“Los presidentes de la República controlaban el tráfico de drogas, y ellos decían ¡por aquí sí, por aquí no!” expresaría, entre otras cosas, el ex-gobernador priista de Nuevo León, Sócrates Rizzo, quien por cierto fue separado de su cargo por supuestos actos de corrupción en 1996. En sus afirmaciones dejó asentado que lo anterior se daba porque había un “gobierno fuerte y por eso controlaban las rutas precisamente para evitar que la violencia afectara a la población”. A esa “afortunada” declaración que certifica públicamente lo que ya se suponía, se agrega la de Miguel de la Madrid quien acusa a Carlos Salinas de Gortari, “de haber permitido que su hermano Raúl estuviera involucrado con el narco”.

Para sostener esa tesis, Rizzo indicó que, “había control, una Procuraduría de Justicia, un presidente con fortaleza tal que manejaba la situación y evitaba que se presentaran problemas como las que en el presente afectan a la comunidad en lo general y que generan muertes de inocentes”. Ahora el tránsito de la droga es libre por todas las posibles rutas. Hoy, las organizaciones criminales consideran que están en igualdad de circunstancias y respaldadas en su poder bélico. Pero ¿por qué los últimos presidentes se muestran débiles en comparación con los viejos tiempos del PRI?

¿Qué es lo que ha pasado para que la dimensión de los presidentes se haya achicado? ¿Cuál es la razón para que no solamente hayan perdido el respeto de la sociedad mayoritaria sino que se les ridiculice abrumadoramente en cartones y comentarios diarios?

En la época del “presidencialismo”, cuando se daba la noticia de que el Primer Mandatario llegaría a una población, la gente vestía sus mejores garritas y allá íbamos tan siquiera para verlos de lejecitos. ¡Daba gusto ver a un Presidente! Ahora echamos rayos y centellas y hasta maldecimos la mala hora en que se ocurrió hacerle la invitación correspondiente, pues regimientos enteros de policías, soldados y hasta marinos, cierran calles, dificultan el transitar peatonal, sitian en forma general pueblos y ciudades adonde van. Ya no se les ve con gusto y hasta temor se tiene que valla a armarse la balacera. ¿Por qué antes si nos daba gusto y ahora nos provoca susto ver cuando una patrulla militar o policiaca se nos acerca o se para a un lado de nosotros?

Sí! antes eran fuertes y tenían el control y regían los destinos del país; a su alrededor había experiencia, buscaban nombrar como secretarios de Estado a lo mejorcito; tal vez no doctorados en Yale o en el MIT, pero sacaban la chamba con dignidad, dialogaban, resolvían. Ciertamente hubo a quien se le paso la mano y en el 68, en el 71 asesinó a miles. Cuando en su corral alguien se portaba mal o no hacía la chamba, como en el caso de Sócrates en 1996, simplemente le adelantaban las vacaciones y se iban para no estorbar más. A sus secretarios de Estado, algunos los regresaban a su lugar de origen pero como candidatos y alegremente, después de su imposi-ción, tomaban el puesto pero ¡ay! de aquel que metiera la pata.

Hubo muchos que de gobernadores pasaron a secretarios de Estado, a la antesala de la Presiden-cia, ésta con mayúscula porque era ¡grande!. Había permiso no escrito para robar “poquito” o para dar para que no hubiera problemas y en consecuencia, había control. Gobernador que se portaba mal, se iba comisionado a una subsecretaría, a la dirección de Caminos y puentes o a cualquier otra dependencia simplemente de asesor;

¿Pero por qué antes sí y ahora no? ¿Porque dejaron de ser grandes? ¡Porque perdieron la ver-güenza y lentamente fueron, infantil y grotescamente, buscando ser cada día más corruptos! Porque fueron haciéndose socios del capitalismo ramplón. Porque vendieron la gallina de los huevos de oro y porque perdieron, con los mismos, el nacionalismo.

Porque olvidaron la historia de México, la historia de sangre, sufrimiento y sacrificio de todos aquellos que lucharon por tener el control de la educación en el país; porque olvidaron los princi-pios constitucionales de 1857 y de 1917; porque paulatinamente fueron modificándolos hasta entregar nuestros recursos naturales, principalmente los energéticos y los minerales, a extranjeros en sociedad con ellos; Porque regalaron los satélites, porque les entregaron la fibra óptica, porque se quedaron con las estaciones de televisión y por muchos “porque” de sobra conocidos, de tal manera que perdieron finalmente la rectoría económica. Y luego para coronar su desgracia, primero realizaron un colosal fraude electoral (1988) y le entregaron la Presidencia a un sínico neoliberal que se auto vendió las empresas nacionales y, años más tarde, completarían su cinismo cometiendo en 2006 otro fraude electoral y terminaron por perder toda identificación nacionalista

Antes el Presidente les decía, según Sócrates Rizzo: ¡por aquí sí, por aquí no!. Antes había un Presidente fuerte, ahora es un comandante en miniatura. ¡Lástima por el país!