Las autoridades sirias instalaron puestos de revisión cerca de Damasco, la capital del país y fortalecieron las medidas de seguridad el viernes en anticipo a una serie de protestas que según algunos activistas serán las más grandes hasta la fecha contra el gobierno del presidente Bashar Assad.

Los disturbios casi diarios que se han suscitado desde hace un mes parecen configurar una amenaza mayúscula a los 40 años de gobierno de la dinastía de los Assad al frente de Siria.

Las manifestaciones programadas para el viernes podrían ser vistas como una prueba mayúscula sobre hasta donde estaría dispuesto Assad a hacer concesiones con tal de frenar al creciente movimiento opositor.

El viernes, algunos testigos dijeron que fuerzas de seguridad uniformadas y de incógnito colocaron puestos de revisión alrededor del suburbio de Douma, en Damasco, donde revisaron las tarjetas de identidad de las personas e impidieron el ingreso a los no residentes en el área.

Los testigos que solicitaron permanecer anónimos por tempor a represalias gubernamentales, indicaron que planeaban manifestarse en Douma tras las oraciones de viernes.

La manifestación más amplia del viernes pasado fue precisamente en Douma, donde algunos testigos indicaron que más de 100 mil personas marcharon hacia el centro de Damasco. Fue una medida inteligente que estableció el movimiento disidente, que ha mantenido casi todas sus protestas afuera de Damasco hasta ahora.

El presidente Assad intentó desactivar las protestas al lanzar un ataque sangriento contra los manifestantes junto con una serie de concesiones, la más reciente eliminando las leyes de emergencia que le daba a las autoridades casi poderes ilimitados para la vigilancia y el arresto de disidentes sin formularles cargos.

En tanto, las fuerzas de seguridad sirias lanzaron una mortal ofensiva contra los manifestantes y han matado a más de 200 personas.