Mire vuestra merced –respondió Sancho- que aquellos que allà se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino. (I.8.5)
Todos conocemos la aventura, entre tantas, de la primera parte del Quijote, en la que el caballero andante arremete contra los molinos de viento, convencido de las amenazas que los gigantes, según él, le representaban.
La alegorÃa es increÃble y permite innumerables interpretaciones. La actitud valiente del Alonso de Quijano y el recordatorio prudente de su fiel escudero, Sancho Panza, quien, con todo su ingenio y fidelidad a su amo, le advierte su locura.
La aventura de los molinos, narrada en el capÃtulo VIII de la primera parte del Quijote, me vino a la mente ante la lectura de una noticia fascinante y frustrante al mismo tiempo. Recientemente la Red Eléctrica de España anunció que, por primera vez – y seguramente no la última – la energÃa eólica, la generada a partir del viento, fue la energÃa con mayor producción de electricidad por encima de la nuclear y de la hidráulica y del resto de las tecnologÃas para su generación. La noticia resulta fascinante pues, ante uno de los grandes problemas de la actualidad –la obtención de energÃa-, en España, en el primer lugar en la generación de electricidad se encuentra una energÃa completamente sustentable, verde, limpia, barata y, además de todo, estética –¡puede ser suficiente la energÃa sustentable! Es frustrante en cuanto volteamos hacia nuestro México querido en el que vemos tanto rezago en materia energética, no por falta de posibilidad, sino por falta de voluntad. Impotencia que despierta el enojo frente a un futuro mexicano que, de no cambiar el rumbo, ofrece pronósticos negativos.
Don Quijote peleó, con toda fuerza, en contra de los gigantes que él veÃa, mientras religiosamente ofrecÃa el desplante a su amada Dulcinea del Toboso. La amenaza de los molinos traducida en aquellos gigantes actuales de la industrialización; y, el pavor de Don Quijote, en aquel miedo expresado por el conservadurismo industrial que ve en toda progresión tecnológica una amenaza al empleo de la mano del hombre como medio de sustento de miles de familias. ¿Cómo habrÃan de ganarse el pan los obreros desbancados por las máquinas? O bien, región 4, ¿cómo permitiremos la entrada de competidores en materia energética que amenacen y pongan en riesgo a nuestra Dulcinea: nuestra amada y simpar soberanÃa?
Entre la soberbia del protagonista; la ausencia de conciliación; la llamada “generación del noâ€; las identidades polÃticas divididas por el odio; la falta de humildad y tantos otros factores, nos empeñamos en defender nuestra “soberanÃa†(las comillas tienen toda la intención), pues nos hacemos imágenes de gigantes peligrosos ante propuestas racionales para mejorar la eficiencia de nuestra producción energética.
La grandeza de la obra de Cervantes se refleja, de entre muchas otras, en la manera en que puede leerse el transcurrir de los eventos en ella narrada. No bastan las múltiples formas y alegorÃas abundantes. No basta el uso del lenguaje inédito, ni las enseñanzas que se cuelan entre frases que parecen comunes, ni la pericia con la que su autor demuestra, a través del castellano, la infinidad de alegorÃas y virtudes y artesanÃas que permite el uso de nuestra lengua. Se completa más su entendimiento en la medida que encontramos, detrás de todo ese arte estético de las palabras, el sentido y las lecciones escondidas entre ellas.
Parece que en nuestro mundo, tan lejos y tan cerca a la vez, del mundo de Cervantes, necesitamos la presencia de la locura divina platónica reflejada en el Quijote: esos locos “comprendidos por la realidad†quienes, guiados por un ideal -para el Quijote, Dulcinea y la caballerÃa andante- se juegan el pellejo sin temor a los respetos ajenos falsos, pues están convencidos de conocer la meta en tanto que asumen toda empresa que los dirija hacia ella. Cuanta falta nos hacen, también, aquellos hombres humildes y sencillos quienes, a pesar de su inocencia, nos alcanzan el saber popular y nos advierten las locuras que aquellos locos pueden cometer en contra de la realidad. La lectura de la realidad nunca es unÃvoca. En ella se avizora siempre la paradoja del realismo aristotélico de Sancho frente al idealismo platónico encabezado por el caballero andante de la Mancha. Visiones que no tienen porqué ser contradictorias, sino complementarias. No vale aferrarse a los argumentos realistas sin la perspectiva de los ideales ni al revés.
Gigantes molinos de viento en las tierras de la Mancha, entre otras muchas provincias españolas, hoy adornan los campos cervantinos al tiempo que proveen de electricidad a España, gracias a sus aguerridos Quijotes que la han implementado, atentos al consejo, siempre prudente, de su pueblo sanchopancesco que, aunque a veces ignorante de las particularidades, se deja gobernar por el sentido común, ese que prevalece en las mentes humildes y sabias en el entendimiento de la realidad.

























