El número de muertos por los enfrentamientos producidos anoche entre manifestantes antigubernamentales y fuerzas de la seguridad en la capital de Yemen Saná asciende a 70 personas, informaron fuentes del Ejército local, citados hoy por agencias.

Decenas de yemeníes murieron en enfrentamientos armados registrados durante la noche en la capital, dijeron responsables oficiales el jueves, cuando los combates para poner fin a los 33 años del presidente Ali Abdulah Saleh en el poder amenazaban con desembocar en una guerra civil.

El Ministerio de Defensa dijo en una nota en Internet que al menos 28 personas murieron en una explosión en un almacén de armas de Saná.

El fiscal general yemení ordenó el arresto de líderes “rebeldes” de los grupos tribales encabezados por la familia Al Ahmar y un responsable gubernamental dijo que la sede de la cadena de televisión de la oposición había sido “destruida” sin dar más detalles.

Los residentes de Saná estaban huyendo por centenares, con sus posesiones atadas a toda prisa a la parte superior de sus coches, con la esperanza de escapar de una violencia que ha matado a más de 40 personas desde el lunes y amenazado con extenderse a otras áreas de la capital.

Un líder tribal dijo que se estaban llevando a cabo combates en el aeropuerto de la ciudad, que podría ser cerrado.

Estados Unidos y Arabia Saudí, ambos objetivo de atentados fallidos de la rama de Al Qaeda en Yemen, han intentado poner fin a una crisis e impedir la expansión de la anarquía que podría dar a la red extremista mundial más espacio para operar.

Se teme que Yemen, que se tambalea al borde de la ruina financiera, pueda convertirse en un estado sin rumbo que mine la seguridad regional y suponga un serio riesgo para la vecina Arabia Saudi, el principal exportador de petróleo del mundo.

Los enfrentamientos más recientes se han concentrado en una zona del norte de Saná, donde combatientes leales al poderoso líder tribal Sadiq al Ahmar han tratado de hacerse con edificios gubernamentales como el Ministerio del Interior.

La mansión de Ahmar resultó dañada en los combates y el sonido de las explosiones podía oírse en la ciudad.

“Hemos oído de todo, fuego de ametralladoras, granadas propulsadas, pero han estado usando más que eso, algo más fuerte. Deben estar usando cañones o cohetes”, dijo el portavoz de la familia Ahmar, Abdelqawy al Qaisi.

“Los hijos de Ahmar aún están en la casa. Cada cierto tiempo alcanzan el edificio o los edificios cercanos”, dijo a Reuters.

Las autoridades gubernamentales no proporcionaron detalles sobre de qué bando eran los muertos y los heridos en los combates nocturnos. Cada una de las partes culpó a la otra de la violencia, que según la posición podía ir creciendo en espiral hasta devenir en una guerra civil.

MARCHA DE DIPLOMÁTICOS DE EEUU

Estados Unidos ordenó a sus diplomáticos no esenciales y a los familiares de los trabajadores de la embajada que dejaran el país.

El más reciente brote de enfrentamientos surgió un día después de que Saleh, que ha gobernado el país durante 33 años, se retirara por tercera vez de un acuerdo mediado por los vecinos del Golfo destinado a hacerle dimitir y dejar espacio para un gobierno de unidad nacional.

La presión ha ido en aumento desde febrero, cuando manifestantes inspirados en las revoluciones democráticas en Túnez y Egipto comenzaron a acampar en plazas y a marchar por centenares de miles para pedir la marcha de Saleh. Sus intentos de frenar las protestas por la fuerza han dejado centenares de muertos.

El presidente estadounidense, Barack Obama, ha pedido que Saleh firme el acuerdo, pero los analistas dicen que Washington tiene poco margen de maniobra en Yemen pese a que ha enviado unos 300 millones de dólares en ayuda para el Gobierno de Saleh.

“¿Qué opciones tenemos de forzar una resolución? Casi cero”, dijo Barbara Bodine, ex embajador estadounidense en Yemen, a Reuters.

Saleh dijo el miércoles que no haría concesiones a quienes persiguen su marcha, pero la capital del país, de 23 millones de habitantes, tiene el aire de una ciudad en guerra.

Combatientes en ropa de civiles patrullaban algunos distritos el miércoles y de vez en cuando se escuchaba ruido de ametralladoras.

La electricidad iba y venía y muchas calles del centro estaban desiertas por la tarde, excepto en los controles gubernamentales.

La zona en torno al complejo de Ahmar parecía una ciudad fantasma.

Largas filas de coches se agolpaban para salir de la ciudad, incluso aunque hombres armados bloqueaban las entradas para impedir la entrada de refuerzos de los representantes tribales, según testigos.

“Ya no hay posibilidad de quedarse en Saná. Las confrontaciones alcanzarán a todas las partes de la ciudad”, dijo Murad Abdulah, que dejaba la ciudad en coche.

El general Ali al Mohsen, comandante regional del Ejército que se ha puesto del lado de los manifestantes, pidió a las fuerzas armadas que desafiaran al presidente.

“Cuidado con seguir a este loco que está sediento de más sangre”, dijo.

Saleh dijo que el acuerdo seguía sobre la mesa, pese a su repetida negativa a firmarlo.

“Estoy dispuesto a firmar si hay un diálogo nacional y un mecanismo claro. Si el mecanismo es lógico, firmaremos la transición de un acuerdo de poder y entregaremos el poder”, añadió.(Reuters, Agencias)