Por Leobardo Sánchez Tello.

Póngase cómodo, estimado lector, porque las cifras que le voy a desmenuzar hoy no solo provocan agruras financieras, sino un auténtico coraje cívico. Durante décadas, la narrativa oficial desde la Avenida Francisco J. Múgica nos ha querido vender el cuento chino de que la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo agoniza año con año por culpa de la «falta de presupuesto federal y estatal». ¡Falso de toda falsedad! El verdadero cáncer de la Casa de Hidalgo no es lo que no le llega, sino en qué y para quiénes se evapora el dinero público que usted y yo pagamos religiosamente con nuestros impuestos.

Mire nada más: para el ejercicio fiscal 2026, el Congreso del Estado le aprobó a la Casa de Hidalgo una partida que ronda los 4 mil 854 millones de pesos, alcanzando un presupuesto global universitario superior a los 5 mil 267 millones de pesos. Una auténtica fortuna. ¿Y sabe usted cuánto de esa montaña de dinero se destina realmente a la academia, a la investigación científica, a las aulas donde se forman sus hijos? Una bicoca. Más del 88% del gasto total se va directo al Capítulo 1000: Servicios Personales. Es decir, la universidad pública funciona como una colosal agencia de colocaciones y un barril sin fondo para sostener privilegios gremiales intocables.

LA TIENDA DE RAYA SINDICAL: PRESTACIONES AL 115%

Aquí es donde entra la lupa. Mientras un profesionista o un trabajador promedio en Morelia suda la camiseta en el sector productivo para ganar apenas entre 315 y 370 pesos diarios —enfrentando la carestía de la vida sin más salvaguarda que las prestaciones mínimas de la Ley Federal del Trabajo—, en el Contrato Colectivo de Trabajo que la autoridad nicolaita le tolera al Sindicato Único de Empleados de la Universidad Michoacana (SUEUM), las cosas corren en una realidad paralela.

Hicimos la auditoría peso por peso, y el resultado es de escándalo. Un trabajador administrativo o de intendencia en la UMSNH tiene un sueldo base tabular promedio que oscila en los $10,500.00 pesos mensuales. Cualquiera diría: «un salario modesto». ¡Pero no se deje engañar! Ese sueldo tabular es solo la punta del iceberg. Por encima de ese salario base, la Universidad está encadenada a cubrir una cascada de conceptos contractuales:

• Ayuda Sindical: casi 3 mil pesos al mes directos a la bolsa.

• Bono de Despensa: arriba de 2 mil 400 pesos mensuales.

• Fondo de Ahorro Patronal: 10% adicional.

• Aguinaldo: nada de los 15 días que marca la ley para los mortales; aquí cobran 60 días de salario íntegro, más primas vacacionales dobles, bonos navideños y estímulos por el simple hecho de checar a tiempo.

Haga cuentas: el costo de las prestaciones contractuales representa más del 115% por encima del salario base. Cada plaza le cuesta en términos reales a la Tesorería Universitaria más de $22,600.00 pesos mensuales.

¿Y EL STUMICH/SUTUM? LA FACTURA SE DUPLICA

Mucho ojo con este detalle fundamental que las dirigencias suelen ocultar bajo la alfombra: en estas estimaciones financieras están considerados todos los trabajadores administrativos y de intendencia, incluidos los del STUMICH (o SUTUM).

¿Por qué? Porque por mandato estricto del artículo 396 de la Ley Federal del Trabajo y reiterados criterios de los tribunales laborales, las cláusulas económicas y las prerrogativas del Contrato Colectivo de Trabajo se extienden obligatoriamente a todos los trabajadores de base, pertenezcan al sindicato titular o al sindicato disidente. Aunque el líder del SUEUM pegue el grito en el cielo y pretenda cobrar derecho de piso, la Universidad no puede discriminar en el pago de tabuladores, despensas ni aguinaldos.

Esto significa que el erario estatal no solo carga con los agremiados del SUEUM; carga con un universo total de más de 2 mil 500 empleados administrativos y de apoyo entre ambos bandos gremiales. La factura global de estas prebendas supera holgadamente los $200 millones de pesos anuales únicamente en prestaciones no salariales, sin contar el costo de suplencias ni las pensiones dinámicas.

