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La 4ª Feria Nacional del Libro y la Lectura, dentro de su programa de Literatura y Cultura Chicana y Crónicas de Migración “La Migración de la Palabra”, ofreció la conferencia del antropólogo Josban Ramírez “Testimonios de los ausentes. El cuerpo que migra. Reflexiones sobre migrar, trabajar  y enfermarse en jóvenes migrantes mexicanos”.
Josban Ramírez, del posgrado en Antropología de la Escuela Nacional de Antropología e Historia, se ha especializado en estudios sobre migración y el uso y propagación del crack en la Ciudad de México.
En el presente estudio, hace una reflexión acerca de la significación del cuerpo, el cual considera “un campo de experiencia perceptual que tiene un uso, una función y una significación.” Esto es, que visto desde la antropología física, el cuerpo humano es un signo del contexto histórico, político y cultural en que vive el individuo: “cada quien construye su cuerpo de acuerdo a sus experiencias, información y contexto.”
Considera que hasta ahora no se ha estudiado al sujeto que migra, sino que los estudios se han centrado en el fenómeno de la migración.

Su estudio se especializa en las enfermedades que aquejan a los migrantes ya que, como indicó, las enfermedades son un “hecho cultural que se construye a partir de lo que significa y representa para cada individuo, grupo o sociedad.”
La enfermedad vista como producto sociohistórico nos indica que cada sociedad y cultura la interpreta desde sus propias formas de concebir el mundo, de experimentar usar y darle significado al cuerpo. Es decir, un mismo padecimiento puede ser explicado (y curado) de maneras distintas dependiendo de la sociedad en que éste se presente.
De esta manera, cada pueblo crea sus propias metáforas para describir sus padecimientos de acuerdo al contexto cultural en que se encuentra (“mariposas en el estómago”, “el corazón roto”, “punzadas”…)

Es por ello que los sujetos que cambian su lugar de residencia se ven en la imposibilidad de atender sus padecimientos, ya que al quedar insertos en una nueva cultura, automáticamente se encontrarán en un lugar donde las enfermedades se codifican de otra manera y sus tratamientos son distintos (ininteligibles muchas veces para los extranjeros y por lo tanto, inválidos).  Sin embargo, asegura que, a pesar de ello: “la migración contribuye al intercambio genético y al enriquecimiento cultural.”
A lo largo de su estudio, que ha realizado en el Mercado de Abastos de la Ciudad de México entre migrantes que llegan a trabajar ahí para obtener dinero fácilmente y lograr emigrar a Estados Unidos, se ha encontrado muchos ejemplos de explotación infantil y trabajo por género.
En los estudios sobre las enfermedades que aquejan a los migrantes, se ha dejado de lado el de las enfermedades psicológicas, destacó en particular el “síndrome de Ulises”, que consiste en una fuerte depresión para la persona que migra. Este padecimiento aqueja principalmente a niños y jóvenes, ya que se desarrolla debido a la incapacidad de prepararse mentalmente y adoptar la idea del viaje (a los niños y jóvenes muchas veces no se les previene anteriormente del cambio que sufrirán sus vidas o no pueden entenderlo).
Esta depresión muchas veces lleva al migrante al consumo de drogas, en particular del “crack”, que es la sustancia de creciente consumo entre esta población.
Concluyó su intervención con la afirmación de que un proceso de adaptación infiere directamente en la calidad de vida del sujeto. Es decir, si la adaptación es positiva, la calidad de vida mejorará y viceversa.
El programa de Literatura y Cultura Chicana y Crónicas de Migración “La Migración de la Palabra” ofrece diariamente conferencias gratuitas a las 17:00 hora en la Casa de la Cultura, sede de la 4ª Feria Nacional del Libro y la Lectura.