Recientemente el Senado de la República aprobó la reelección de diputados y senadores al Congreso de la Unión y que tendrá aplicación hasta las elecciones federales de 2015. En el marco de la llamada Reforma PolÃtica que incluyó la controvertida modificación Constitucional para que el Ejecutivo Federal pueda vetar el Presupuesto de Egresos, el senador del Partido de la Revolución Democrática (PRD), Pablo Gómez Ãlvarez, dijo que no se trata de una reforma, sino de una miscelánea.
Hasta ahora, el artÃculo 59 de la Constitución de 1917, vigente desde 1933, impide la reelección de los senadores y diputados al Congreso de la Unión para el periodo inmediato al de la Legislatura de que formaron parte. Aunque admite la posibilidad de que los senadores y diputados suplentes puedan ser electos con el carácter de propietarios para el periodo inmediato –”siempre que no hubieren estado en ejercicio”–, descarta que los senadores y diputados propietarios sean electos para el periodo inmediato en calidad de suplentes.
Una revisión a la historia constitucional de nuestro paÃs, señala que la institución de la no-reelección legislativa no estaba dentro de la agenda del México independiente. No lo estuvo tampoco en las constituciones centralistas de 1836 y 1843, no la registran las constituciones de 1857 ni fue demanda del Constituyente de 1917. Fue hasta 1933 y en función a una demanda del recién creado Partido Nacional Revolucionario (PNR), cuando se incluye la prohibición expresa de reelegirse a diputados y senadores.
Francisco I. Madero convirtió el antirreeleccionismo en una de las banderas de su credo polÃtico y de su programa electoral para la crÃtica tesitura de las elecciones presidenciales de 1910; el también llamado “Apóstol de la Democraciaâ€, fundaba esa propuesta de un cambio generalizado en los equipos de gobierno, en la urgencia de solucionar “el inmenso malestar que reina en toda la República”, que sólo se remediarÃa con una renovación radical: “esa idea –sostenÃa Madero– está en la conciencia nacional”.
Desde luego, Porfirio DÃaz era proclive de la reelección presidencial. El presidente DÃaz estaba ávido de que el mundo hablara de él, y asÃ, decidió organizar una recepción oficial en el Castillo de Chapultepec, en honor del diplomático norteamericano enviado para las negociaciones de un nuevo tratado comercial entre México y los Estados Unidos.
El festejado diplomático norteamericano exhibÃa a don Porfirio, y quienes lo rodeaban, un reloj de oro cubierto de diamantes, con una aduladora dedicatoria a su gloria y adornado con el monograma de Eduardo VII, rey de Inglaterra y emperador de las Indias, obsequiado por el mismo monarca, al término de las negociaciones comerciales entre su paÃs y la corona inglesa; a lo cual, el presidente DÃaz pensaba en la manera cómo iba a superar el regalo del rey de Inglaterra.
Luego el festejado aborda a DÃaz: “…Disculpe, don Porfirio, siento molestarle, pero acaban de robarme en este mismo lugar, en la sala de baile, el reloj que me regaló el rey de Inglaterraâ€. A lo que el presidente después de infinidad de disculpas, le prometió que en 48 horas le serÃa devuelto su reloj.
Al término del festejo, don Porfirio se dejó llevar por una cólera negra, una de estas cóleras de las que sólo él era capaz, la cólera de un dictador cuya impostura está a punto de ser descubierta. “El viejo vuelve a tener su crisisâ€, murmuraban los sirvientes del Castillo asustados.
Buscaron el reloj entre la servidumbre de Chapultepec; en la cárcel y sus redes criminales, sin resultado alguno. Las posibilidades se reducÃan. Por último, mandó llamar a uno de los generales que no acudió a la cita, y de manera seca “El viejo†le dijo: “Divisionario, dame el reloj del diplomático americanoâ€. Sin pestañear ni mostrar la más mÃnima contrariedad, el general pasó su mano bajo la túnica, buscó un poco en los bolsillos interiores y sacó el reloj.
Dio dos pasos hacia el dictador, diciéndole: “A sus apreciables órdenes, don Porfirio, a sus órdenes muy queridasâ€. Y continuó diciendo: “Porfirio, temÃa que lo cogieras, asà que pensé que era mejor que fuera yo, ya que tú puedes comprarte uno más fácilmente que yoâ€.
Qué razón tenÃa “El viejoâ€. Ganó la reelección.
Es politólogo y asesor parlamentario. Twitter: @racevesj

























