El secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, pidió una investigación independiente sobre la violenta represión ejercida por el régimen sirio de Bashar al Asad contra activistas y manifestantes en los que resultaron muertas más de cien personas, informó ayer Naciones Unidas.

Ban pide “una investigación independiente, transparente y efectiva de esos asesinatos”.

La brutal represión de las autoridades sirias contra activistas y manifestantes causaron la muerte a 112 personas en el llamado Gran Viernes, la jornada de protestas que hubo en Derá y otras ciudades sirias y que se considera la más sangrienta desde que comenzaron las protestas contra el régimen de Asad.

Las manifestaciones se produjeron un día después de que el presidente sirio firmara un decreto para poner fin al estado de emergencia, vigente desde 1963, y para abolir el Tribunal de Seguridad del Estado.

Según el comunicado difundido por Naciones Unidas, su secretario general condenó esa violencia “contra manifestantes pacíficos en Siria, que ha matado a demasiadas personas”, al tiempo que instó al régimen de Damasco a “poner fin inmediato” a esa represión.

Ban recordó a Asad y a las demás autoridades del país árabe que tienen la obligación de respetar la legislación internacional, incluido el derecho a la libertad de expresión, de asamblea pacífica y de prensa.

La represión continuó ayer, día en el que murieron al menos trece personas por disparos durante los funerales de las víctimas del viernes.

Cinco personas perdieron la vida en Derá (100 km al sur de Damasco), a manos de “las fuerzas de seguridad que dispararon contra los habitantes que iban a Ezreh para asistir al funeral, así como delante del hospital de la ciudad”, dijo un militante.

En Duma, (a 5 km al norte de la capital siria), otras cinco personas murieron por los disparos de francotiradores escondidos en edificios situados por donde pasaba el cortejo fúnebre que se dirigía a la mezquita del cementerio, dijeron un testigo y un activista pro derechos humanos.

Según otros militantes, al menos tres personas fallecieron por los disparos de las fuerzas de seguridad en el barrio de Barzeh, en Damasco.

Asimismo, dos diputados sirios “independientes”, Naser Hariri y Jalil Rifai, afirmaron ayer en directo a la televisora qatarí Al Jazeera que habían renunciado a sus escaños en el Parlamento para protestar contra la sangrienta represión. El mufti de Derá, la más alta autoridad religiosa de esta ciudad del sur de Siria donde se inició la protesta contra el régimen, anunció también ayer su renuncia a través de la misma cadena de televisión.

El gobierno de México, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, condenó ayer en un comunicado la violencia en contra de los manifestantes civiles en Siria e hizo un llamado a las autoridades a respetar los derechos humanos, a evitar el recurso de la fuerza y a privilegiar un diálogo político incluyente con los ciudadanos.