ESCRITORIO DEL EDITOR

Algunos dicen que el ex embajador de USA Carlos Pascual ha sido, hasta el momento, la víctima más notoria de las filtraciones del portal WikiLeaks;  puede ser, o cuando menos no se conoce otro damnificado de semejante calibre.

Pero el asunto del ex embajador tiene mas fondo de lo que superficialmente se ve. Fuera de los infaltables especímenes que a la primera ocasión, sin mayor razonamiento, se envuelven en la bandera de un nacionalismo barato, la mayoría de los estudiosos de la política mexicana ven aspectos negativos en esta situación.

En esencia, ¿Por qué renunció el embajador Pascual a su puesto?. ¿Algo de lo que filtró WikiLeaks era mentira?. ¿Era participe de un gigantesco complot para desacreditar al Gobierno de México?, ¿Por estar ligado sentimentalmente con la hija de un prominente priísta actualmente en un puesto clave? ¿A tanto llega el odio de Calderón al priísmo? ¿O simplemente la revelación de esos datos lastimó la sensible epidermis del ciudadano presidente de México?.  Y escribo presidente con minúsculas.

Pero resulta que todo lo que el Embajador Pascual dijo, en el estricto cumplimiento de su función de embajador, es la simple verdad, sin adornos. Solo que la verdad, como popularmente de afirma, frecuentemente resulta incomoda, al grado de que muchos simulan ignorarla con tal de no reconocerla. En el mundo exterior de la diplomacia  la verdad es  “rara avis”. 

 ¿Que fue lo que informó el citado embajador a su país?.  Puras obviedades. Que los precandidatos del PAN son todos grises, que las estructuras policiacas y de justicia mexicanas son corruptas. Que en la lucha contra el narcotrafico se ha preferido a la Marina por sobre el Ejercito por una cierta desconfianza a filtraciones y eso ha generado una mala coordinación entre esas dependencias.

  El embajador Pascual estaba cumpliendo justamente lo que cualquier embajador debe realizar: Informar confidencialmente a sus superiores sobre temas relevantes para su país. Lo que dijo el embajador no es ninguna novedad para los mexicanos: el operativo en Ciudad Juárez funciona mal, hay rivalidad entre las distintas corporaciones policíacas y militares, y sospechas que algunos cuadros del ejército están infiltrados, lo cual explica la intervención de la Marina en algunos operativos. Temas que han estado en la prensa nacional desde hace meses.

 Y tampoco es que el embajador Pascual haya salido ha hablar a todos los medios  para restregarlo en la cara de los mexicanos;  por el contrario, el embajador fue cauto en sus expresiones públicas. Lo que sí ha hecho este embajador, a diferencia de muchos otros, es profundizar sobre esos temas. Recorrió las zonas  conflictivas con mayor frecuencia que los funcionarios de Calderón; realizó docenas de sesiones con analistas, editores de diversos medios, defensores de derechos humanos, empresarios y ONGs para ampliar sus datos.

 Por lo demás, el embajador de los Estados Unidos tiene más información sobre el estado de nuestras corporaciones y el crimen organizado de la que tiene la mayoría de los mexicanos. Y no dudo que tenga más información que aquella que Genaro García Luna le comparte a Felipe Calderón. Sería ingenuo creer que la inteligencia satelital y los recursos cibernéticos que les permite detener a 400 narcotraficantes en Estados Unidos en unas cuantas horas y sin derramar sangre, no se está aplicando en nuestro país. El embajador  Pascual sabe de que habla cuando refiere que hay cuadros del ejército mexicano en los que no se puede confiar: se basa en las numerosas ocasiones en que la DEA ha transmitido información sobre los capos y simplemente ha servido para que estos escapen si ser molestados. ¿Por qué otro motivo la Marina ha hecho operativos tierra adentro sin avisar al Ejército?

Si algo ha demostrado el presidente Calderón ha sido su proverbial “mecha corta” aunada a la peor combinación posible, escasas luces para lidiar con la realidad. Ya lo vimos en el inicio de su sexenio, destruyó al IFE, que funcionaba correctamente y fue baluarte en contra de la demencial embestida del ese sí, muy peligroso grupo obradorista, ¿a cambio de qué?, literalmente a cambio de nada, absolutamente de nada. Y así sigue hasta la fecha. Una política de respuesta visceral sin pasarla por la criba del razonamiento.

 Alguien le hizo creer a Calderón que la defensa cerril y a ultranza frente a las críticas extranjeras le reditúa bonos políticos y mejora sus niveles de aprobación, como el asunto Cassez. Lo que no le han informado es de los costos, pues a un plazo no muy largo los EUA cobrara la factura por haber removido sin hacer gestos al embajador. ¿Agentes norteamericanos armados en nuestro país? Eso  será el menor de los costos. Todo por no pensar.