En tiempos recientes se ha hablado mucho de la necesidad de fortalecer a las universidades públicas del país con más presupuesto con el objetivo de atender las crecientes necesidades de la población juvenil, que tiene interés de estudiar una carrera universitaria. Esta demanda es a todas luces justa, ya que una población joven, mejor preparada, seguramente tendrá más y mejores herramientas para enfrentar el futuro y contribuir a superar la crisis por la que pasa nuestra nación, además de concentrar su energía y creatividad en actividades productivas, como son el estudio y la preparación personal.

No debemos olvidar que los profesionistas egresados de las universidades públicas han sido actores fundamentales del desarrollo nacional en la historia moderna de México, sin desdeñar la contribución de los egresados de las universidades privadas.

Su formación liberal y nacionalista en mucho han contribuido a entender en forma objetiva nuestra realidad. Con su creatividad, esfuerzo, dedicación y compromiso social, colocaron a México en el concierto internacional de las naciones durante buena parte del siglo XX como un país pujante, estable, justo y promisorio. Los niveles de crecimiento económico entre 1932 y 1982 fueron en promedio de casi 5% anual, muy por encima del crecimiento de la población, lo que permitió que se diera una dinámica movilidad social y crecieran de manera sostenida el empleo y los salarios. La clase media se ensanchó y los índices de pobreza se redujeron.

Con la adopción del modelo de desarrollo neoliberal a parte de 1982, el ritmo de crecimiento económico disminuyó, el gasto social se redujo, el presupuesto para la educación pública cayó, y en particular para la educación superior. De principios de la década de los ochenta, para acá el gobierno federal no ha creado una sola nueva universidad pública.

Contrasta este hecho con la creación en el estado de Michoacán de las universidades: Intercultural Indígena, en la Meseta Purépecha, y de la Ciénega, entre Jiquilpan y Sahuayo, así como la construcción de los campus en: Ciudad Hidalgo, Lázaro Cárdenas, Uruapan y Zamora, todos ellos proyectos financiados por el gobierno estatal.

Pareciera que es tiempo de que el gobierno federal revierta sus tendencias y coloque de nueva cuenta a la educación pública de nivel superior como un prioridad nacional.