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Es lamentable que esta nueva legislatura, caracterizada por una vuelta hacia atrás en cuanto a los “usos y costumbres”del viejo priísmo, si bien los coordinadores del partido vencedor en julio pasado juegan por debajo de la mesa a la contra respecto al presidente Enrique Peña, se adueñe de la atención del público, no por las reformas en cierne a iniciativa presidencial sino por los desacuerdos de la moda, la presencia de guapas diputadas de veintitrés años en uso de minifaldas que ellas bien saben cortan la respiración de los hombres –y para no discriminar igualmente la de algunas mujeres lesbianas quienes reclaman también sus derechos a ser consideradas en un plano semejante para otear a las beldades de su mismo género-, y la reincidencia de algunos legisladores que llegan vestidos a las Cámaras con atuendos propios de caporales –sin que ello indique desprecio alguno a las tareas del campo; sólo supongamos cómo se vería Emilito Gamboa, el niño favorito que fue del señor De la Madrid cuando se fundó la cofradía de la mano caída, vestido de catrín entre vacas, toros y caballos-.

La joven diputada en cuestión, con mucha dignidad, reclamó su derecho a portar minifalda con una pasión tal que parecía estar defendiendo la soberanía nacional de una inminente invasión desde el norte; ella misma, Crystal Tovar, perteneciente al grupo perredista, se encargó de informar que, camino al Palacio de San Lázaro, no cesan de piropearla por el parque quienes no pueden dejar desapercibida la visión de una chica joven engalanada con atrevidos escotes y faldas demasiado cortas. Para quien esto escribe, el paisaje urbano, de una ciudad cosmopolita como debe ser México, mejora una barbaridad con estas atrevidas chiquillas de hoy a quienes tanto agrada lucir sus formas y con ello extender el humo del erotismo que tanta falta hace para apaciguar los horrores y perspectivas dolientes de nuestra realidad social. Sin embargo, hay momentos para cada caso.

 

 

 

Me pregunto si la legisladora en cuestión, chihuahuense para mayores datos –por este solo hecho me cae estupendamente porque su entidad es referente entrañable de mi infancia y de mis luchas más maduras en defensa del género femenino; no se olvide mi obra “Ciudad Juárez”, publicada por Océano en 2005-, hubiese aplaudido a las ocho francesas manifestantes en la parisina Catedral de Notre Dame quienes festejaron la renuncia del Papa dejando ver “en pelotas”–como dicen por allí-, pintarrajeadas al estilo de los antitaurinos que optan por bajar en la escala zootécnica para estigmatizar a los seres humanos y encumbrar a sus mascotas. Desnudas, las chicas en cuestión –sólo faltó la muy célebre Florence Cassez-, expresaron su repudio al Papado precisamente por sus posturas respecto a los movimientos lésbico-gays, llamaron “homofóbico”al renunciante Benedicto XVI y posaron alrededor de una campana que protegían del público los guardianes de la misma. ¡Y nada les hicieron…salvo fotografiarlas! Esto es como si no importaran los derechos de terceros ni el dolor causado a una feligresía horrorizada por el atentado al pudor en un templo religioso.

 

Por cierto, en 1931, una excepcional intelectual mexicana, escritora y dramaturga, Antonieta Rivas Mercado, despechada por el amor no correspondido del maestro de América, José Vasconcelos, hizo de la misma iglesia de la capital francesa el escenario de un suicidio que escandalizó al mundo. Llegó a Notre Dame, oró por unos instantes y se disparó a la sien porque Don José le había despreciado pues, en su misoginia, no soportaba a las mujeres que habían parido hijos como amantes en razón de que las consideraba en un nivel distinto por su condición. Extraña filosofía, sin duda. El hecho fue que la Catedral debió cerrarse unos días para “exorcizarla”como condición para la reanudación de los cultos en la misma. Luego de 82 años, nadie parece poner el grito en el cielo, salvo los feligreses que atestiguaron los hechos narrados ante la jocosidad de los miles de turistas que por allí deambulan tomando fotografías convulsamente. Las épocas han cambiado, sin duda.

 

Desde luego ya nadie requiere la mantilla a las señoras –ni en la Catedral de Sevilla-, y sólo se obliga a las damas a “guardar compostura”y “vestirse decentemente”con cierto acento misógino que no ha podido ser superado por la Iglesia de nuestro tiempo. Pese a ello, las damas no suelen protestar y acuden a basílicas, catedrales y templos con regato para evitar el desaire que les impida el paso hacia obras de arte, pinturas y esculturas, patrimonios de la humanidad. En este sentido, se evidencia el respeto necesario para que los deambulantes no lleguen con pantaloncillos cortos –mueres y hombres-, ni sudaderas con los hombros descubiertos, incomodando a los fieles que consideran estos sitios de oración como sagrados y reclaman el respeto necesario para ellos y sus creencias. Tienen derecho, al fin de cuentas. Y en una confrontación quienes invaden los espacios de culto para hacer manifestaciones grotescas no pueden tener razón por encima de cuantos exaltan la oración bajo los misterios de su fe.

 

Si todavía en la actualidad se exige guardar “etiqueta”incluso en las cenas de graduación de universidades populares, y los egresados lo cumplen cual si fuese un privilegio, no entiendo el porqué la máxima tribuna del país, en donde tienen voz los representantes de la soberanía popular, la más alta de México, se carezca de un código mínimo de comportamiento, usos y formalidades para enaltecer el recinto antes de convertirlo en un verdadero puesto de marchantes dispuestos a oscurecer el numen de la labor parlamentaria con nimiedades tales como la moda de las jovencitas del PRD a quienes no parece haberles dado el tiempo para estudiar protocolos, decoros y dignidades propios de la jerarquía alcanzada en las urnas por efecto de la voluntad de la ciudadanía.

