La igualdad es una virtud cardinal en toda sociedad. Ya Aristóteles predicaba en su Ética, que la igualdad es el cimiento de la felicidad de los pueblos. Y en su tratado conocido como Política, va más lejos: “Que el régimen intermedio -revela el filósofo griego- es el mejor resulta obvio, ya que sólo él está libre de sediciones, pues donde es numerosa la clase media se originan con menos frecuencia revueltas y revoluciones entre los ciudadanos”.

Este gran autor concibe la igualdad como la moderación entre riqueza y pobreza, que aplicado a una sociedad, sería aquella donde la riqueza y la pobreza no son insultantes, sino que predomina la moderación.

Es claro que el Estado mexicano está muy lejos de este prototipo de sociedad, pues los contrastes entre ricos y pobres son abismales. La concentración de la riqueza en México es ofensiva: 10% de las familias más pobres ni siquiera poseen 1.5% de la renta nacional, mientras que 10% de las familias más ricas acapara 36% del ingreso. La desigualdad también se refleja en la creciente disparidad entre salarios altos y bajos. En 1999, el salario más alto era 12.5 veces mayor que el salario más bajo, pero hacia mitad de la década pasada (2004) ya era alrededor de 20 veces superior.

Si bien Aristóteles observó en su tiempo que la desigualdad era motivo de revueltas y alzamientos, hoy el trabajo empírico del epidemiólogo y economista Richard Wilkinson y la epidemióloga Kate Pickett, va más allá. En su magistral libro Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva, muestran cómo la desigualdad favorece la inseguridad, criminalidad y drogadicción, que podrían ser el equivalente de lo que Aristóteles llamaba sedición. Aún más: el análisis comparativo entre países ricos de estos autores descubre una alta correlación entre enfermedades y desigualdad; tal es el caso de padecimientos como la obesidad, asociada a diabetes y cardiopatías.

Asimismo, vinculan la desigualdad con la depredación de la naturaleza. Sostienen que “las personas en situación de inferioridad están obsesionadas por el desprecio de los demás. En un contexto de competencia, piensan que consumir es la solución para mejorar su estatus social, lo que nos condena a una espiral sin fin de destrucción de los recursos y de contaminación. Nuestro análisis (revela que) valores como la amistad y la cooperación pueden mejorar la salud”. Entre sus propuestas para remediar la desigualdad, que amenazan la viabilidad de la humanidad, está gravar más a los ingresos más altos y fortalecer las asociaciones de los trabajadores y de ciudadanos.