Era el segundo juego del primer set cuando Roger Federer tuvo su primera oportunidad de quiebre contra Jo-Wilfried Tsonga, misma que aprovechó sin pestañear, ni acaso imaginar que serÃa la última de todo el partido. Tal como suena: un solo punto para rompimiento en cinco sets serÃa todo lo que le obsequiara el bombardero francés al seis veces campeón de Wimbledon.
No suelen despacharse cinco mangas en tres horas y nueve minutos, a menos que uno sirva tal como lo ha hecho Tsonga en el partido más notorio de su vida. Si otras veces se ha dado a conocer por altibajos e inconsistencias, hoy nada lo ha movido de su carril. Cada ataque en teorÃa letal del Expreso de Basilea lo ha respondido con el cerebro frÃo y una concentración sobrenatural. Ninguna mella le hizo perder el primer set tras desperdiciar dos puntitos de quiebre en el quinto juego. Tampoco le afectó el servicio imbatible del suizo a lo largo de todo el segundo set, ni siquiera los cinco puntos fulminantes con que lo aventajó en el arranque la muerte súbita para pronto ponerlo dos sets abajo.
Tsonga estaba en lo suyo, que era cerrarse a la ofensiva enemiga a fuerza de servir con catapulta, y aguardar el momento del abordaje; todo ello sin dejar que uno solo de sus famosos demonios llegara a perturbarlo tan sólo porque Roger le jugaba por nota. Bastó asà un titubeo del hexacampeón en apenas el tercer juego de la tercera manga —tres suculentos puntos de quiebre: mucha puerta para tan pocas dudas— para que el torbellino galo-congolés se lanzara hacia el frente, con la cabeza puesta nada más que en su juego colosal.
Si a lo largo de la tercera manga Jo-Wilfried cederÃa un total de once puntos de su servicio, en la cuarta sólo iba a soltar tres. De modo que por más que los apostadores, y quizá el mismo Federer, dieran por hecho que antes o después tropezarÃa el francés con sus incertidumbres, en vez de eso se irÃa hacia adelante con otro rompimiento tempranero —en el tercer juego del cuarto set— y otro ya francamente madrugador, cuando desmadejó el servicio con el que el basiliense dio inicio al quinto. Luego cedió un total de seis puntitos en su saque, para angustia y desmayo de quienes no creÃan lo que estaban viendo y llegado el final no podÃan por menos de contemplar la cancha estupefactos. ¿Federer fuera de un torneo grande con los primeros sets en su favor? Nunca habÃa sucedido. Afuera del estadio, en el Centro de Prensa, entre las canchas, campeaba de repente una suerte de pasmo traumático. Si ya en la Cancha 1 Rafael Nadal intercambiaba golpes con Mardy Fish, las pantallas seguÃan aún ancladas en la Cancha Central vacÃa, como para acabar de asimilarlo.
Mal hicimos quienes al cabo del 7-3 en la muerte súbita emigramos, ingenuos, a ver a Novak Djokovic salir de apuros frente a Bernard Tomic, que le habÃa sacado el segundo episodio y ya le reventaba un saque en el tercero: sorpresa no tan grande comparada con la que al chico rato habrÃa de estremecer la Cancha Central. Pues lo cierto es que Tomic logró meter al serbio en su ritmo por unos cuantos juegos, pero los nervios no le dieron para más. Menos aún delante del huracán balcánico, que no estaba para tomar prisioneros en su camino hacia el partido final. (Ya sabemos que con sólo jugarlo se montarÃa sin más en el número uno mundial: saldo lógico de esas cuatro derrotas engarzadas que durante su racha noqueadora tuvo a bien zorrajarle al manacorÃ.)
Hay, asà pues, un abismo insondable entre el 6-2, 3-6, 6-3 y 7-5 del Djokovic-Tomic y el 3-6, 6-7, 6-4, 6-4 y 6-4 del Tsonga-Federer. “¿Fuiste al psicoanalista?â€, se hizo el gracioso un periodista ante el francés, olvidando tal vez que fue precisamente Jo-Wilfried Tsonga quien expulsó a Rafa Nadal del torneo de Queens hace un par de semanas. Y eso explica quizás que los innumerables seguidores de Federer —en términos de mÃstica tenÃstica, poco menos que una secta religiosa— se hallaran más perplejos y afectados que el mismo perdedor. “Estoy mucho mejor que el año pasado, porque no jugué mal, hice un muy buen partidoâ€, ha dicho luego el suizo, a unos pocos minutos de abandonar la cancha y el torneo con el consuelo de quien ha enfrentado más a un fenómeno que a un mero adversario. Quien lo dude, eche un ojo a los números del suizo, entre sobresalientes y magnÃficos, pero pasa que a uno como el Tsonga que recién tuvo enfrente nadie le habrÃa hecho daño. Si ha de tratarse el tema con justicia, la sorpresa no ha sido la derrota de Federer, como el juego imbatible de Tsonga.
Por lo pronto, no solamente el triturador francés ha dejado señales en el camino. Mientras el Matador despachaba con el pie anestesiado a un Mardy Fish que tardó demasiado en concentrarse y apenas consiguió llevarse el tercer set, Andy Murray ha sido el único de los al fin seguros semifinalistas en llevarse el partido en tres sencillos sets, borrando sin más trámites a Feliciano. ¿Cómo es entonces que el manacorà jura que el escocés tiene miedo a enfrentarlo? Porque no habla de tenis, sino de la consola de videojuegos, donde juegan futbol regularmente y el español hace pareja con Juan Mónaco. “El bueno es Juanâ€, ha reparado Murray en venganza, “si jugáramos solos, serÃa muy distintoâ€.
Este viernes, Novak Djokovic se verá las caras con Tsonga y Murray estará a solas con Nadal, sin un Playstation que los reconcilie. A estas honduras, nada nos garantiza que el resultado no vaya a ser distinto que en otras ocasiones. Adivinos, absténganse.

























