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Las noticias negras de la última semana van dese el endeudamiento por más de 65 mil millones de dólares que tiene México, hasta dar cuenta del aniquilamiento diario de supuestos ciudada-nos involucrados con el crimen organizado. En Pátzcuaro, Nocupétaro y La Piedad, en un solo madruguete, mataron a quince individuos mismos que transitaban en camionetas y que al señalamiento de hacer alto, respondieron a tiros. No hubo pues capacidad, no la ha habido, para atraparlos y confesarlos. Al Ejercito y a la Policía no les interesa capturarlos vivos, sino sólo de aplicar la medicina de Porfirio Díaz, cuando en un telegrama le indicaba al gobernador de Veracruz: “Mátalos en Caliente”, indicando con lo anterior que a los sublevados se les eliminara tan rápido como (furioso) fuera y en donde se les encontrase.

No nos sorprenden ya estos enfrentamientos, lo que nos llama la atención es la coincidencia entre los regímenes del dictador y el de FECAL, pues no hay detenidos ni heridos al ser interceptados y esta actitud de no atraparlos sino de tirar a matar.


Una norma del general Díaz fue acabar con los cacicazgos y gobernadores no afines a él y repo-nerlos por gente incondicional, tal como trata de hacerlo en Michoacán con su hermana. Pero aun hay más coincidencias de Felipe con el régimen porfirista: al concluir su segundo periodo, Díaz busca a toda costa modificar la Constitución de 1857 con la finalidad de permitir la reelec-ción indefinida de un gobierno centralista bajo la apariencia de régimen federalista. Hoy, pocos dudamos de ello, Calderón busca una oportunidad de mantenerse en el poder con el pretexto que le da el crimen organizado.

Hay otras coincidencias: Porfirio Díaz se apoyaba en “personas capaces de ejercer una administración pública científica (racional y eficiente), es decir, en el grupo denominado los “científicos”, que seguían la pauta de John Stuart Mill y de Hebert Spencer, quienes pensaban que la humanidad se podría adaptar a las exigencias de una sociedad libre del Estado entregado éste a los empresarios para poder lograr el desarrollo económico, político y social. En otras palabras, tener una nación en “Orden” (y Progreso, decía el dictador Díaz) que era la base fundamental para el desenvolvimiento nacional, tal como lo pregona La Cocoa, en Micho-acán.

Debemos de recordar que la crisis financiera de antaño, que se presentaba a principios de la última década del siglo XIX, fue producto, entre otras causas, por la pérdida de las cosechas, por la devaluación de la plata en el mercado mundial y por ser un país proveedor de materias primas y consumidora de bienes manufacturados en el mercado mundial. Afortunadamente para Don Porfirio, era Secretario de Hacienda Ivés Limantour, un verdadero león, contrario al corderito de hace algunos días y que anda de paseo por el Estado. Supo sortear la crisis logran-do que la economía mexicana se insertara en el mercado mundial, presentando un presupuesto no deficitario que hasta esos momentos no había existido en la incipiente república.

En la época porfirista, más de 60 millones de hectáreas de tierras productivas fueron desprendidas del patrimonio de los pueblos a las que pertenecían. Entre 1883 y 1910, éstas fueron entregadas a precios irrisorios a los grandes latifundistas y los campesinos fueron presa fácil de las grandes haciendas a las que acudía a prestar sus servicios debido al robo cometido de sus tierras. Despojados de éstas se vieron obligados a emplearse como mano de obra para las haciendas, ya sea como “peones encasillados” o “como peones de temporada”, verdaderamente esclavos que terminaban en El Valle Nacional.

Enormes contradicciones y similitudes tenemos entre estos dos regímenes, pues ¡hoy! grandes extensiones de tierra que guardan en sus entrañas riquísimos recursos minerales, en los que sobresalen el oro, la plata, el cobre, el zinc, el fierro y otros, han sido entregadas a consorcios internacionales mismos que están coludidos con mexicanos y cuya explotación es irracional, dejándolas inertes y sin importarles los muertos por los derrumbes tenidos en el interior de las mismas ni por la contaminación ambiental que se hace con esa explotación desmedida.

Durante el porfiriato, por espacio de 25 años y como resultado del atraco cometido en contra de los indígenas yaquis y mayos, de Sonora y Sinaloa, éstos se rebelaron y fueron brutalmente reprimidos. Don Porfirio ordenó su exterminio y muchos fueron mandados a las haciendas de Yucatán y Quintana Roo. Hoy en día, los huicholes denuncias el mismo atraco y explotación que de sus tierras hacen compañías canadienses asociadas con empresarios mexicanos y ponen la voz de alerta porque su tierra sagrada “La Wirikuta”, está amenazada de ser destruida.

Recordemos finalmente como se inició la rebelión en la “Cananea Consolidated Copper Com-pany”. Los obreros exigían que para la jornada de ocho horas se les pagase un salario igual (tanto para los trabajadores gringos como para ellos) siempre y cuando se realizaran las mismas labores, las mismas funciones. La gerencia de la Compañía rechazó las demandas y a cambio fueron reprimidos a balazos por soldados norteamericanos, que habían cruzado la frontera con la autorización del gobierno de Díaz.

Hoy, la diferencia con el ayer, es que no son soldados gringos los que cruzan libremente la fron-tera con la autorización del hermano de la Cocoa, sino agentes de la DEA …, que andan buscando lo que el gobierno no puede hacer…cazar al Chapo.

¡Abrase visto!