En La Ley de Ingresos 2012 aprobada por mayoría con los votos de las bancadas del PRI y del PAN los principales beneficiados serán los gobiernos de los estados – la mayoría priistas-, que a pesar de no contar con mecanismos para la rendición de cuentas ni medidas para transparentar los recursos que obtienen del erario, recibirán una bolsa de 120 mil millones de pesos adicionales al presupuesto aprobado para el próximo año, lo que sin duda constituye un motivo de preocupación sobre el destino final de dicho monto.

Con tal de proveer a los gobiernos estatales de una bolsa que les permita solventar de mejor manera los compromisos electorales pactados rumbo al 2012, a los diputados panistas y priistas no les importó obtener dichos a costa de un mayor endeudamiento, a pesar que durante los últimos 10 años de gobiernos panistas la deuda interna del país se ha duplicado.


Desafortunadamente dicho déficit público será pagado por los contribuyentes de siempre, base tributaria que por cierto no se amplió y a quienes se les pretende cargar otros 7 mil millones de pesos por medio de diferentes impuestos.

Peor aún, al ampliar la aplicación de los llamados gasolinazos hasta el año 2014 los legisladores han condenado a los mexicanos de menores ingresos a continuar sufriendo los estragos de la inflación en los productos de primera necesidad que traen consigo los aumentos en los energéticos, lo que sin duda es un acto de mezquindad y de injusticia con los mexicanos, además que con dichos incrementos se pierde competitividad y se afecta a las empresas, lo que se traduce en menor generación de empleos.

Preocupa que los panistas y los priistas hayan proyectado un crecimiento económico de 3.3 por ciento -por debajo de la expectativa oficial- lo que nos condenará a un mayor estancamiento con respecto a otras economías del continente; y un tipo de cambio alto, que sin duda beneficiará nuevamente a los especuladores y a los capitales golondrinos que tanto daño han hecho a las reservas internacionales de nuestro país.

Desafortunadamente con la Ley de Ingresos recién aprobada los grandes empresarios podrán seguir disfrutando de las delicias que les ofrece un sistema tributario bondadoso que mantiene el régimen de los paraísos fiscales y que vuelve a dejar intactos los capitales invertidos en la Bolsa de Valores, mismos que los diputados se niegan a gravar. En contraparte, con la preservación de la consolidación fiscal por medio del IETU, miles de pequeños y medianos empresarios estarán en riesgo latente de desaparecer en poco tiempo, lo que repercutirá en mayores niveles de desempleo que los que ya se registran.