Al empeñarse en negarle la entrada a Teléfonos de México al sector de las telecomunicaciones conocido como triple play, Felipe Calderón Hinojosa falta a su palabra de promover la libre competencia y la diversidad de opciones que sirvieron de base para la aprobación de la popularmente conocida ley antimonopolios promulgada hace unas semanas, y corrobora al miso tiempo que existen dados cargados para favorecer al duopolio televisivo de nuestro país.

No cabe duda que por encima del bienestar a los consumidores y la economía general del país, los cálculos electorales y los compromisos políticos y empresariales con Televisa y Televisión Azteca seguirán dictando las directrices que rigen el mercado de las comunicaciones y el entretenimiento, que significó ganancias por 7,683 millones de pesos (unos 620 millones de dólares) para Televisa, y de 2,317 millones de pesos para Televisión Azteca durante 2010.

La postura asumida por Calderón por conducto de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes no es sana, pues trunca la posibilidad de una real apertura comercial y mayor competencia entre los grandes consorcios que debería traducirse en mayor inversión, más empleos y mejores servicios en beneficio de los mexicanos.

Mientras no exista un verdadero compromiso por velar por los intereses de las mayorías y por regular decididamente la influencia de los grandes potentados frente al Poder Ejecutivo y los órganos electorales, decretos como la Ley de Competencia seguirán siendo una tomadura de pelo, y por el contrario continuaremos presenciando eventos tan lamentables como los escenificados hace una semana por los miembros del IFE, a quienes les tembló la mano y terminaron perdonando a Televisa y TV Azteca por la trasmisión de los ilegales spots de Enrique Peña Nieto con motivo de su Quinto Informe de Gobierno.