La revelación periodÃstica dada a conocer por The New York Times, reproducida por el diario Reforma y ratificada por el vocero de Seguridad Nacional, Alejandro Poiré, con relación a las maniobras que realizan aviones no tripulados sobre territorio mexicano para “ayudar†a nuestro paÃs a recolectar información de inteligencia antinarco, constituye un grave acto de intromisión por parte de un gobierno extranjero en cuestiones internas y una flagrante violación a nuestra soberanÃa que pone en peligro la seguridad de nuestro territorio y sus habitantes que no admite excusas de ningún tipo.
La lucha contra el narcotráfico es un esfuerzo que por supuesto tiene que ser atacado en conjunto por las administraciones de Barack Obama y Felipe Calderón, pero la información relativa a que el presidente de México habrÃa solicitado la operación de dichos vuelos para espiar a miembros del narcotráfico, rebasa los márgenes que ofrece nuestra constitución respecto a la colaboración de ambos paÃses en asuntos de competencia mutua.
El que el gobierno de Felipe Calderón admita que la operación de vuelos no tripulados sobre territorio mexicano son una práctica consentida por el gobierno federal, solicitada “en ocasiones y eventos especÃficos”, son hechos inaceptables que hace necesaria la comparecencia inmediata ante el Congreso de la Unión de los involucrados en este caso, en especial Alejandro Poiré y Guillermo Galván, Secretario de la Defensa Nacional.
Este escandaloso asunto constituye el más reciente acto de genuflexión de Felipe Calderón ante su contraparte estadunidense, y rebasa incluso, por su gravedad, la información revelada con anterioridad por Wikileaks (que menciona que el gobierno mexicano recibió “lÃnea†sobre la estrategia a seguir en Ciudad Juárez), por lo que urgimos a que a la brevedad el presidente de la República de la cara a los mexicanos y explique detalladamente cuáles son esas ocasiones y eventos especÃficos a los que se hace referencia, desde cuándo se llevan a cabo dichas prácticas, cuáles son los alcances de las mismas y qué atribuciones se les han brindado a los funcionarios estadunidenses para operar en nuestro paÃs.
Lo que está en juego es la vigencia plena de nuestra Constitución PolÃtica como documento rector de las relaciones entre los mexicanos y de las de nuestro paÃs con el resto de las naciones. Si Felipe Calderón es el primero en pasar por encima de los preceptos que marca dicho documento, en adelante cualquier otro individuo, mexicano o extranjero, podrá hacerlo sin el menor de los problemas. No podemos conformarnos con salidas fáciles que hablan de colaboración sustentada en acuerdos bilaterales que no han sido informados a los mexicanos.
