COMISIONADOS DE POR VIDA Y DOBLETEO DE NÓMINAS: EL CASO TENA Y GUEVARA

Pero agárrese, porque el descaro mayúsculo opera en la cúpula. Mientras los pasillos y las oficinas nicolaitas carecen de personal efectivo, los integrantes del comité sindical gozan de comisiones permanentes con goce de sueldo íntegro. El mandamás del SUEUM, Eduardo Tena Flores, lleva alrededor de 30 años atornillado como dirigente, cobrando puntualmente de la nómina universitaria sin haber desquitado una sola jornada laboral frente a un escritorio de la UMSNH en tres décadas. ¡Tres decenios cobrando sueldo de rey por hacer grilla política a costa de los impuestos ciudadanos!

Y la cosa se pone peor: el cinismo llega al extremo del dobleteo descarado en la nómina pública. Ahí tiene el caso documentado de Juan Guevara Mendoza, quien cobra como prominente miembro de la dirigencia del SUEUM en la cartera de la Secretaría del Interior del comité sindical con su plaza nicolaita intocada, y al mismo tiempo cobra como funcionario de mando medio —jefe de departamento— en la Dirección del Registro Civil del Gobierno del Estado. ¿A qué hora atiende a los agremiados, a qué hora sirve a los usuarios del Registro Civil y a qué hora le trabaja a la Universidad Michoacana? A ninguna: cobra en ambas ventanillas presupuestales con la complacencia de las autoridades laborales. Y como él, hay varios expedientes más de «aviadores con fuero sindical».

EL NEPOTISMO COMO DIQUE: PLAZAS HEREDADAS Y VENDIDAS

¿Cómo ha logrado esta dirigencia mantener secuestrada a la base trabajadora durante décadas? Sencillo: convirtieron a la Universidad Michoacana en su patrimonio familiar privado.

A través del control absoluto sobre la admisión y escalafón en las cláusulas contractuales, las plazas administrativas no se concursan por perfil, capacidad o mérito académico; las plazas se heredan entre padres, hijos, cónyuges y sobrinos, o de plano se venden al mejor postor en el mercado negro sindical. La Casa de Hidalgo mutó en una gigantesca cofradía de parientes donde todos se deben favores y complicidades. Ese es el verdadero cerrojo: el control clientelar y el chantaje de la herencia de plazas es el lazo con el que la cúpula mangonea las asambleas y amenaza con huelgas cada vez que la autoridad intenta auditar sus nóminas.

LA HERENCIA MALDITA: RECTORES DÉBILES Y EL BOTÍN DE LAS PLAZAS IRRESPONSABLES

Papelito habla, estimado lector. Llegó a nuestras manos un demoledor documento interno de la propia Universidad Michoacana que desnuda con precisión quirúrgica el origen de la quiebra financiera nicolaita. Durante años nos vendieron la patraña de que la asfixia económica era un castigo federal; hoy los números oficiales demuestran que la catástrofe fue provocada desde adentro por una pasarela de rectores débiles y timoratos que, sometidos al chantaje de Eduardo Tena y la cúpula del SUEUM, abrieron la chequera institucional y regalaron plazas al por mayor sin tener un solo centavo de soporte presupuestal.

Vea usted el tamaño de la complicidad: en el periodo 2003-2007 se crearon 272 plazas administrativas sin respaldo; pero el descaro mayúsculo reventó entre 2007 y 2011, cuando la autoridad universitaria claudicó por completo y le entregó al sindicato la friolera de 511 nuevas plazas, un incremento brutal del 24.24% en una sola gestión. Todavía entre 2011 y 2015 metieron otras 130 plazas más cuando la universidad ya presentaba severos signos de asfixia económica. El resultado fue devastador: inflaron la nómina con más de 900 plazas burocráticas artificiales, generando un boquete acumulado que hoy asciende a cerca de mil millones de pesos —el 25% del presupuesto universitario anual— y provocando que el 90% del gasto quede atrapado en el Capítulo 1000.

Los rectores en turno compraban paz efímera cediendo a las presiones del sindicato, mientras condenaban a la Casa de Hidalgo a no tener liquidez ni para pagar aguinaldos a fin de año. Sin embargo, la actual administración de Yarabí Ávila González le puso un alto en seco al reparto de canonjías. A la dirigencia sindical no le han concedido ni una sola plaza fuera de norma presupuestal, frenando la creación indiscriminada de plazas sin sustento.

