Si usted escarba entre la tierra, el olor a petróleo penetra en su nariz de manera persistente, pero si decide avanzar, entonces sentirá que sus zapatos se hunden entre un suelo arenoso mezclado con residuos de hidrocarburo y aceite. Así es caminar sobre un cementerio de lodos contaminados extraídos de las actividades petroleras de Petróleos Mexicanos (Pemex).Este lugar, ubicado en la Ranchería Anacleto Canabal Primera Sección, entrada a La Rampa, es uno de los siete cementerios tóxicos que se localizan en esa región dominada por una fuerte actividad petrolera. Cuando se realizó el recorrido por el lugar, el termómetro marcaba 37 grados, ocasionando que los rayos del sol agudizaran ese olor penetrante que cala en la nariz y que, de no estar acostumbrado, puede ocasionarle un dolor de cabeza.“Es un olor muy fuerte, es un olor fétido, un olor como a fierro. Ahora sí que uno come con ese olor. Ya la garganta nos duele demasiado, no le sentimos ni sabor a la comida”, reprocha Lorenza Castro Castro, de 60 años.

























