La promesa de campaña de Donald Trump de parar la guerra en Ucrania ha sido lo que era desde un principio: una quimera. No solo no la frenó, incluso ha contribuido a alargarla y ha empoderado más a un Putin ya de por sí ambicioso.
Mientras escribo esta columna, los medios de comunicación europeos anuncian con cierto pavor que Rusia sigue bombardeando a Kiev y esta vez además de numerosas bajas civiles está destruyendo parte de la red ferroviaria ucraniana.
A los valientes soldados ucranios se les acaban los sistemas de defensa que les compran a Estados Unidos. También les hacen falta misiles y el Pentágono le sigue dando largas al gobierno de Zelenski y es que Washington está haciendo acopio de su material bélico a la vista de que no hay indicios de una paz entre Estados Unidos e Irán.
Trump va de fracaso en fracaso y como estratega internacional está muy corto de miras. Por si fuera poco, se pone del lado de los malos y tiene una obsesión interna por los autócratas.
Putin en cambio sabe bien lo qué está haciendo con su guerra híbrida convertida en arma letal porque juega con los nervios de los europeos que no atisban todavía a ver un futuro con certidumbre en su relación estratégica con Rusia.
Ayer mismo, Suecia informó que estaba preparando un plan para sepultar cientos de cadáveres en caso de una guerra; y, Alemania presentó una acusación abierta contra Moscú señalando que, está detrás, de un atentando con drones en Leipzig que finalmente fue frustrado.
Por no obviar, las intrusiones casi diarias de drones en varios países lo que obliga a la intervención de cazas de la OTAN. En días más recientes, le ha tocado estas incursiones a Estonia.
A COLACIÓN
Trump ya tiene un plan para Ucrania que, sobre todo lo ha consensuado con Putin. ¿Cuál es el sustrato de este plan? Fundamentalmente, Ucrania pierde el territorio invadido: “Crimea, Lugansk y Donetsk serán reconocidos como de facto rusos. Jersón y Zaporiyia quedarán congelados a lo largo de la línea del frente mientras Rusia cederá otros territorios acordados que controla fuera de
las cinco regiones. Todas las fuerzas ucranianas se retirarán de la parte del Donetsk que actualmente controlan y esta zona de retirada será considerada una zona neutral desmilitarizada de amortiguamiento, reconocida internacionalmente como territorio perteneciente a la Federación Rusa”.
Como son zonas vitales para Ucrania, para el tránsito de mercancías por el Mar Negro, Trump propone que Rusia no impedirá que Ucrania utilice el Río Dniéper para actividades comerciales e indica que habrá acuerdos para el libre transporte del grano a través del Mar Negro.
Una vez firmada la capitulación de Ucrania, la Casa Blanca da a Zelenski 100 días para convocar elecciones y garantizar en su Constitución que Ucrania no podrá ingresar en la OTAN y deberá reducir drásticamente a su Ejército.
Asimismo, los países del G7, léase Reino Unido, Italia, Francia, Japón, Alemania, EU y Canadá aceptarán el reingreso de Rusia para restablecer el formato del G8. Bajo la segunda presidencia de Barack Obama, tras Putin invadir Crimea, las potencias decidieron echar a Rusia de las reuniones anuales de este club.
Por supuesto, que la Casa Blanca reivindica que todas las sanciones contra Rusia serán levantadas y su economía quedará reintegrada en la economía global. Nada se menciona sobre la orden de la Corte Penal Internacional que pesa sobre de Putin aunque Trump propone una amnistía para todas las personas involucradas en el conflicto, algo muy favorable para el Kremlin.
No ha pasado desapercibida, la visita del director de la CIA a Moscú en los últimos días de agosto; ni tampoco, que en Caroliina del Norte está llevándose a cabo una reunión de ministros de Finanzas del G7 a la que han asistido el ministro de Finanzas de Rusia y varios ejecutivos del Banco Central Ruso.
Este hecho ha puesto los pelos de punta a los líderes europeos que ven cómo Trump sigue allanando el camino de un Putin que ya piensa en quedarse otros años más en el poder. Pobre Europa…






















