Ya lo intentó Trump en su primer mandato, no solo ningunear a la OTAN, sino incluso disolverla tras amagar con retirar a su país de esta gran alianza defensiva formada desde el 4 de abril de 1949; y, que a la fecha actual, tiene 33 países miembros.

Han pasado largas décadas desde que la Alianza Trasatlántica se formó y guerras y otros conflictos han sucedido a lo largo del tiempo; pero solo un país ha activado uno de los artículos torales de la OTAN, como es el artículo 5.

Ese país es Estados Unidos. Lo hizo durante la etapa de gobierno del entonces presidente George Walker Bush, tras los atentados del 11 de septiembre. Este artículo indica que el ataque a uno de los miembros de la Alianza se considera como un ataque contra todos los estados miembros, por ende, llama a la defensiva colectiva.

Ojo, que hay que leerse la cláusula pequeña del artículo; algo que hice con minucia y es muy clara cuando señala que, para unirse a una respuesta defensiva conjunta, los países deberán pedir permiso a sus respectivos Congresos.

En este segundo período de gobierno de Trump, en el que ha regresado como un acelerador de cambios profundos en la geopolítica, el republicano retornó a Europa con su misma retórica de siempre: “O pagan más para gasto en defensa y compran más armamento de Estados Unidos o nos iremos de la OTAN”.

De hecho, llegó a declarar algo más delicado: “Dejaré que los ataque Rusia”, aquella frase dejó a los europeos sin aliento; razón más que suficiente para, en más de una ocasión, poner en tela de duda si Estados Unidos defendería a los europeos en caso de una invasión rusa a los Bálticos.

Todavía en la pasada Cumbre de Seguridad de Múnich varios titulares de Defensa de Europa llegaron a cuestionar la actitud del inquilino de la Casa Blanca y el ministro de Defensa alemán llegó a señalar que quizá había que preguntarle directamente a Trump, de si Rusia ataca a Europa, allí estaría Estados Unidos honrando el artículo 5.

Y, cuando esas dudas están presentes, entre los llamados aliados históricos… ¿Qué puede esperarse? Es como decirle a un matrimonio que se entienda después de una infidelidad, que el uno confíe en el otro ciegamente.

A COLACIÓN

Trump ha regresado a la Casa Blanca para terminar de destruir el orden internacional. El mismo que agrietó Rusia en 2014 con la apropiación de Crimea y luego le hizo una grieta todavía mayor con la invasión de Ucrania, el 24 de febrero de 2022.

Ya se tambaleaba el orden mundial y solo llegó Trump para darle la última patada y hacerlo añicos. ¿Qué va a resultar de este desorden? Estamos viendo el ajedrez geopolítico: la égida trumpista responde a los intereses hegemónicos de la misma elite de toda la vida, la del 1% que tiene el gran poder económico y que se niega a cederle el terreno a China.

Mientras Rusia quiere poder geopolítico y recuperar la grandeza territorial que alguna vez tuvo la URSS y crear así su gran zona de influencia. Putin siempre odió las reformas de Gorbachov y detestaba al borracho de Yeltsin por ser un pusilánime. Estados Unidos quiere el dinero y el poder que proporciona. Rusia quiere la grandeza geopolítica para seguir influyendo en la aldea mundial y tener así poder y control.

China orbita en el medio de su soft power y tiene que decidir qué rol quiere en este nuevo orden mundial; y luego, está Europa atrapada entre las ambiciones y amenazas de Trump y las ambiciones y amenazas de Putin.

Europa intenta por todas las formas no verse arrastrada a la guerra incierta de Trump que por cierto estos días luce más cansado, ojeroso y defensivo que nunca en sus explicaciones. Y, me parece muy llamativo, que su vicepresidente JD. Vance está desvanecido, intenta que no le pase factura esta aceleración de cambios.

Definitivamente o Europa se hace más fuerte o vivirá toda la vida orbitando alrededor de los intereses hegemónicos del otro. La negativa de los países europeos de no ayudar a las tropas estadounidenses a abrir el Estrecho de Ormuz va a pagarse muy caro. Una vez que termine la guerra, Trump va a cobrarse dicha afrenta. Quizá sea el final de la OTAN y en su ira, el mandatario norteamericano, puede hasta ordenar tropas invadiendo Groenlandia. Vienen muchos disgustos. Y, si hay un ataque terrorista en Estados Unidos, podría repetirse otra vez la Historia y terminar Trump activando el artículo 5… eso metería a los europeos en una guerra que nunca han buscado.