El Partido de la Revolución Democrática rechaza las declaraciones hechas el dÃa de ayer por el gobierno de Estados Unidos a través de Michele M. Leonhart, titular de la DEA, quien aseguró que la mayor frecuencia del nivel de violencia registrado en los últimos años en México relacionada con las actividades del narcotráfico y el crimen organizado “es una señal de éxito en la lucha contra los cártelesâ€, porque “estamos poniendo más presión sobre ellosâ€.
Si el supuesto éxito de la estrategia de Felipe Calderón contra los cárteles de la droga representan más de 36 mil muertes de mexicanos, relacionados o ajenos a la guerra que sostiene desde hace más de cuatro años, el precio que está pagando nuestro paÃs al tratar de erradicar sus actividades es muy alto alto, inmerecido para millones de ciudadanos que en el 2006 votaron por la alternancia polÃtica y que a cambio recibieron “pan con lo mismoâ€.
Si ello fuera poco, las declaraciones hechas esta mañana por el titular de la SSP, Genaro GarcÃa Luna, quien aseguró que en siete años (cuando tengamos alrededor de 55 mil muertos más al ritmo actual) veremos disminuir el nivel de violencia que todos los dÃas asesina en las calles por igual a niños, mujeres y jóvenes, vienen a echar por tierra las aseveraciones de Leonhart, pues confirman la derrota de la estrategia calderonista de combate a la inseguridad puesta en marcha de forma personal al inicio del sexenio.
El apostar a un hipotético periodo de seis años del PAN al frente del poder para intentar desarticular o contrarrestar la fuerza de grupos bien estructurados y robustos financieramente, con ramificaciones en Estados Unidos y el cono sur del continente, no dejan lugar a dudas sobre la incapacidad ¿o tendrÃamos que decir complicidad? de las fuerzas armadas bajo el mando de GarcÃa Luna para acabar con el cáncer social que representa el narcotráfico.
El gobierno de Estados Unidos sólo podrÃa llamar exitosa a la guerra contra el narco que se libra en territorio mexicano si la administración de Barack Obama está de acuerdo en que los norteamericanos sigan poniendo las armas y los mexicanos los muertos. De otra manera, el aplaudir la forma en que el gobierno de Felipe Calderón solapa, consiente y administra la violencia que padecen los mexicanos es un acto de insensibilidad que en nada abona a solucionar un problema que ya ha penetrado en territorio estadunidense y que amenaza con convertirse en un problema de seguridad nacional.

























