Psicología del yo: ¿Por qué nadie me entiende? Por: Daniel Adrian

Psicología social y Problemática adolescente:
¡¿Por qué nadie me entiende?!
Introducción.
¿Por qué nadie me entiende?

Muchas veces en el transcurso de la adolescencia uno tiene esta inevitable sensación “nadie me entiende” y de hecho, formula este reclamo a aquellos de los que demanda tal atención.
Las respuestas no tardan en llegar y son del tipo:
– ¿Qué querés decir con eso de que “nadie te entiende”?
– ¿Y qué querés que te entienda si a vos, nadie “nadie te entiende”?
Y otras respuestas por el estilo.

Es como si de entrada no se pudiera responder a esta demanda más que de manera defensiva, particularmente por parte de los padres y educadores.
Resultado: El niño devenido en adolescente o mejor dicho, joven adulto, se identifica y hace carne este juicio que pesa sobre él, es decir, lo incorpora como si fuese su sello distintivo.
Esto, obviamente entraña dos cuestiones básicas:
Por un lado, el adolescente deberá constituirse como siendo un bicho raro e incomprendido/incomprensible.
Por el otro, obliga al adolescente a estar compulsivamente haciendo cosas para hacerse entender.
Veamos pues de qué se trata este problema.
El perpetuo reclamo adolescente.
Del adolescente se dice que siempre tiene algún reclamo para realizar a los padres, a los educadores y por consiguiente a la sociedad en su conjunto.
Podemos simplemente considerar que se trata de una manifestación tributaria de la revuelta hormonal que sufren, y que lo conducen irremediablemente a una revuelta psicológica: como si dijéramos que la revuelta hormonal toma al niño-preadolescente desprevenido en un momento en que aún no ha logrado conformar su carácter, lo que hace que esté molesto e irascible.

Podemos suponer que, como émulos de Jean Dean, se han constituido en “Rebeldes sin causas” y que sólo a título de su caprichoso parecer realizar cuanto realiza, en temas de reclamos, demandas y revueltas; y conformarnos con eso, sin mayor reflexión.
También podemos argüir que se trata de que son “teledirigidos” a partir de las famosísimas malas influencias de medios de comunicación, falsos ídolos, la violencia social, etc.
Y la lista de atribuciones puede seguir y de hecho sigue por los siglos de los siglos:
Falta de educación, malformación escolar, familias disfuncionales, el uso y abuso de drogas, etc., etc.
No faltará quien haga un mix con todas estas explicaciones y adoptando una postura más o menos progresista arme un argumento que tenga en cuenta las cuestiones ambientales, sociales, familiares y biológicas.
Ahora bien:
Esta pleni-abundancia de explicaciones acerca de lo que impulsa a los adolescentes a adoptar una posición de perpetuo reclamo, demanda, y revuelta nos indica básicamente una cosa:
Ninguna de todas estas explicaciones, tomada por separado o en conjunto, o en sus diferentes combinaciones posibles, no alcanzan a explicar el fenómeno satisfactoriamente.
Al adulto, y particularmente, al adulto que es padre o madre de adolescente es como si no le alcanzara estas explicaciones y de hecho, consumen y consumen explicaciones en todo momento. De hecho hay programas de televisión, avances médicos-psicológicos, etc., para tratar de explicar esto. Es una buena veta para investigar porque siempre tendrán un mercado cautivo de consumidores.
Si nos corremos un poco de las explicaciones que nos da el mercantilismo – sea el mercantilismo científico o el mercantilismo vulgar- podremos tal vez, evaluar la situación de una manera más sencilla y sobre todas las cosas, mucho más noble.
Las explicaciones no bastan por una sencillísima razón: básicamente, todas estas explicaciones por más que se sustenten en algo del orden de la realidad, son escusas.
Escusas claras y evidentes de los adultos para no comprender al adolescente. Sobre todo para no ponerse en lugar del adolescente: ¿por qué?
La resistencia adulta ponerse en lugar del adolescente y su contrapartida: el deseo inconsciente de tomar el lugar de los adolescentes.