Y los resultados están a la vista de quien quiera ver: si las cuentas no fallan, es hasta la administración actual en que todo el personal académico y administrativo ha cobrado sus salarios, quincenas y prestaciones con estricta puntualidad, sin cheques rebotados ni zozobra. Por eso Tena patalea: se le acabó la era de los rectores arrodillados. Al tiempo.

EL COLMO DE LA CLÁUSULA 48: HASTA EL AGUA Y LA LUZ LES PAGAMOS

Para cerrar con broche de oro este monumento al agandalle, revise la Cláusula 48 del CCT: la UMSNH está obligada a pagar el mantenimiento, las composturas y los recibos de los servicios básicos de las oficinas sindicales. ¡Hágame usted el favor! Si la sede gremial gasta millones en agua ante el OOAPAS o en luz ante la CFE, la factura no sale de las cuotas de los agremiados; la liquidamos los ciudadanos con cargo al presupuesto universitario. Súmele las partidas de «fomento cultural y deportivo», gastos de papelería para el comité, y cerca de medio centenar de comisionados que sangran a la tesorería sin mover un solo dedo por la institución.

¿Hasta cuándo aguantará el contribuyente michoacano el sostenimiento de una aristocracia burocrática y hereditaria que sangra las finanzas públicas mientras la calidad educativa se cae a pedazos? La pregunta queda ahí, botando en el escritorio de la Rectoría y en los pasillos de Palacio de Gobierno. Al tiempo.

EL MONTAJE DE LA «CRISIS»: EL BOTÍN DISFRAZADO DE LUCHA UNIVERSITARIA

«Póngase cómodo, estimado lector, porque hay que llamar a las cosas por su nombre y quitarle la máscara al teatro montado desde las oficinas de la calle Zaragoza 433. Ya le documenté con números fríos la desproporción: de los más de 5 mil 200 millones de pesos del presupuesto universitario, más del 88% se evapora en el Capítulo 1000 (servicios personales).

Pero ojo con la autopsia de esa nómina: casi el 40% se lo traga el déficit histórico de pensiones y jubilaciones dinámicas; otro 36% sostiene la nómina docente; y para la burocracia administrativa y manual se destinan más de 670 millones de pesos al año, de los cuales más de 200 millones corresponden exclusivamente a la sangría de prebendas contractuales, canonjías, comisiones de por vida y privilegios que el SUEUM le arranca a la Casa de Hidalgo, duplicados para colmo por la extensión obligatoria al STUMICH. Un botín que pagamos todos los michoacanos con nuestros impuestos para sostener a una cúpula que hoy ve amenazado su reinado de 30 años.»

Con semejante botín económico en juego, ¿de verdad alguien con dos dedos de frente se traga el cuento de que la virulenta embestida de Eduardo Tena Flores y su camarilla contra la rectora Yarabí Ávila González es por «dignidad laboral» o «defensa de la educación pública»? ¡Por favor! Aquí no hay principios; hay intereses de alcantarilla. Lo que le arde y le duele a la cúpula gremial no es la suerte de los estudiantes ni la calidad académica: es que desde la Rectoría les cerraron la llave de la impunidad, les exhibieron los padrones inflados y les pusieron un alto al chantaje histórico con el que tenían de rodillas a la Tesorería.

EL FANTASMA DE «LA COMUNIDAD UNIVERSITARIA»

Para justificar su pataleo y armar ruido mediático, la dirigencia del SUEUM recurre a su truco retórico más desgastado: usurpar el nombre de la «Comunidad Universitaria». Con un cinismo de antología, emiten manifiestos estridentes, pagan pautas en redes sociales y tapizan la vía pública con pasquines de mala muerte para venderle a la opinión pública la fantasía de que la Casa de Hidalgo arde en llamas y atraviesa por una «ingobernabilidad generalizada».

¡Falso de toda falsedad! Vayamos a la radiografía real de la inconformidad. Si usted analiza con lupa el origen del 100% de ese golpeteo mediático y digital, se topará con una verdad aplastante:

• El 98% de la metralla en redes sociales, boletines y volantes proviene única y exclusivamente de la granja de bots y de los operadores a sueldo del SUEUM, desesperados por no perder el monopolio del negocio familiar de las plazas.

