La inteligencia le ganó a la fuerza. Ese es el epitafio del juego en el que la Sub 17 de México derrotó a Francia por 2-1 y pasó a las semifinales del Mundial.

El buen juego y el buen pensar del Tri los coloca a un juego de la final, pero antes deberán verse las caras contra el tanque llamado Alemania. Pero esa es otra historia.

Hoy México tuvo que combatir contra dos enemigos durante la primera parte. Primero, contra el gran físico francés y segundo contra la complacencia del árbitro que permitió que los europeos dieran todas las patas y codazos que quisieran.

De inmediato los galos hicieron hacer notar su corpulencia ante la pobre complexión de algunos tricolores. De los que más sufrían eran el hidalguense Julio Gómez, quien con su 1.70 de estatura tuvo que lidiar por la banda derecha contra Benjamin Mendy de 1.82.

Pero eso no amilanó a los dirigidos por Raúl Gutiérrez, quien en esta ocasión puso la carne al asador al meter al campo a sus tres referentes en el ataque, lo que le dio resultado cuando Carlos Fierro se convirtió en el pasador y Kevin Escamilla abriera el marcador a los 14′.

Pero Francia no llegó a octavos por casualidad y gracias a su empuje y a un error del defensa Caballero, empataron a los 17′.  El juego se emparejó, pero México fue el que insistió más.

El arma de los franceses fue golpear al por mayor, tanto que Marco Bueno salió de tanto golpe que recibió. Las llegadas más peligrosas y constantes fueron del Tri, pero el marcador no pudo volverse a mover por falta de puntería.

Al medio tiempo, el juego quedó tablas, pero con un México con el grito de gol pegado a la garganta.    

La segunda parte no fue tan diferente. Francia se dedicó a golpear y México a ofrecer el futbol. Con todo a su favor y los franceses con merma física, el futbol de toque salió  de la chistera, México comenzó a pasear el balón para cambiar la velocidad en el momento justo.

Así, a los 50, Carlos Fierro echó el corazón por delante y a base de velocidad le ganó la posición a la defensa de Francia para anotar el segundo.

Al verse abajo en el marcador, Francia tímidamente se quiso ir al ataque, pero el buen toque mexicano congeló el balón y cuando había algún peligro, la figura de Richard Sánchez surgía enormemente.   

México tenía el juego dominado, el problema era que sólo un gol los separaba de una posible tragedia y en el futbol todo puede suceder antes del silbatazo final.

Lo único que sucedió es que el Hidalgo estalló de júbilo cuando el pésimo árbitro pitó el final del juego. México está entre los cuatro primeros del mundo. Faltan los últimos empoujones, pasar sobre otro escalón.

Pero este se llama Alemania.