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ESCRITORIO DEL EDITOR.

Stephen Hawking es un reconocido científico británico, autor de “Una breve historia del tiempo” entre otros libros de divulgación científica.  Recientemente provocó un gran revuelo entre los creyentes de diversas religiones al afirmar que la  idea del paraíso y de la vida después de la muerte es  simplemente un cuento de hadas,  propio de aquellos que le tienen miedo a la muerte.  
 
Hawking, el científico más destacado del Reino Unido y probablemente del mundo en este momento  afirmó lo anterior en una entrevista publicada en este mes de mayo al periódico británico “The Guardian”, entrevista en la que vuelve a poner énfasis en su rechazo  a las creencias religiosas  y considera que no hay nada después del momento en que el cerebro deja de funcionar.

Hawking, enfermo desde hace muchos años de una patología neurodegenerativa progresiva llamada    Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)  sostiene que dicha enfermedad  le ha llevado a disfrutar más de la vida a pesar de las dificultades que ello implica, pues le impide moverse y hablar por sí solo.

Afirma en científico “Yo considero al cerebro como una computadora que dejará de funcionar cuando fallen sus componentes. No hay paraíso o vida después de la muerte para las computadoras que dejan de funcionar, ese es un cuento de hadas de gente que le tiene miedo a la oscuridad”.
 
 En su entrevista, Hawking, de 69 años, resalta la importancia de disfrutar de la vida y hacer cosas buenas. El científico, que habla con la ayuda de un sintetizador de voz, sugiere que sería posible descifrar nuestros orígenes con instrumentos modernos, que podrían ayudar a detectar antiguas huellas en la luz espacial dejada en los primeros momentos de la formación del universo.
 
  Leyendo las declaraciones de Hawking no puedo menos que comparar su filosofía; hacer cosas buenas, disfrutar de la vida en las condiciones que se nos da  y desarrollarse a pesar de cualquier impedimento y  contrastarla con la intolerancia, violencia y crueldad de algunas  religiones actuales.

 Hace tiempo hablé sobre el Islam, y el comentario más suave que recibí decía: “Muerte a los infieles”. Así que hablemos ahora un poco sobre la Biblia. Primera interrogante,  ¿Es la Biblia la Palabra de Dios?. Si acaso es así, entonces se trata de un dios muy intolerante, pero sobre todo terriblemente vengativo.

No se requiere ser un teólogo que haya dedicado 40  años de su vida al estudio de ese conjunto de relatos escritos por anónimos personajes para darnos cuenta de la realidad. Las historias que relata la Biblia son esencialmente leyendas y algunos hechos históricos con laxas referencias geográficas para ubicarlas en tiempo y espacio. Ahí se relata el dominio y brutal sometimiento del “pueblo escogido” por parte de Yahvé o Jehová.

El humano tiene necesidad de creer en algo, no acepta su finitud, y las religiones cumplen la función de vender la esperanza de una vida eterna. Pero, ¿por qué cerrar los ojos ante la evidente realidad de un dios egoísta, rencoroso y vengativo?.

Amable lector, tome una Biblia, cualquier versión y recorra los sangrientos caminos que Dios ha marcado con su intolerancia.
 
Deuteronomio 20:10 ss es un buen ejemplo. “Luego que Dios Padre (Yahvé) te entregue aquellas ciudades que no quieran ser tus vasallas, ¡matarás a todo varón suyo a filo de espada!. Pero de las ciudades que el Padre Nuestro te dará por heredad, ¡ninguna persona, hombres, mujeres y niños dejarás con vida!, sino que las destruirás por completo”.

 Vayamos al  capítulo 34 de Isaías: “Porque Dios vuestro Señor está airado contra todas las naciones, e indignado contra todo el ejército de ellas; ¡las destruirá y las entregará al matadero!. Y los muertos de ellas serán arrojados, y de sus cadáveres se levantará hedor. ¡Y los montes se disolverán por la sangre de ellos. En los cielos se embriagará mi espada!. ¡Llena está de sangre la espada de Dios vuestro Señor!. Porque vuestro Padre Eterno tiene día de venganza y sus arroyos se convertirán en brea y su polvo en azufre.”. Misericordiosos pensamientos, llenos de bondad y perdón.

1 de Samuel 15:1 ss muestra claramente la ira y venganza de Dios:  “He decidido castigar lo que hizo Amalec a Israel, cortándole el camino cuando subía de Egipto. Ve, pues, Saúl, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene. ¡Y no te apiades de él, mata a hombres, mujeres, niños y aún los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos!. Y Saúl derrotó a los amalecitas y tomó vivo a Agag, el rey de Amalec, pero mató a todo el pueblo a filo de espada. Y Saúl y el pueblo, perdonaron a Agag. Más Samuel pidió le trajesen a Agag y lo cortó con espada en pedazos delante de Dios Padre, para que la orden del Padre Nuestro fuese obedecida”.

  Paremos aquí;  con estas citas podemos darnos cuenta de la ” infinita bondad” y “misericordia” que tiene este cruel y vengativo “dios”.  Mi voto es por Hawking.