El Censo de Población y Vivienda 2010 está sujeto a interpretaciones; me recuerdan cuando a un mercader le preguntaron cuanto eran 2+2, y respondió, “¿para comprar o para vender?”. Así, me sobresaltó la declaración del titular del INEGI al juzgar el alto nivel de retorno de inmigrantes y la baja movilidad hacía los EU, como positivo. No citó ser producto de las medidas de vigilancia fronteriza y la persecución de nuestros paisanos, la cual el año anterior registró a 400 mil, pudiendo ser el promedio de expulsados anuales. Regresan contra su voluntad.

Los datos, números, estadísticas y parámetros, se deben revisar y analizar en los contextos económicos y sociales, nacionales e internacionales, para evitar interpretaciones que puedan distorsionar la realidad, y en este caso, afectar el prestigio de una institución de alta credibilidad como lo es el INEGI. Ciertamente, la mejor manera de presentar cifras, es evitando cualquier tentación a un sesgo interpretativo, pues la información es fundamental para el delineamiento de las políticas públicas y la toma de decisiones gubernamentales; por ello, considero a la vinculación de indicadores de crecimiento económico y los de desarrollo social, detonadores de la prosperidad.

La vía más corta hacía la igualdad social es la educación; además de suficiente, debe ser de calidad. El especialista en el tema, Jesús Nájera Martínez, proyecta para el año 2030 una población de 120.7 millones de habitantes, con 41.4 millones de hogares asentados en 150 ciudades de más de cien mil habitantes y 20 de más de un millón de habitantes; estima lograrse la cima de la educación superior en el año 2018.

Al recorrer el modelo educativo; Preescolar, Básica, Secundaria, Media Superior y Superior, encontramos debilidades a partir de la Básica. Su eficiencia terminal se determina entre quienes ingresan contra quienes egresan en un ciclo educativo; por lo mismo es importante el número de incorporados al ciclo secundario.

Nuestro marco Constitucional supone la garantía de acceso a la educación como detonador del desarrollo humano y de la formación ciudadana, aunque se incumple, pues tenemos una deuda social con más de 33 millones de personas, quienes no han iniciado o terminado la educación Básica; incluídos casi 6 millones de analfabetas. Se excluyen de este teórico beneficio 43 de cada 100 habitantes.

El Observatorio Ciudadano de la Educación, A.C. destaca el contrasentido de los datos oficiales al encuadrar a la “población en edad escolar” de los 3 a los 14 años, discriminando a otros períodos existenciales. Señala como referente de medición de acceso a la educación la simple incorporación, ocultando la exclusión de niños y niñas no asistentes.

Preocupa el Programa de Desarrollo Humano Oportunidades, cohesionado a la Alianza por la Calidad de la Educación, pues registra un decremento constante de becas, dificultándose su correlación con el aumento presupuestario. La retórica reiterada sobre la necesidad educativa; aún cuando pasó de 6.5 años de educación en 1990 a 8.6 en 2010, no se alcanza el referente de 9 años. En el mismo ejercicio se muestra cómo, de 12 millones de estudiantes a nivel profesional, sólo 900 mil estudian un posgrado, cuando en Brasil egresan 10 mil al año y China tiene 2 millones de investigadores, cuando en México sólo llegamos a 30 mil.

Reitero, el camino más corto para la igualdad y capilaridad social es la educación. Tenemos un rezago histórico aunado a su caída en la calidad. Démosle más fuerza a la educación, para entonces sí, decir analíticamente en el próximo Censo de Población, como nuestras cifras educativas se encuentran relacionadas con un contexto nacional de prosperidad.

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