No aspiremos a lo imposible, no sea que por elevarnos sobre la región de la libertad,
descendamos a la región de la tiranía.

Simón Bolívar

Hace unos días tuvimos la oportunidad de participar en un foro sobre la autonomía universitaria, tema que, por muchas razones, me parece muy importante, más si pensamos en nuestra querida Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.

Sin duda la UMSNH ha experimentado, en todos sentidos, grandes avances en los últimos años. Como ejemplo, baste mencionar lo logrado en materia de implementación de programas de calidad reconocidos, tal como es el caso de la acreditación, apenas hace unos días, de la Licenciatura en Ingeniería Eléctrica. Sin embargo me parece que en términos de autonomía le falta todavía un trecho por consolidarse. Por algo el recién nombrado Rector, Salvador Jara, cuando habla de los 4 principios que regirán su gestión inicia con el compromiso de “defender indeclinablemente la autonomía universitaria”.

En general, la autonomía se define como la capacidad de determinar uno mismo (individuos, grupos organizados, empresas y Estados), en la medida de lo posible sus objetivos y premisas de decisión en relación al entorno correspondiente. Podríamos entonces decir que autonomía es la independencia que tiene alguien  en ciertos aspectos.

En el caso de las universidades públicas, la propia Constitución General de la República, en la fracc. VII de su art. 3° establece las condiciones que determinan la autonomía especial en estas instituciones. Así  las define como organismos públicos descentralizados con  autonormación y autogobierno para lograr mayor eficacia en la prestación del servicio que les está atribuido y que se funda en la libertad de enseñanza, sin que ello implique, de manera alguna, su disgregación (separación o desunión) de la estructura estatal, ya que su actuar se ejerce en un marco de principios y reglas predeterminadas por el propio Estado.

Podemos sostener que la autonomía de la UMSNH reside entonces en la facultad o capacidad de autogobernarse, es decir, de mandarse a sí misma a través de elegir y remover sus propias autoridades, de darse sus propias normas, de manera que pueda existir libertad para hacer docencia, investigación y difusión cultural. Todo esto habrá de poder hacer pero no de forma ilimitada, es decir deberá sujetarse, por un  lado, a normas jurídicas superiores así como a la razón y/o a la evidencia, y, por otro, a la ética. Es decir, la autonomía admite y debe garantizar el encuentro y difusión de aquella verdad racional no dogmática, respetando en todo momento lo mejor del ser humano, o sea su dignidad.

¿Qué tanta gobernabilidad hay en la UMSNH?, en otras palabras ¿en qué medida se pueden hacer valer decisiones tanto universitaria como socialmente exigibles, y de hecho en teoría obligadas, para que la institución pueda cumplir plenamente con sus objetivos? Ya vimos para qué es la autonomía universitaria y en qué consiste, faltaría señalar, entonces, ante quién, usualmente, debe o corresponde hacerla respetar. En este sentido nos parece que debemos tomar en cuenta las siguientes amenazas:

a) Presiones o fuerzas gubernamentales. En la práctica, sobre todo en nuestra cultura latinoamericana, se ha considerado a las universidades públicas como espacios que pueden representar para los gobiernos ya sea puntos de apoyo y respaldo, o bien potenciales centros de crítica e incluso incubadoras de movimientos subversivos.

b) Formas de pensamiento. No es raro que las universidades lleguen a ideologizarse hasta llegar a lo que propiamente pudiera calificarse como intolerancia. Una revisión histórica, seria e imparcial, permitiría identificar fácilmente como algunas corrientes políticas de izquierda se han esforzado por adoctrinar al estudiantado en las universidades públicas, pero igual podríamos criticar los esfuerzos del pensamiento derechista por hacerlo, tanto en las aulas públicas como en las  privadas. La universidad por definición debe ser universal, plural, objetiva y neutral ideológicamente; así como debe estar libre de dominios de credo o religión tampoco debe subordinarse a visiones políticas específicas. El aprecio y respeto por la diversidad, incluyendo la étnica  y cultural de cualquier índole, son parte esencial de la verdadera autonomía universitaria. 

c) Intereses de grupos. Los meros intereses de grupos llegan a atentar frecuentemente contra la autonomía universitaria. Así, grupos organizados estudiantiles o de maestros, incluso agrupaciones externas a la institución presionan mediante estrategias variadamente violentas para que las autoridades universitarias tomen tal o cual decisión. Es relativamente frecuente que algunos grupos obtengan consideraciones especiales con base en lo que bien podrían llamarse actos de extorsión.

Existen otras cuestiones que limitan la posibilidad de la UMSNH de alcanzar plenamente sus fines. Me refiero a las estrecheces económicas así como a la insuficiente transparencia y rendición de cuentas, de la que tanto adolece, también, la administración pública en general.

En cuanto al primer punto, el recién nombrado Rector recibió la institución con un déficit de 274 millones de pesos aproximadamente. Por otro lado debe admitirse que el presupuesto asignado a la universidad, de entrada, es insuficiente. No obstante esta realidad, antes de buscar incrementos en sus ingresos habría que optimizar el ejercicio actual del gasto y sanearla financieramente, principalmente en lo que respecta al sistema de jubilaciones y pensiones, ya que de no hacerlo no habrá dinero que alcance para estabilizarla, simplemente  considérese que hoy 1 de cada 3 de sus empleados está jubilado.

Finalmente, a pesar de los esfuerzos que se han hecho en materia de transparencia y rendición de cuentas aun falta bastante por hacer. Desde el conocimiento del total de remuneraciones y prestaciones hasta los detalles en que otorgan y se administran algunos subsidios a estudiantes, ya sea como becas o a grupos como lo son “las casas del estudiante”.Â