Los reglamentos de construcción en la ciudad de México, revisados y mejorados después del terremoto de 1985, se consideran entre los mejores del mundo. Pero lo que está en el papel no se lleva a la práctica. Investigadores de la UNAM y de la UAM examinaron cerca de 50 edificios del DF y encontraron que, entre el 15 y 20% de ellos, no cumplen con las normas que garantizan la seguridad de la estructura ante un sismo.

Los resultados de este estudio llevaron a crear el Instituto para la Seguridad de las Construcciones en el Distrito Federal, que comenzará a funcionar este año, de acuerdo con la Secretaría de Obras y Servicios local.

El Consejo Asesor de Seguridad Estructural del Distrito Federal, integrado por investigadores, académicos e ingenieros de distintas instituciones, impulsó la realización del estudio para verificar la seguridad de los edificios, porque “teníamos la sospecha de que no se estaban cumpliendo los reglamentos de construcción”, explica Luis Esteva Maraboto, del Instituto de Ingeniería de la UNAM.

Así que el consejo encargó a ingenieros de la UNAM y la UAM analizar la estructura de, por lo menos, 50 edificios construidos en los últimos diez años, en zonas afectadas por el terremoto de 1985, entre ellas la colonia Roma y Narvarte. Sus sospechas se confirmaron. El estudio mostró que “no todo mundo cumple con la norma de construcción”, dice Luis Esteva.

— ¿Por qué no se cumple con las normas? ¿Se detectaron casos de corrupción?, se le pregunta a Esteva.

— No es precisamente por corrupción. A veces es por ignorancia, por incompetencia o falta de responsabilidad; a veces porque los que construyen quieren hacer las cosas más baratas.

Sólo dos sanciones

El terremoto de 1985 provocó daños a, por lo menos, 400 construcciones de la ciudad de México. Ingenieros sísmicos realizaron mejoras a las normas para incrementar la seguridad estructural de los nuevos edificios y minimizar los riesgos ante un temblor.

Incluso, se creó el concepto de “Responsable de Seguridad Estructural”, es decir, un ingeniero encargado de diseñar la estructura del edificio, siguiendo los lineamientos del reglamento y garantizar así que cuenta con todos los elementos para resistir a un sismo.

Ahora, el Instituto para la Seguridad de las Construcciones del Distrito Federal se encargará de “corroborar que los proyectos de construcción cumplan con el reglamento. Es importante implementar mecanismos de control que nos garanticen que el edificio se va a comportar adecuadamente y la única forma es cumpliendo al cien por ciento con el reglamento”, explica Renato Berrón, coordinador técnico de la Secretaría de Obras y Servicios del gobierno del DF.

Berrón reconoce que el Instituto se crea por recomendación del Consejo Asesor de Seguridad Estructural. Esta instancia propuso que un grupo de ingenieros independientes verifique que “los cálculos que se proponen para la seguridad de la construcción son los correctos, así como el control de calidad”, explica Luis Esteva.

En edificios en donde el estudio de la UNAM detectó anomalías, Berrón asegura que se trata de fallas menores. “Hay una serie de condicionantes que se mal interpretaron o existen omisiones, porque hay obras que tienen la presión del tiempo y quedan inconclusas. Para que no pase esto, se necesita un mecanismo de control”.

Para estos edificios —explica Renato Berrón— se citó a los responsables de las obras y de seguridad estructural para que corrigieran las fallas.

Sólo en dos casos se aplicaron sanciones, porque no existió una “actitud de coadyuvar para resolver el problema”. A uno se le amonestó; en el otro caso, aún se estudia si será una sanción mayor.

— ¿Qué pasa con los edificios donde no se corrigieron las anomalías?

—Se informa a los dueños sobre las condiciones en las que está su estructura y dependerá de ellos el reforzamiento del inmueble.

El terremoto de 1985 —recuerda Francisco Sánchez Sesma, del Instituto de Ingeniería de la UNAM— puso en evidencia “la falta de respeto a los reglamentos, la falta de honestidad de constructores que no utilizaron materiales adecuados”. A partir de entonces, señala, se realizaron esfuerzos para revisar y mejorar las normas de construcción, para tener sistemas de alerta sísmica, se invirtió en investigación. “Pero, con el tiempo se ha ido bajando la guardia”.

El investigador del departamento de sismología de la UNAM, Shir Krishna Singh, recuerda que el terremoto de 1985 sorprendió, sobre todo, a los ingenieros, porque “se suponía que el reglamento de construcción era uno de los más avanzados”.

Ahora, —dice Singh— si se registra un terremoto de hasta 7.8 grados, “en teoría no deberían de existir problemas; eso si se ha construido de acuerdo con los reglamentos. Si hay un temblor mucho más grande, no sabemos”.

Especialistas como Arturo Iglesias, jefe del departamento de sismología de la UNAM, advierten que la mejor forma de disminuir la vulnerabilidad es invertir en ciencia, en sistemas de alerta, en preparar a investigadores que estudien los fenómenos y, entre otras cosas, respetar los reglamentos.