En esta nueva conmemoración del DÃa del Trabajo, a poco más de cuatro años de iniciado el sexenio de Felipe Calderón, las cuentas que arroja hasta ahora su gobierno en materia laboral son lamentables, con millones de mexicanos que sostienen lastimosamente a sus familias con el equivalente a un salario mÃnimo al mes, aunque muchos más, los habitantes de las zonas más alejadas del urbanismo, no cuentan con un empleo y sobreviven con el ingreso de un dólar al dÃa, lo cual deberÃa llenar de vergüenza a quien alguna ocasión se proclamó el “presidente del empleoâ€.
El haber privilegiado la guerra contra el narcotráfico por encima del impulso a las necesidades laborales de la fuerza de trabajo que sigue sosteniendo este paÃs -como fue la principal promesa de campaña calderonista-, no solamente ha provocado mayores territorios del paÃs sumidos en la violencia y el crimen, sino paradójicamente, estos mismos al borde del colapso financiero por el cierre de negocios, la cancelación de plazas de trabajo y el desplazamiento de la mayorÃa de sus habitantes a otras comunidades menos violentas.
Ejemplo de ello es la situación que se vive en Coahuila, gobernada hasta hace unas semanas por el lÃder nacional del PRI, Humberto Moreira, donde representantes de diversas cámaras industriales han denunciado un desplome de las ventas en sectores como el restaurantero, mueblero y de construcción equivalente al 30, 40 y 60 por ciento, respectivamente.
Ni que decir del turismo, tradicional generadora de empleos, que ha disminuido en un 10% sus ingresos respecto del año pasado, de acuerdo con la Confederación Nacional de Secretarios de Turismo, A.C, aunque para compañÃas operadoras de viajes, la inseguridad y la violencia a la que nos quiere acostumbrar Calderón son las principales causas de que siete de cada 10 turistas extranjeros, en especial los estadounidenses, piense dos veces venir a nuestro paÃs o en definitiva busquen otros destinos.
Por ello, este DÃa del Trabajo debe ser el momento propicio para que el gobierno de Felipe Calderón cese, de una vez por todas, en su intento de instaurar una polÃtica laboral regresiva, atentatoria de los derechos de los trabajadores y perjudicial en todos los sentidos para la mano de obra que da sustento a la economÃa del paÃs. Por sus múltiples defectos, la reforma laboral propuesta por los legisladores de nuestro paÃs de ninguna manera puede ser aprobada.
























