Sir Wiston Leonard Spencer Churchill fue militar, polÃtico, escritor y estadista; es decir un hombre con conocimientos de lo que es el Estado y el artilugio del guerra y del saber gobernar. Churchill nunca comenzó nunca una guerra aun cuando se vio participando como soldado en varias y como estratega en otras de las que su paÃs iniciaba o mantenÃa con sus enemigos, tratando de continuar su dominios en el Sudan, en Sudáfrica, en la India o en cualquier otra parte.
Comparado con Felipe, el inglés fue de gran peso polÃtico, de elevada estatura y en gene-ral mayor en pesos y medidas; minúsculo y de peso mosca lo es Calderón, mientras que el otro personaje, decÃan de él que ¡era un gigante! ¡Un Estadista! que, además, sabÃa de lo que significaba verdaderamente una guerra, pues vivió la experiencia de varias batallas en diferentes frentes. En 1910 estuvo al frente de un batallón completo y en primera lÃnea.
En el campo periodÃstico fue corresponsal de guerra de varios periódicos extranjeros: escritor reconocido de tal suerte que le fue otorgado el premio Nobel de literatura en 1953. Además de esta virtud como novelista, fue historiador y diplomático. Voluntariamente enrolado en el ejército y participó, como soldado, arriesgando su vida. Fue intrépido, de tal manera que recibió el sobrenombre de El bulldog británico, pues le gustaba enfrentarse al peligro visitando con frecuencia a sus soldados en diferentes frentes.
Quizá las únicas coincidencia que Calderón tiene con este personaje, lo sea su conservadurismo y la oratoria, pues ésta fue copiada por el michoacano para dirigirse a su auditorio, pero sin convencer. Sir Wiston fue uno de los principales oradores y polÃticos más destacado del siglo pasado y el uso de la voz le permitió mantener la confianza, la credibilidad y la unión del pueblo británico, sobre todo en aquellos largos años de la segunda guerra mundial en dónde las sirenas de advertencia de los bombardeos constantes, sonaban intermitentemente y como rutina diarias.
Por lo anterior, los pesos y medidas de ambos personajes son totalmente diferentes. El michoacano, contrario a Churchill provocó una guerra innecesaria tomando como premisa la idea de legitimarse venciendo rápidamente a miembros del crimen organizado en su estado de origen. Ahora este conflicto armado se ha vuelto un rompecabezas, en el significado literal de la misma palabra, pues ruedan éstas fuera de sus troncos interminablemente por todos los caminos de México, dejando un reguero de sangre y un paÃs devastado, que costará muchos sacrificios más y otros tantos recursos económicos para reconstruirlo.
Calderón no es estadista y muy lejos esta de esta nominación; será reconocido ciertamen-te por su tenacidad y su soberbia puesta en un propósito que desde ahora está perdido. No cuenta con el apoyo popular, no escucha y se mantiene aferrado a una estrategia to-talmente equivocada, que lo hace descuidar el desarrollo armónico del estado mexicano, que es su principal función o deberÃas serlo. Se queja de las muchas crÃticas, difamaciones y ataques que ha recibido, sin reconocer que él mismo es su productor. Ni es su gobierno uno eficaz, honrado, humanista ni democrático, pues su origen proviene de un asalto a la presidencia.
El Ingles fue en 1905 subsecretario de las colonias británicas, ministro de lo interior en 1910; fue actor perdedor en la primera guerra mundial, pues su equivocación en la planificación de un desembarco en los Dardanelos que resultó fallido provocó a los ingleses numerosas muertes a manos del ejército alemán; no sin razón recibió el apodo de El Carnicero de GalÃpoli; ministro de Comercio en 1908 y Ministro de Guerra y del Aire. Fue pues, un estratega guerrero y ¡sÃ!, su oratoria le servÃa para dar confianza a su pueblo, su conocimiento militar lo llevó al triunfo.
Del Arte de la Guerra, Calderón solo conoce los detalles de las filmadas en la captura de Florence Cassez y la muy costosa producción del culebrón, “El Equipoâ€, de filmaciones GarcÃa Luna Productions), todas a cargo del Estado Mexicano.
























