Son tantos temas de los que no he escrito que no podrÃa retomarlos en un solo editorial. Son tres temas que he seguido en mayor o menor medida: 1) la decisión de la Suprema Corte sobre la constitucionalidad de las leyes de Baja California y San Luis Potosà que legislan sobre la definición de cuándo comienza la vida; 2) la terrible burocratización de las burocracias (tan redundante como suena y es) en la administración pública mexicana; y 3) por curioso que parezca, la psicologÃa social de la clase media-alta y alta mexicana.
La decisión de la Suprema Corte me pareció lamentable no por el hecho de permitir que las entidades federativas puedan legislar sobre la ampliación de derechos, sino por el hecho de que las entidades puedan dar una definición de la vida como una norma de libre configuración sin dimensionar las consecuencias que ello implica en un sistema jurÃdico. Una de las más graves consecuencias ha sido excelentemente expuesta por Alejandro Madrazo en su artÃculo en El Universal “No se trata del aborto†en el que explica que la discusión de fondo está en la definición jurÃdica de “personaâ€, es decir, la definición de persona a la cual se le imputan derechos y obligaciones.
La discusión escapa a los problemas de salud pública de las más de doscientas mil mujeres abortan en tratamientos clandestinos y tienen complicaciones graves a partir de ellos, la discusión tampoco versa sobre cuándo comienza la vida, sino que a partir de la definición de que la vida comienza desde el momento de la concepción entonces significa que deben reconocérsele los atributos de su personalidad jurÃdica como nombre o nacionalidad. En redes sociales circulaba la broma de que de ahora en adelante se celebrará el cumpleaños el dÃa de nuestra concepción.
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Este tema da para mucho más. Como gota que derramó el vaso estuvo la petición del Presidente Felipe Calderón al Congreso de la Unión para eliminar la Declaración Interpretativa de la Convención Americana de Derechos Humanos con el fin de evitar la discusión recurrente del artÃculo 4º de la Convención que reconoce la vida desde el momento de la concepción. En fin, mi crÃtica sobre esta petición del Presidente en un inicio estuvo fundamentada visceralmente sobre la nula competencia que él tendrÃa que tener en este tema y, más aún, con la intención de jugar otra carta fuera de la Suprema Corte mientras sucedÃa la discusión. Después recapacité un tanto y pensé en la plataforma polÃtica que defiende y que ha defendido desde 2006 –y antes-, aquella plataforma por la que un porcentaje (menor al 40% de la población total) de la población votó. La expectativa de tal grupo es que por quien votaron defienda su plataforma desde el Poder Ejecutivo y por eso, en una democracia con un sistema presidencialista, cada uno de los poderes de la Unión debe reflejar pesos y contrapesos. Afortunadamente el Congreso no pasará la petición del presidente Calderón; desafortunadamente la SCJN votó en favor de que las entidades federativas legislen la definición de la vida, pues los cuatro ministros que votaron en favor de la constitucionalidad argumentaron que reflejaba una ampliación de garantÃas y que no necesariamente se sobreponÃa a otro derecho (indirectamente votaron en contra del derecho a decidir). Más adelante regresaré sobre el tema, pero quien esté interesado en el tema siga las publicaciones de Geraldine Gónzalez de la Vega (@geraldinasplace), quien ha escrito discusiones excelentes y profundas sobre el tema.
Sobre los otros tres temas a tratar seré más breve. La burocratización de las burocracias en la administración pública federal es uno de los males que serÃan dignos de incluir por el mismo Homero en la IlÃada o la Odisea. La burocracia es lenta, rutinaria, procedimental e indirecta. Franz Kafka no podÃa describirla mejor en su libro El Proceso. Esto es peor aún cuando uno se enfrenta a corrupción, a la cooptación de lo que es público, a pasar sobre los derechos de los individuos como si la burocracia fuera dueño de ello y a alejarse de todo propósito para el que los burócratas (servidores del público) trabajan (pregunten a algún burócrata por qué hace lo que hace y cuál es su función social de hacerlo). Las burocracias en los casos optimistas (sin corrupción) llegan a la pesadilla weberiana –descrita por Kakfa- al intentar controlar todos los procesos que hacen tan mecánico y rÃgido el sistema que por sà mismo colapsa. En los casos pesimistas… mejor ni hablamos.
Sobre la psicologÃa social de la clase media, media-alta y alta de los mexicanos es realmente sorprendente cuando uno observa la interacción social en espacios públicos y privados, pues una combinación de sociologÃa evolutiva, pensamiento social y comportamiento colectivo hacen que el mexicano tenga una de competencia que se basa en la aceptación colectiva sobre el bienestar o aceptación individual. Debo subrayar que no soy ningún experto en psicologÃa social, pero no se requiere serlo para entender qué es lo que espera el sector aspiracional de México. La primera prueba de ello es la nota que publicó Leo Zuckerman en El Excelsior esta semana sobre las Bellas que legislan, donde entre una de las tantas lÃneas que escribe comenta que algunas legisladoras han hecho una ‘propuesta’ realidad para ponerles un salón de belleza en el Congreso (sólo por lastimar la llaga un poco más: eso lo pagan de tus impuestos). Otro punto que expone ahà mismo es el de las insoportables revistas de sociales (y quienes quieren salir en ellas que incluso pagan por ello).
Este último punto no me sorprendió cuando decidà asistir a la inauguración de una discoteca la semana pasada en la Ciudad de México. A la par que me fumaba un cigarro en la entrada del lugar y discutÃa con un amigo las conductas que generaban las simples reglas del lugar, me di cuenta que es la misma gente que está dispuesta a pagar cantidades cuantiosas de dinero por salir y posar en aquellas revistas de sociales. Las personas llegan con la prepotencia por delante de la clase aspiracional que desea mostrar que tiene más que el prójimo. El objetivo de pasar un tiempo grato con los amigos pasa a segundo plano por el monto de dinero gastado, la rapidez con la que se ingresa al lugar, la cantidad de personas que conocen al interior y por una competencia insana que hace que las personas asistan a estos lugares por pura “posición social†aunque en ello les vaya toda la quincena. En fin, no encuentro tanta diferencia entre estas personas y las que describe Zuckerman en su artÃculo, lamentablemente son algunas de las personas que se comportan de esta manera los que terminan siendo legisladores, para mal de México. Â
Publicado en la Revista Gurú PolÃtico (http://www.gurupolitico.com) y reproducido con la autorización de su Director.
Maestro en Administración y PolÃticas Públicas (CIDE–NUS, Singapur); licenciado en Ciencia PolÃtica y Relaciones Internacionales (CIDE-SciencesPo); tiene diplomados en PolÃticas Públicas para el Desarrollo Social por el CIDE y en Liderazgos Progresistas por la Fundación Friedich Ebert. Co-fundador de Participando por México, A.C.
Por: Luis F. Fernández
Twitter: @luisffernandez
Revista Gurú PolÃtico del jueves 6 de octubre de 2011
























