La vida humana cada día nos muestra grandes retos. Su desenvolvimiento es complejo y requiere de todas nuestras capacidades bien articuladas.

Al despertarnos podemos tener la impresión de que un nuevo día tiene la inercia del anterior y eso es falso, aunque aparentemente todo sigue igual, hemos de descubrir los cambios, las novedades.


Los dos primeros renglones sintetizan nuestro quehacer diario. Somos la misma persona en sentido estricto, pero cada día también nos renovamos, si equilibramos las experiencias internas y externas para resolver lo que tenemos a nuestro cargo, o nos anquilosamos si provocamos ciertas disfunciones.

La disyuntiva de ser o no ser es un reto personal, no es sólo del personaje shakespeareano de Hamlet. De alguna manera cada uno de nosotros somos otros Hamlets y, tras la disyuntiva lo que buscamos es la felicidad.

Cuando la decisión no asegura la meta estamos perplejos porque si decidimos afirmativamente tal vez nos equivoquemos y perdemos la felicidad, si decidimos negativamente tal vez seamos infelices.

Quien es maduro corre el riesgo con previas seguridades y además diseña un plan de rectificación en caso de equivocarse. El inmaduro no se atreve y queda paralizado, no opta.

Diversos tipos de inmadurez

La persona madura es aquella que siente, piensa y actúa de acuerdo a sus convicciones y a su capacidad, y responde a las demandas personales y del entorno. En definitiva es alguien consciente de lo que hace y sabe dar cuenta de sus actos.

La madurez logra armonizar los sentimientos, los deseos, los proyectos, los afectos, da a cada aspecto su respectiva proporción de acuerdo con las circunstancias.

La madurez no exime de la posibilidad de equivocarse pero sí garantiza la actitud abierta a la rectificación con el valor de recomenzar asumiendo la experiencia reciente.

Dada la variedad de aspectos requeridos para la madurez, en contrapartida, para la inmadurez basta con que falle alguno. Por eso, puede haber inmadurez en los sentimientos, en las emociones, en los afectos, en la inteligencia, en la voluntad, en la actividad…

En los sentimientos se da cuando la actividad de la persona está sometida a ellos. Con una persona así no se sabe qué hará, porque aunque prometa algo si no siente ganas de hacerlo no lo hace. Respecto a los afectos sucede algo semejante sólo que en este caso la persona se subestima o piensa que los demás no la aceptan.

La inmadurez intelectual consiste en nunca sentir seguridad de los conocimientos, la de la voluntad se manifiesta en la incapacidad de tomar una decisión y, la inmadurez en la actividad se debe a que aunque se haya tomado una decisión para ejecutar algo nunca se considera el momento adecuado para llevarlo a cabo.

La inmadurez emotiva es la que nos ocupa porque es la más frecuente. La causa básica se debe a que hay una falla en la comprensión del verdadero amor y las respuestas están cargadas de susceptibilidad.

Además, las respuestas emotivas siempre son vehementes, nublan la inteligencia y están cargadas con un vigor desmedido. Precisamente porque son así no pasan inadvertidas y afectan a quienes están cerca, por eso, en los miembros de la familia recae la responsabilidad inmediata para corregir, son los primeros en darse cuenta.

El mundo emocional se caracteriza por altibajos en el estado de ánimo: de la euforia a la melancolía. La inmadurez es oscilatoria de forma pendular, hay poca o nula responsabilidad, los demás no saben qué va a suceder.

La percepción de la realidad está deformada, por lo tanto, la forma de proceder resulta desadaptada tanto por falta de armonía personal como por una inadecuada relación con los demás.

La inmadurez emocional acarrea grandes problemas en la vida de relación, quien la sufre no es feliz y cuando no encuentra ayuda, es frecuente que se evada con los falsos espejismos que ofrecen las drogas, el sexo, el alcohol, etcétera.

La fuerza de la familia

La familia es una institución dotada realmente para frenar o moderar los desórdenes sociales mediante el cuidado y la auténtica promoción de sus miembros. La condición para alcanzar estos resultados es cuidar la cohesión familiar, la auténtica preocupación de unos y otros.

Cada familia, institución natural, forma parte del entramado de la sociedad y garantiza su supervivencia, fortalece a las personas porque las cobija con una tupida red de afectos e ideales compartidos. Por la cercanía de sus miembros detecta los incipientes signos de desorientación y les encausa cuando aún es tiempo.

Desgraciadamente, el individualismo que reina en la sociedad, la hostilidad entre los sexos, la irracional promoción del divorcio ha llevado a las personas a dudar de que el hogar pueda ofrecer algún beneficio y lo cifran exclusivamente en los beneficios materiales y en el éxito rápido con el menor esfuerzo.

Pero la realidad nos muestra que sin el apoyo familiar la vulnerabilidad de la persona es inminente, especialmente para quienes pasan por circunstancias difíciles o etapas de la vida críticas. Este abandono lo tratan de llenar con el engañoso “canto de las sirenas” que ofrecen las drogas, el alcohol o el sexo.

El colapso social es muy grave porque la organización humana que destruye sus fundamentos está condenada a la autodestrucción, queda inerme para impulsar a la superación, para corregir y ofrecer nuevos derroteros, para sostener a quien es fuerte para que ayude a los débiles y los enseñe a superarse.

Consecuencias de las dependencias

La evasión de los problemas momentáneamente provoca cierta tranquilidad e ingenuamente se puede pensar que aquello ya pasó. Sin embargo, los problemas se agravan porque éstos permanecen y, además, la persona inicia una esclavitud propia de las adicciones. La persona ingenuamente piensa que controla y sin embargo está dominada.

Otras veces la búsqueda de sustancias que ocasionan adicciones no es por evasión sino por una necesidad de mejorar las capacidades. La inmadurez afectiva busca elevar la autoestima mediante la adquisición de cualidades, o de metas como sucede entre los deportistas.

Muchas veces en el mercado hay personas sin escrúpulos que ofrecen resultados inalcanzables pero se aprovechan de la credulidad de quienes pasan por periodos de inmadurez, son presas fáciles a quienes pueden engañar por largos períodos de tiempo.

El ejemplo de quienes ingieren sustancias tóxicas o adquieren hábitos adictivos, tiene gran trascendencia social y muchas veces el conocimiento de logros alcanzados con estados de euforia provocados artificialmente, llegan a arrastrar a otras personas a seguir esos ejemplos.

El razonamiento sigue siendo alcanzar el éxito a como dé lugar aunque, a la larga, las consecuencias para la salud sean funestas.

Propósitos adecuados e insoslayables

Poner todos los medios por ayudar a la unidad familiar. Detectar y contrarrestar cualquier tipo de amenaza a esta institución o a sus miembros, provenga de quien provenga.

Desenmascarar a quienes viven de la explotación de la debilidad de algunas personas y ofrecer alternativas sanas que liberen del deterioro y de la vulnerabilidad.

Combatir las dependencias por medio de adecuadas ayudas psicológicas, terapéuticas, médicas, sociales, económicas, etcétera.

Promover el esfuerzo y la dedicación como medios para la auténtica superación personal.