeos contra civiles. Según datos divulgados en París por la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH), la represión del levantamiento había dejado desde su inicio el 15 de febrero hasta el miércoles por la mañana 640 muertos.(Agencias)