Supongo que a la mayorÃa nos gusta, al menos de vez en cuando, debatir y comentar qué ocurre en este planeta. A lo largo de múltiples conversaciones sobre cómo solucionar el mundo, escuché infinidad de soluciones a la pobreza. Y sobre todo quién tiene la responsabilidad. Quizá podrÃa incluirme entre quien responde: “el fin de la pobreza está en una decisión polÃtica”. Aunque ese planteamiento realmente no es ni tan simple, ni tan ajeno a mà como yo quisiera.
Definitivamente, la solución no estarÃa en manos de las ONG. No pueden abarcar tanto. Tras varios años trabajando en diferentes organizaciones solidarias, me queda claro que no tienen los recursos ni el poder como para hacer realidad el tÃtulo de este artÃculo. En cambio sà soy de los que piensan que en general hacen bien su trabajo, dentro de sus grandes limitaciones. Y que entre este tipo de organizaciones, hay de todo como en todas partes.
Continuando con la relación entre polÃtica y pobreza, creo firmemente que acabar con el hambre (y otras tantas injusticias) es posible, y corresponde a una decisión polÃtica. De igual manera, no pienso que a partir de esa conclusión acabe mi responsabilidad. Ni mucho menos. Quizá pueda explicar mejor esto con un ejemplo. Supongamos que está en nuestras manos retirar de su cargo ahora mismo a toda nuestra clase polÃtica dirigente. La de todo el mundo.
Especialmente aquellos lÃderes de la Comunidad Internacional, que no han sido capaces de llevar a cabo las medidas necesarias para terminar con algo tan urgente. Lo hacemos: a partir de mañana, relegamos a todos los polÃticos que tienen la responsabilidad de acabar con el hambre, y no lo hacen. ¿Qué cambiarÃa? Mi opinión al respecto es clara, no cambiarÃa nada. Esta clase polÃtica serÃa sustituida por otra, con la misma actitud frente a la pobreza.
¿Cuál es el problema entonces? Nuestra sociedad. Eso, es lo que hay que cambiar. Y la sociedad está formada por personas como usted y yo, que tenemos nuestra parte de responsabilidad. Pequeña, pero la tenemos. Hasta que la sociedad no cambie, no tendremos ninguna de esas soluciones que pedimos a nuestra clase polÃtica. Porque ésta, es un reflejo de las personas que forman nuestra sociedad. Y mientras a ese gran conjunto de personas lo que más le preocupe sea la seguridad o la economÃa individual, no colectiva, la polÃtica seguirá en esa dirección. Y seguirá siendo tan fácil como es ahora, controlar a una sociedad a través del miedo a que la economÃa o la seguridad empeore. Ya que eso, continúa siendo nuestra prioridad. El cambio comienza en la sociedad, que da paso a un cambio polÃtico. No al revés.
Por suerte, cada vez más personas comienzan a dar respuesta a la pregunta “¿Qué puedo hacer yo?†a la hora de tratar de abordar la solución de grandes problemas de la humanidad. Hace falta mucho por hacer en esta dirección, y concienciarnos de que un mundo más justo es algo en lo que todas las personas pueden y deben participar. Es decir, tomando protagonismo para solucionar los problemas colectivos, no sólo los individuales, y sin dejar esa labor a “quien corresponda†como por ejemplo las ONG, los organismos internacionales o nuestra clase polÃtica. A partir de ahà sà lo tengo claro: el fin de la pobreza es posible y es una decisión polÃtica. Asumamos nuestra responsabilidad y hagamos, entre todos y todas, que esa decisión se convierta en una realidad.
Alfonso Basco. www.culturadesolidaridad.org

























