¿Te llevas mal con personas de un signo zodiacal en particular? ¿Has sentido como te miran por la espalda? ¿Evitas pasar por debajo de una escalera? Si has respondido “sí” entonces aunque te “creas” ateo eres creyente.

La palabra en inglés “belief” (creencia) proviene de la palabra alemana gilouben “tener en estima” o “amar”. Primero se utilizó en doctrinas religiosas para referirse a la fe en Dios. Hoy en día algunos creen en la suerte, en la vida después de la muerte, en la telepatía, incluso -lo que no implica que practiquen- en la libertad y la democracia.

Durante mucho tiempo científicos y humanistas asumieron que las creencias religiosas y supersticiones son producto del contexto en el que crecemos. En tal caso, la racionalidad terminaría por destruir esas creencias. Sin embargo, numerosas investigaciones sugieren que creer es una estrategia de supervivencia.

A lo largo de la evolución nuestros ancestros, y ahora nosotros, nos hemos valido de creencias para darle sentido a un mundo incomprensible y peligroso. Las suposiciones de cómo funciona el mundo, acertadas o no, reducen la incertidumbre y construyen valores y objetivos comunes que facilitan la cohesión grupal.

¿Por qué construimos sistemas abstractos de creencias sin pruebas? Al parecer, esa es nuestra única opción: creer. Desde que nacemos, dependemos de otros para enseñarnos sobre el mundo -cómo vivir y sobrevivir-. Se nos educa en un lenguaje y una religión, se nos enseña sobre ciencia y civismo. Asumimos que esos son hechos sobre el mundo, pero simplemente estamos aprendiendo en qué creer. Aún siendo adultos, asumimos automáticamente que lo que nos dicen los demás -nuestra pareja, amigo o líder- es verdad, particularmente si la idea apela a nuestras fantasías, aspiraciones o instintos reptilianos (sobrevivir, reproducirnos y trascender).

Cuando se trata de creer carecemos de límites. Ya que no podemos salirnos de nosotros mismos y examinar el mundo con otra perspectiva, terminamos por “creer” casi todo lo que nos dicen para darle sentido al mundo “de allá afuera”. En palabras de Daniel Dennett, somos créelo-todos.

¿Podríamos vivir sin creer? Si hacemos a un lado todas nuestras creencias, podríamos acabar viviendo en la duda perpetua; la cantidad de hormonas de estrés que segregarían nuestros cerebros podrían atrofiarlo físicamente. Así que para sobrevivir es preferible asumir ciertas suposiciones como verdad.

Se ha sugerido que hay ciertos genes que nos hacen proclives a tener creencias espirituales, particularmente aquellos relacionados a los sistemas neurotransmisores de dopamina y serotonina en el cerebro. También se ha presentado evidencia que correlaciona factores genéticos con el fundamentalismo religioso. Sin embargo, los genes no hacen que alguien sea musulmán, hindú o católico; las creencias específicas son una decisión individual influenciada por el contexto social y la libertad para escoger.

Si podemos elegir ¿por qué es tan difícil abandonar viejas creencias? Los científicos piensan que rechazamos nuevas creencias porque nuestro cerebro ya ha hecho mucho trabajo estableciendo qué deberíamos creer o no. Es decir, han quedado establecidos los circuitos neuronales. Así que nuestros cerebros tienden a rechazar información que no encaja con la experiencia y los conocimientos previos. Mientras más envejecemos más difícil es modificar nuestras creencias, ello en parte debido a la arquitectura del cerebro envejecido.

No obstante, podemos modificar algunas de nuestras creencias mientras avanzamos en la vida. Nuestras creencias pueden estar estáticas, pero no son necesariamente estáticas. Cada persona tiene el poder biológico para interrumpir creencias perjudiciales y generar ideas nuevas. Prueba de ello son los más de 6 mil millones de sistemas de creencia en el mundo. Estas ideas nuevas, a su vez, pueden alterar los circuitos neuronales que gobiernan cómo nos comportamos y qué creemos.

De hecho, la curiosidad y la creatividad nos ayudan a reinventar al mundo cada día, para mejor o peor, buscando una realidad última a la que llamamos verdad, iluminación o Dios. Mas la verdad es escurridiza para la mente humana. No importa cuánta evidencia recolecte, su conocimiento siempre estará incompleto y será influenciado por su contexto y sus creencias previas.

¿Cómo construir creencias más útiles para nuestra vida? Lo que podemos hacer es entrenarnos a ser más cautelosos sobre lo que creemos. Podemos convertirnos en escépticos: una persona que escoge examinar cuidadosamente si sus creencias son verdad y mantiene la voluntad para considerar ambos lados de un argumento. Alguien que no cree todo lo que piensa.

Por mi parte, si en algo creo es que este mundo necesita más escépticos. Permítanme terminar esta reflexión con una pregunta: De todas las creencias que tiene ¿cuál le perturbaría más descubrir que es falsa?