 

¿El recato y el buen gusto, además del buen vestir y el adecuado comportamiento en distintos espacios, deben ser considerados “cosas del pasado”? Y lo mismo pregunto a los sombrerudos y enchamarrados que ocultan armas al cinto, como aquel deplorable ferrocarrilero Víctor Flores Morales, uno de los mayores pelafustanes que han pasado por el Congreso –no olvido que a punto estuvo de ahorcar a mi hijo mayor cuando comenzaba sus pasos en el periodismo-, rodeado siempre de bajos guaruras y bajo la protección del priísmo en tiempos de Zedillo, que a las damas quienes bien saben cómo comportarse como tales. Entre el vestir con elegancia, incluso con sensualidad, y hacerlo con interés provocativo, esto es con la disposición de causar escándalo, hay una enorme distancia. Y no es casualidad que dentro de un perredismo heterogéneo y dividido sea donde más surjan las trivialidades aunque, en fechas recientes, los mayorales priístas creen que el recinto legislativo es extensión de los corrales y las caballerizas. No es así.

 

No es regresar a la edad media –como extreman en su defensa quienes carecen de fundamentos para sostener un diálogo razonable al respecto-, proponer que se dignifique a la audiencia de sendas Cámaras que conforman el Legislativo. Al contrario: el retorno hacia atrás lo encabezan quienes provocan incidentes que nublan lo verdaderamente importante diciéndose agredidos, a su vez, en el extremo de la manipulación política. ¡Conozco tantos casos!

 

En fin, es necesario poner el punto final a los carnavales –ya pasaron- de la vida institucional para que quienes fueron electos… sencillamente cumplan su deber en vez de mostrarse con vulgaridad o enseñar de más las piernas. Si pierdo esta moción, ¡me encantaría ser diputado para sentarme al lado de Crystal! Y no creo que este mal pensamiento sea irrespetuoso de modo alguno.

 

Debate

 

Alega el presidente Peña Nieto que no hay estado “de guerra”contra las bandas criminales en el país. Sin embargo, las estadísticas de la violencia no disminuyen, si acaso pasan a otro nivel, por su cotidianeidad, en los medios informativos, sea de prensa, radio o televisión. Ocurre que los distintos pactos –un término acuñado políticamente por Stalin aunque ahora se le confiera sentido democrático-, la renuncia del Papa, el estallido misterioso en la Torre B-2 de PEMEX, sobre el cual nadie cree en un simple accidente como pretende hacernos creer la oficialidad, en distintos sexenios, cada que no se atreve a decir la verdad, y los continuos derrapes institucionales –los de los órganos electorales, sobre todo-, han cubierto las primeras planas en detrimento de las vidas rotas por los malvados. ¿Otra vez la perversidad va a ganarle al bien aunque seamos más los del lado de cuantos reclamamos justicia?

 

Hay otras opciones y lo hemos dicho antes:

 

1.- No pocos intelectuales de a deveras –no quienes buscan candilejas subiéndose a los templetes-, me han dicho, de manera reiterada y desde antes de consumarse las elecciones de julio pasado, que era necesario “pactar”un acuerdo con las mafias para intentar detener las matanzas de inocentes –los soldados lo son también aunque sean enviados armados para afrontar batallas desiguales-, y pone un unto final a la ecuación más cruel de la historia: México pone los muertos; Estados Unidos, la mayor potencia de todos los tiempos, las armas. Disiento de esta postura porque con ello confirmaríamos la preeminencia de un “estado fallido”sobre la soberanía nacional.

 

2.- Legalizar el tráfico y consumo de estupefacientes, pese al riesgo de que se incremente por un momento para ir a la baja, poco a poco, en cuanto deje de causar, en el clandestinaje, bajas cotidianas. Con ello debería darse un programa para redimir a los adictos, poco a poco, mediante reducciones de dosis hasta intentar su curación y perseguir a quienes, dentro de la clase política, han labrado enormes fortunas al proteger a las mafias con fuerza territorial en veintidós entidades del país. Me inclino por esta moción.

 

3.- Formar una policía multinacional, desde el norte hasta el sur del continente, para atajar a las fuerzas criminales igualmente transnacionales y con proyección hacia Europa y Asia a la par con el tráfico de armas. Ello conllevaría la pérdida sustantiva de buena parte de nuestras rectorías soberanas, de cualquier manera hundidas, desde hace tiempo, por las regulaciones del gobierno de Washington y sus derivados, como la paralizada OEA.

 

La Anécdota

 

Es casi un hecho que las corridas de toros volverán a darse en Cataluña. Una bandera menos para los secesionistas catalanes y los antitaurinos desconocedores de la importancia cultural y artística de la Tauromaquia, acaso la fiesta más ecológica del mundo: en ella se da la fusión perfecta entre el carácter y la creatividad de los hombres con la naturaleza viva representada por la bravura del toro de lidia, especie única dentro de la zootecnia, y que los más despistados pretenden desaparecer, con tal de suprimir las corridas dándole gusto a los anglosajones que nos quieren dominar hasta en este punto, como si hicieran el papel de Dios.

 

Como escribí en “Si los Toros no Dieran Cornadas”–Océano, 2009-:

 

–Entre todos los animales que el hombre requiere sacrificar para su propia supervivencia es el toro de lidia el que tiene la muerte más digna porque su instinto mayor es sublimado en las plazas y no brutalmente destruido en los oscuros mataderos y rastros…

 

Ya basta, ¿no?