Más de trescientos mil canadienses vestidos de los colores nacionales se reunieron el viernes en el jardín del Parlamento de Ottawa para recibir con efusivos aplausos al príncipe Guillermo y a su esposa Catalina, de gira en Canadá en este día de fiesta nacional.

Varios miles de entusiastas espectadores se agruparon en las calles aledañas, donde pudieron ver en pantallas gigantes la llegada en carroza de la pareja.

Algunos se protegían de los rayos del sol envolviéndose en la bandera canadiense o llevando divertidos sombreros blanco con rojo.

Durante su discurso, el duque de Cambridge manifestó su interés, y el de su esposa, por conocer mejor a los canadienses durante su gira de nueve días.

“(Catalina) escuchó hablar de Canadá, no por sus padres, pero por su abuelo, un hombre maravilloso que falleció el año pasado. Tenía a Canadá en su corazón porque se entrenó en Alberta como piloto durante la Segunda guerra mundial”, dijo Guillermo.

La multitud aplaudió durante calurosamente y el príncipe, suspendiendo por un instante su discurso, miró con complicidad a su esposa.

Los expertos en la realeza británica, que siguen de cerca hasta los más mínimos detalles del viaje, contrapusieron inmediatamente esta voluntad evidente de resaltar a la nueva duquesa con la actitud más distante que, según ellos, adoptaba el príncipe Carlos, padre de Guillermo, hacia la princesa Diana.

El discurso de Guillermo estuvo precedido por un discurso del primer ministro Stephen Harper. “Creo que el año pasado tuvimos una multitud importante, pero creo que este año esta es la más grande de nuestra historia!”, dijo Harper.

A continuación, el primer ministro alabó el “espíritu invencible” del “mejor país del mundo”, sin olvidar de comentar la salida de la recesión y el éxito de su gobierno conservador. Tras su discurso, Harper fue aplaudido, si bien también se escucharon algunos silbidos.

Una joven niña de 10 años, Maria Aragon, quien se volvió famosa por cantar junto a Lady Gaga, cantó el himno nacional “O Canadá”.

Para los conservadores, en el poder desde 2006, la visita de miembros de la familia real se inscribe en una política de afirmación de la identidad nacional canadiense.

Los antimonárquicos quebequenses veían la gira en forma muy distinta: para ellos, la joven pareja de la realeza está siendo usada por el Gobierno federal para promover la imagen de un Canadá unido, donde las aspiraciones independentistas francófonas habrían prácticamente desaparecido.

El príncipe Guillermo y su esposa Catalina, cuyo enlace en abril siguieron más de 2 mil millones de telespectadores, estarán en visita oficial en Canadá, su primera visita al extranjero, por nueve días.