En posicionamiento con motivo del 52 aniversario de la falli da insurrección tibetana contra China, el Dalai Lama explicó que en la próxima sesión del Parlamento, que comenzará el próximo lunes, 14 de marzo, propondrá “formalmente” que enmiende la Constitución para realizar lo posible su deseo de “transferir la autoridad” a líder electo.

A sus 75 años, el líder espiritual y político de los tibetanos, exilia do en la India, aseveró que su decisión “no tiene na da que ver con el deseo de eludir responsabilidades” y recordó que propuso su retiro desde hace tiempo.

“Desde la décad a del 1960, he puesto énfasis en que los tibetanos necesitan líder libremente que elija el pueblo tibetano, a quien yo pueda delegar el poder. Ahora, claramente llegó el momento de poner esto en práctica”, expresó el Dalai Lama.

Negó que esto signifique que esté “descorazona do” y prometió que cumplirá con su parte en la “causa justa del Tíbet.

El Nobel de la Paz da forma así a su promesa de una democracia para los tibetanos que viven en el exilio. A la vez, su decisión es una muestra inequívoca de que es consciente de que su muerte, cuando se produzca, causará un grave conflicto con el gobierno de China. El Dalai Lama tiene en sus manos decidir cómo legar sus tareas políticas, pero no así quién será el principal dirigente religioso de los tibetanos.

El Partido Comunista chino, que lo acusa de separatista y de ser “un lobo disfrazado de monje”, ya se prepara para su muerte. Al igual que ocurrió en 1995 con el Panchen Lama, el segundo mayor dirigente religioso de los tibetanos, también en su caso Pekín buscará su propia reencarnación del Dalai Lama. Que seguramente no será reconocido -como ya ocurre con el Panchen Lama- ni por los tibetanos en el exilio ni por muchos tibetanos que viven en su tierra.

Hace un año, los dirigentes nombrados por Pekín en el territorio ocupado desde 1950 se negaron a pronunciarse sobre el proceso de reencarnación, pero hoy no dudan en rechazar por completo la intervención del Dalai Lama.

Sobre todo después de que éste dijera que quizás se vea obligado a romper con las tradiciones tras su muerte, para salvar la cultura tibetana. Así, indicó que es una posibilidad que su reencarnación nunca sea encontrada. O que la elija estando aún vivo.

“Lo que él diga no cuenta”, afirmó el jefe de gobierno chino en el Tibet, Padma Choling, en el marco del Congreso Nacional del Pueblo que se celebra actualmente en Pekín.

Precisamente los dirigentes ateos y guiados durante muchos años por la ideología comunista, que tanto hicieron sufrir a los creyentes tibetanos, se presentan hoy como los guardianes del budismo local. “Hay que seguir las instituciones históricas y los rituales religiosos del budismo tibetano”, dijo Padma Choling. Nadie puede abolir el centenario ritual de la reencarnación, añadió.

Los grupos de tibetanos en el exilio ven la retirada del Dalai Lama de la política también en relación a las revueltas pidiendo democracia en el mundo árabe. “En estos momentos vemos cómo en el norte de África y en Cercano Oriente la población intenta librarse de sus líderes autoritarios y con qué naturalidad la gente exige sus derechos humanos universales”, dijo el tesorero de la Campaña Internacional para Tibet, Kai Müller.

En contraste, China moviliza a su aparato de seguridad contra cualquier “protesta del jazmín”. “La dirigencia del Partido Comunista debería seguir el ejemplo del Dalai Lama y dejar que el pueblo chino vote libremente, como los tibetanos en el exilio”, según Müller.(Agencias)