• Apenas un insignificante 0.5% responde a un puñado de personajes resentidos del Instituto de Investigaciones Económicas y Empresariales (ININEE).

• El resto son gotas de agua: dos o tres profesores que le hacen coro al director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales en sus cálculos políticos, y un grupúsculo marginal y aislado en la Facultad de Ingeniería Eléctrica.

Párele de contar. Esa es toda su famosa «rebelión nicolaita». Cuatro esquinas de resentimiento burocrático que, sumadas, no llenan ni un salón de clases.

LA REALIDAD INCOMODA: EL 95% ESTÁ EN AULAS Y LABORATORIOS

La narrativa de la crisis se estrella de frente contra la realidad de los campus. Mientras Tena y sus corifeos se desgañitan en pancartas tratando de espantar con el petate del muerto a Palacio de Gobierno y a los actores políticos con los que hacen alianzas bajo la mesa, el 95% de la Universidad Michoacana está en completa paz, con sus puertas abiertas y trabajando con normalidad absoluta.

Los más de 50 mil estudiantes nicolaitas están en sus cátedras; los investigadores están en sus laboratorios publicando ciencia; las facultades de Medicina, Odontología, Contabilidad, Biología, Químico Farmacobiología, las preparatorias y los institutos funcionan sin interrupciones. La inmensa mayoría de los profesores y empleados de bien cumplen cotidianamente con su deber sin caer en provocaciones de una camarilla que ve cómo se le desmorona el negocio de 30 años.

No hay parálisis institucional; lo que hay es un sindicato arrinconado que confunde la defensa de sus contratos leoninos con el destino de toda una universidad. La rectora Yarabí Ávila no enfrenta una crisis de gobernabilidad académica; enfrenta la pataleta de un cacicazgo administrativo que se niega a soltar la ubre presupuestal. Y los ciudadanos ya estamos hartos de pagarles el show. Al tiempo

EL VERDADERO FONDO DEL AGASAJADA: LA SUCESIÓN Y EL REGLAMENTO QUE ASUSTA A CASA MICHOACÁN

Mire usted, estimado lector, en política no hay casualidades ni huelgas espontáneas. Todo el sainete mediático, los pasquines en el Centro Histórico y el histérico golpeteo del SUEUM contra la rectora Yarabí Ávila González cobran absoluto sentido cuando se mira el calendario: a la actual administración nicolaita le quedan escasos cuatro meses. El 8 de enero de 2027 concluye formalmente el cuatrienio en la Avenida J. Múgica, y la madre de todas las batallas por el control de la Casa de Hidalgo ya no está en los pasillos de las facultades, sino en la disputa encarnizada por el relevo en la Rectoría.

Pero aquí está la filigrana política que tiene al borde del colapso nervioso a más de un suspirante: la parte fina de la sucesión radica en el nuevo reglamento de elección que el H. Consejo Universitario todavía no aprueba.

Durante décadas, la Comisión de Rectoría operó como un cónclave predecible, impermeable y cómodo para los acuerdos cupulares. Sin embargo, la reforma constitucional y la inminente reglamentación que debe procesar el máximo órgano de gobierno universitario amenazan con cambiar drásticamente las reglas del juego: mecanismos de auscultación vinculantes, candados al perfil académico, filtros de transparencia y, sobre todo, una correlación de fuerzas dentro del Consejo donde Yarabí Ávila mantiene un control operativo que a muchos les quita el sueño.

LOS NERVIOS EN CASA MICHOACÁN: EL «GALLO» QUE NO CUAGULA

Y ahí es donde la lupa apunta directo a la residencia oficial. El inquilino de Casa Michoacán está que no lo calienta ni el sol. En los pasillos del poder estatal se da por descontado que desde el Ejecutivo ya tienen a su «gallo» bien perfilado para asaltar la Rectoría y subordinar la autonomía nicolaita a los intereses del proyecto político en turno.

¿El problema? Que en el Palacio de Gobierno están convencidos de que la actual rectora tiene los hilos, los votos y la capacidad de veto en el Consejo Universitario para impedir que sea el gobernador quien imponga a su sucesor por dedazo.

Esa es la verdadera pesadilla del oficialismo estatal: toparse con un reglamento y un Consejo Universitario que blinden la sucesión contra la injerencia externa. Por eso la prisa, por eso los emisarios encubiertos y por eso las filtraciones interesadas tratando de desacreditar a la autoridad universitaria antes de que la convocatoria y sus reglas vean la luz.

