Luiz Inácio Lula da Silva, ex presidente de Brasil, afirmó que la violencia que se vive en México tiene su origen en el pasado, en los “años en que los más pobres fueron tratados sin atención en México, en Brasil, en Honduras y en un montón de países”.

Durante su participación como orador en la 74 Convención Bancaria, el ex mandatario brasileño dijo que los problemas que se observan hoy en todo el mundo son por falta de decisión política y no por cuestiones económicas.

Comentó que, desde su experiencia, es importante levantar y mejorar la autoestima del pueblo.

“En Brasil, uno de los problemas que enfrentamos fue levantar la autoestima de las personas, porque hay gente muy pesimista. Si lees el periódico todos los días en Brasil, imagínate, no tienes deseo ninguno de salir de tu casa. Yo leí los periódicos en México cuando llegué, páginas, páginas y más páginas, todo lleno de violencia. Es verdad que hay violencia y delincuencia, pero la cantidad de cosas buenas que suceden todos los días en México nadie las muestra. ¿Qué optimismo podremos tener?.”

Lula da Silva afirmó que México necesita mirar hacia Brasil y Brasil necesita aprender a mirar hacia México, y no verse como competidores. “Se necesitan, (deben) crear alianzas para disputar mercados con otros países” que son más fuertes y más grandes, dijo.

Aseguró que la diversificación de aliados comerciales garantizó a Brasil que cuando se tuvo un periodo de crisis económica, sólo fue “una pequeña ola y no una crisis, como sucedió en Estados Unidos o Europa”.

Mencionó que en Brasil había dos “tabúes” por romper: el primero, que era incompatible el crecimiento de las exportaciones con el fortalecimiento del mercado interno. El otro, que algunos decían que era imposible aumentar los salarios sin que aumentara la inflación al mismo tiempo.

“Nosotros rompimos esos dos tabúes: creció el mercado interno y al mismo tiempo crecieron las exportaciones, el mercado externo, y durante los ocho años de mi gobierno, todos los trabajadores y todos los sindicatos tuvieron un aumento real a sus salarios, superior a la inflación. El salario mínimo lo aumentamos prácticamente en 60% en ocho años, y la inflación sigue controlada y el mercado interno sigue creciendo”.