Hace ya más de dos décadas que se escucha a las chicas emitir alguna queja en relación al noviazgo en un principio, y luego por supuesto también sobre el matrimonio.
En base a la naturaleza propia del individuo, existe una etapa en su desarrollo tanto biológico, como psicológico y social en el cual se encuentra dispuesto para relacionarse en pareja, es decir con una pareja afectiva, a la cual entregar sus sentimientos y necesidades y de la cual recibir lo mismo en correspondencia; es asÃ, que se comienza esa búsqueda de lo que llaman algunos “media naranja†y que para otros es una naranja completa, pues se le llega a ver como otro Yo.
En la etapa de la adolescencia se realizan una serie de acciones encaminadas a conocer al género opuesto, por lo que aquellos grupos de amigos se vuelven más del tipo mixto, y esto permite la convivencia en un ambiente más natural y favorecedor de la interacción entre chicos y chicas. Desde este entonces, existe la oportunidad de aprender a relacionarse y a identificar las semejanzas y las diferencias que marca cada género.
Más adelante, se inicia un proceso de atracción de opuestos, pero también de iguales, esto significa que las diferencias entre un varón y una mujer inician a generar curiosidad y deseo de adentrarse más en esos mundos mutuamente diversos a nivel de pensamiento, emoción y conducta, pero aquellas cosas que descubren tener en común, sirven también de enlace para decidir consciente o inconscientemente, relacionarse de una manera más estrecha, más cercana.
De pronto, puede suceder que entre chico y chica se dé una relación de mayor apego, confianza y confidencia que entre las amistades del propio género; en algunos casos de aquà surge un “amigo(a) del alma†o bien un novio o novia y más tarde la pareja para toda la vida.
Visto desde esta perspectiva, suena ideal, sin embargo la realidad de los últimos tiempos, ha ido marcando situaciones diversas, en donde desafortunadamente la comunicación hace una labor contraria a su función, y no sólo la de tipo verbal u oral, esa que se expresa abiertamente y que cualquiera, podrÃa escuchar, sino también aquella que es más interna, la que no tiene voz, la que va dirigida hacia el sà mismo, esa comunicación entre el propio pensamiento y el sentimiento de cada individuo; asà que tienden a surgir una serie de confusiones y de malestares ante la falta de sinceridad en principio con el sà mismo y luego con el otro, ese que está fungiendo como posible pareja o incluso ha asumido serlo.
Y es aquà donde surge la queja, tanto chicos como chicas se van encerrando en el cÃrculo de su propio género y excluyen al otro, generan lo que bien es llamado “club de Toby y club de Lulúâ€, el primero prohÃbe la entrada a las niñas, y en el segundo no se admiten niños, lo cual conlleva a imposibilitar aún más, la interacción de manera mixta; y es asà como puede observarse en una fiesta, en un baile, en una disco o en un bar, que las chicas bailan entre ellas, y los chicos simplemente se dedican a mirarlas, pero no rompen esa regla del club, y una de las razones de actuar de esa manera es el temor a comprometerse.
Es verdad que este miedo existe tanto en los varones como en las mujeres, sin embargo, son ellas quienes lo notan con mayor frecuencia y de una manera más constante.
Seguramente la cultura, la educación y algunos otros factores socio-familiares, han influido en esta situación, visto que antes no habÃa manera de tener una pareja sin que fuera un compromiso formal, en el cual tanto la familia como el resto de la sociedad daban su visto bueno. A veces tenÃan que aprobarlo y en otros momentos al menos era reconocido por todos, ahora existe mucha más libertad desde elegir hasta decidir cómo, cuándo y con quién establecer dicho compromiso.
Tal vez, la palabra “compromiso†suena demasiado fuerte, como si fuera una atadura, una cadena; entonces la opción es la libertad al cien por ciento, y eso hace que ni se mencione la palabra y se pase por alto. Con el tiempo entonces, han ido surgiendo otras maneras de llamar a las relaciones, y una forma moderna es “el amigo(a) con derecho†o el “amigovio(a)†como una fusión del amigo y del novio. Para unos es más relajado, mientras para otros, dicho tÃtulo resulta mucho más tensionante.
De esta manera se van estableciendo relaciones en las cuales surge una fuerte confusión en primer lugar de emociones y luego de roles, no se tiene claro qué papel está desempeñándose en la vida del otro, de hecho ni siquiera en su propia vida; por ello la razón de mencionar aquella comunicación interna con el sà mismo, que está teniendo fallas y no es clara, con mucha menos razón se puede esperar que se aclare para interactuar con los demás, o bien para establecer los lineamientos de dicha relación, puesto que, poco a poco se va pasando el tiempo en medio de un “Ser o No Serâ€, que al final de cuentas nadie sabe si es o no, o si algún dÃa lo fue o si llegará el dÃa en que lo será…
Esta ha sido una manera de evitar enfrentar una realidad, posiblemente con el objeto de sentirse acompañado(a) o con la falsa idea de llenar un vacÃo interior que definitivamente, lo único que logra es hacerlo aún más grande y profundo. Es probable también, que exista el fantasma de la época, esto es la constante ruptura de matrimonios establecidos, que quizá sirva de escudo; mejor no comprometerse para luego no romper en malos términos, o con mayores consecuencias como los hijos. Con esto se ha perdido la noción del compromiso, que implica las mismas responsabilidades y los mismo derechos, aún cuando sean solamente novios, o vivan en unión libre, pues el compromiso no es ante la sociedad, o ante una religión o ante la familia; el compromiso, es de aquellos dos que se están relacionando como una pareja.
He aquà la importancia de responder a esa pregunta tan sencilla y tan compleja a la vez. ¿Tú que quieres, Ser o No Ser?
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