EL SUEUM COMO PEÓN A SUELDO: APOSTARLE AL CABALLO NEGRO

En este tablero de ajedrez es donde encaja a la perfección la reactivación virulenta de Eduardo Tena Flores y el comité del SUEUM. No se equivoque: a la dirigencia sindical no le quita el sueño la Cláusula 48 ni el pago del agua de su sede; lo que buscan con desesperación es un salvoconducto político.

Saben perfectamente que si la línea de orden financiero y fiscalización que impuso Ávila González trasciende al siguiente rectorado, su modelo de negocios de 30 años —las plazas hereditarias, las comisiones eternas, el dobleteo de nóminas y la impunidad presupuestal— quedará sepultado para siempre.

Por eso el sindicato se convirtió en el brazo ejecutor y peón a sueldo del bloque político que quiere descarrilar el proceso interno. El cálculo de la cúpula gremial es elemental y perverso: incendiar mediáticamente la universidad, desgastar la figura de Yarabí, sumarse a los pactos de Casa Michoacán y empujar con toda su maquinaria a un aspirante a modo. Si el candidato de la alianza externa gana la Rectoría, el pacto de impunidad se sella en automático: el nuevo títere les devolverá el control de las plazas, reactivará las partidas discrecionales y les garantizará otros cuatro años de canonjías millonarias a costa del erario.

El SUEUM no lucha por los trabajadores; lucha por un patrón complaciente que les vuelva a firmar cheques en blanco sin pedir cuentas. El botín son 5 mil millones de pesos al año, y los dados ya están rodando sobre la mesa nicolaita. Al tiempo.

COLOFÓN SIN MÁSCARAS: NI CHAYOTE, NI COMPARSAS

Ya me sé de memoria la tonadita que van a empezar a cantar desde la cúpula de la calle Zaragoza 433, apenas termine de circular esta entrega. No tienen otra respuesta porque los argumentos se les acabaron hace años: el manual del agandalle sindical manda que, en cuanto les exhibes las cuentas del negocio familiar, de inmediato suelten a sus jilgueros a graznar la misma calumnia de siempre: «¿cuánto le pagó la Rectora al medio?», «¡eso es línea de Rectoría!», «¡medio chayotero!».

Miren, señores comisionados de por vida: ahórrense la saliva y la bilis.

A quien esto publica no le paga ni un solo centavo la rectora Yarabí Ávila González, ni le debemos favores a la administración nicolaita, ni hemos recibido jamás una canonjía de la Tesorería de la Casa de Hidalgo, como algunos “comunicadores” que cobraban y dejaron de cobrar en la actual administración. Este espacio no es oficina de prensa de la Rectoría ni trinchera para defender a ultranza a ningún funcionario en turno. Si mañana la actual administración comete una pifia o incurre en desvíos, aquí mismo se le señalará con la misma contundencia, con el mismo rigor y con la misma tinta ácida que hoy les incomoda. La lealtad de este trabajo periodistico es con el lector, con el ciudadano de a pie y con los miles de michoacanos que con el sudor de su frente pagan los impuestos con los que ustedes financian sus excesos.

Lo que aquí se publica no es pleito de cantina ni consigna por encargo; es el ejercicio pleno, irrenunciable y constitucional de la libertad de expresión. Pero una libertad ejercida con responsabilidad profesional: fundando, motivando y sustentando cada línea con datos duros. Los presupuestos aprobados, el clausulado del Contrato Colectivo de Trabajo, los tabuladores de nómina, las dobles plazas documentadas y las auditorías al Capítulo 1000 son documentos públicos, no inventos de un servidor.

Lo que verdaderamente les arde y les quita el sueño no es quién lo escribe y publica, sino que alguien se atreva a poner la lupa sobre la cloaca de privilegios, venta de plazas y comisiones vitalicias que durante tres décadas han sangrado a la Universidad Michoacana en total impunidad.

Si tienen cómo desmentir las cifras peso sobre peso, el espacio está abierto; pero si su única defensa va a ser el insulto barato y la descalificación personal, solo confirmarán lo que aquí quedó demostrado: que el cacicazgo sindical se quedó sin argumentos… y con el botín al descubierto. Al tiempo.