En el marco del 58 aniversario del voto femenino  cabe hacer una autocritica, porque los partidos políticos siguen recurriendo al recurso tramposo de hacer como que cumplen y seguir negando el derecho a la proporcionalidad que se ha alcanzado en las leyes, en cuanto a la representación popular, señaló en tribuna la diputada tricolor, Guadalupe Calderón Medina.

Promover políticas públicas, acciones afirmativas y el empoderamiento de la mujer, “no ha sido fácil pero tampoco, nos asusta, ni nos limita, por el contrario consideramos que nos estimula para enfrentar los retos y poder superar los obstáculos en esta lucha, que ojalá pronto entre en un estado de armonía, igualdad, fraternidad y justicia” dijo.


La legisladora priísta consideró que, la  fuerza emergente de la mujer siempre ha estado ahí, sin embargo hay que reconocer la osadía y esfuerzo de mujeres que se destacaron en la lucha social y política y que sin importar que las percibieran en forma negativa, como mujeres sin valores, no les importó porque sabían que su sacrificio sería una bandera que tomarían otras mujeres, para dar continuidad a un reclamo milenario que en la igualdad hoy da sustento a la democracia, a la transición y la alternancia señaló.

Abundó que, alcanzar una sociedad igualitaria, en cuanto al acceso a las oportunidades es una tarea en donde todos deben estar inmersos; el hombre reconociendo y dando un trato de igual a igual y la mujer evitando la repetición de un esquema cultural que desde la infancia establece diferencias y en forma inercial reproduce el machismo.

Cuando la persona desde su niñez entiende que el trabajo y el arreglo personal no tiene porque ser marcadamente diferente, se está forjando un ciudadano que en el futuro vera en los otros la parte que le completamente, con la que se identifica, con una alteridad que lo enriquece desterrando visiones de exclusión y sometiendo a los demás para esconder en actos de fuerza que pueden llegar a ser violentos sus debilidades personales y sus inconsistencias culturales, mencionó.

Se tiene  claro que los cambios sociales y políticos se pueden alcanzar en la ley, pero tienen que enraizarse en la sociedad y en este sentido falta trabajo para que la mujer despliegue sus potencialidades como actora principal en la sociedad a la que aspiramos.

Hoy dijo, la mujer es jefa de familia y más hogares existen y se superan frente, al abandono del hombre que en muchos casos se separa de la familia para buscar trabajo en otros lugares, “nos hacen ser conscientes de la injusta distribución de la riqueza y pocas oportunidades que hay, para el desarrollo con rostro humano y sin embargo la mujer está ahí; no para preguntar qué hay; sino para decir qué se puede hacer en el esfuerzo de no dejarse vencer, persiguiendo siempre el sueño de un mejor futuro en donde las nuevas generaciones disfruten lo que ella no pudo”.

La lucha de la mujer ciertamente, en el voto tiene un recurso importante, pero no se agota en toda la aspiración transformadora de una sociedad de oportunidades, en donde el  talento y la capacidad personal sean los sustantivos que caractericen y no los adjetivos que lo califiquen. La mujer, es la mitad del todo y su ausencia o no integración provocarían una paradoja que pondría en riesgo el propio desarrollo de la humanidad, acotó la legisladora tricolor.

Es importante tener presente que la mujer ganó el derecho, para elegir mediante el voto su representación popular, fue una lucha larga contra la tradición patriarcal que se negaba a reconocer la capacidad de protagonista de la mujer, que lo mismo inspira, que produce la fuerza que transforma y reorienta el futuro de la sociedad a través del trabajo en la familia y en el contexto social en el que se desarrolla.

Como sujeto histórico del cambio social, hay en todas las épocas de la humanidad en donde la mujer acredita a plenitud su derecho  a construir junto con el hombre, en igualdad de condiciones, un futuro más armonioso y de progreso para todos.

No ha sido fácil, porque hay, una historia que acredita la articulación de una cultura a través del lenguaje la actuación de la mujer, pero con ese mismo lenguaje la niega reduciéndola al concepto de género, en donde prevalece el masculino o en cuando mucho el concepto neutro, no hace mucho el artículo determinaba si el ejerció profesional correspondía a un hombre o a una mujer.

Hoy el empoderamiento, que no ha sido fácil, nos lleva a reclamar que la terminación y no el artículo determinen la actividad sustantiva de las personas.

Este posicionamiento, alcanzado con mucho esfuerzo y se repite en todos los espacio de la actividad humana, todavía hay mentes que pretenden negarse al reconocimiento argumentando en acciones ajenas la explicación al éxito de la mujer en la vida diaria.

Parecería que el dicho popular de: ”Mujer que sabe latín, ni tiene marido, ni tiene buen fin”;  todavía para algunos es verdad, cuando para la generalidad es una broma de mal gusto, que solo nos recuerda un pasado oprobioso en que la negación a la sustancia mujer  le imponía como espacio de vida de realización las paredes de su casa.