Hablando de geometría política, los populares términos “izquierda” y “derecha” pueden, por algunas personas, ser tomadas como conceptos políticos, sobre todo por aquellos a los que les agradan las metáforas y los anacronismos o por aquellos que, acríticamente, se concretan a repetir lo que escuchan sin razonarlo.
Cualquiera con un mínimo de cultura sabe que la denominación “izquierda” y “derecha” es precisamente, una metáfora con fecha bien definida, concretamente el 28 de agosto de 1789 en la Asamblea Constituyente francesa. En ese momento se acuñó el término “izquierda” en referencia a los representantes de las ideas republicanas y democráticas, que solían ocupar los asientos ubicados justo al lado izquierdo de la sala. La derecha, por el contrario, era el área que ocupaban los monárquicos y quienes se oponían a que las cosas cambiaran.
Esta disposición de los votantes en el espacio diferenciaba solamente posiciones físicas, pero posteriormente pasó a metaforizar el republicanismo revolucionario en el siglo XIX en Europa. En la transición del siglo XIX al XX, su uso quedó ligado a los movimientos de carácter socialista y, a partir de marzo de 1919, cuando Lenin organiza la III Internacional, el término “izquierda” queda definitivamente ligado con la definición del comunismo.
Pero eso es historia, nada que ver con nuestra realidad, pues en la actualidad, los cambios globales que se experimentaron durante los últimos treinta años, han modificado totalmente lo que se entiende, o entendía, por “izquierda”. Los movimientos tipo “Sendero Luminoso”, ETA, FARC y similares son solo grupos de terroristas; la antigua “lucha social” se convirtió en lucha partidista. La lucha por los votos y la lógica electoral es, ni más ni menos, la lógica del mercado, donde, mediante el voto, los ciudadanos eligen de entre diversas opciones. En este contexto, ¿A quién representan los políticos sino a sí mismos o, en el mejor de los casos, a los intereses de su grupo?
Hoy, la verdad, decirse de izquierda o de derecha no significa nada. Sólo embrolla un horizonte político anclado en el anacronismo de sus léxicos “legitimadores”. Solo es cascajo vacío bajo el cual se puede transitar con engaños.
En la actualidad, muchos de los que se catalogan “de izquierda”, signifique esto lo que signifique, siguen sin poder entender la realidad en que viven. Con la caída de la Unión Soviética, el fracaso del llamado “socialismo real” y perdidos los soportes económicos y funcionales, pretenden salvar a como de lugar los sostenes intelectuales, utilizando incluso las más peregrinas argumentaciones. Insisten en seguir utilizando las gastadas muletillas de “lucha de clases”, “cúpulas oligárquicas y plutocráticas”, “imperialismo”, “capitalismo inmoral” y otras similares extraídas del más amarillento manual de marxismo leninismo.
En México ¿Cual es la izquierda?, ¿La representada por los Bejarano, Padierna, Imaz, y Ponce?. ¿La del visceral oportunista y vividor del 68 Pablo Gómez y su similar el “Pino?” ¿La del devaluado subcomediante Marcos? ¿La del mesiánico AMLO, anclado en el echeverriato?, ¿La de los que cambian de partido cuando las circunstancias no les son favorables como Ricardo Monreal, Manuel Camacho, Marcelo Ebrard y similares?. ¿La de la incombustible Rosario Robles, pieza de Peña Nieto? ¿La del PRD que hizo senadora a Irma Serrano y Gobernador a Godoy?, ¿La representada por el PT, partido que llevó a una senaduría a Manuel Bartlett, emblemática figura de la “caída del sistema” en el 88? ¿La del agitador estudiantil metido a comisario de MORENA Martí Batres?, ¿O la de Alejandro Echevarria (a) el Mosh? ¿O será la verdadera izquierda la del Partido Revolucionario Obrero y Campesino Unión Popular PROCUP? Todas ellas se consideran a sí mismas como la “verdadera izquierda”. Con mucha razón se ha dicho que si en una isla desierta llegan 3 izquierdistas, fatalmente terminaran fundando 3 distintos partidos.
Como ejercicio cultural podemos tomar un mapa semántico para describir las características de lo que es, en la práctica, un “gobierno de izquierda”. Para eso nada mejor que recordar las características de la extinta URSS y sus satélites: Partido único, ausencia de democracia, inexistencia de derechos humanos, pena de muerte, censura absoluta aplicada a rajatabla, periódicos controlados férreamente por el Estado, limitantes severas para viajar, intolerancia a la diversidad sexual. Para lo que tengan alguna duda simplemente repasen las condiciones de los dos únicos países con gobierno marxista-leninista que sobreviven a la fecha: Corea del Norte y Cuba.
Señores autodenominados “de izquierda”, por favor, lean un poco más.
























