En los medios de comunicación de masas-sociales, tradicionales y contemporáneos, – redes sociales – se está dando amplia información sobre el asunto de regresar o no a las Fuerzas Armadas a los cuarteles, incluyendo a la Guardia Nacional.

Hace días se informó de la presencia del secretario de la Defensa nacional y del secretario de gobernación en el Senado y en una habitación del hotel frente al Senado.

Como se sabe, se votó favorablemente la iniciativa ya autorizada por la H. Cámara de

Diputados, a donde fue regresada para su valoración, modificación -. Es decir, el asunto aun no termina, pero muy segura y probablemente, se votará para que la ratifiquen y continuar con su proceso jurídico y tenga vigencia, a partir de su publicación en el Diario Oficial.

Todo eso y lo que vendrá fue y será falso debate, tiempo y, sobre todo, dinero –seguramente bien utilizado, para los fines del poder Ejecutivo, porque como bien lo señalan las concejas populares: problema que se resuelve con dinero…deja de ser problema… Y nadie aguanta un cañonazo de $ 50, 000.00 pesos, o este otro, que es la síntesis de la ética de El Príncipe: Importan el fin, no los medios. Salvo el presidente de la República y un grupo sumamente selecto, nadie sabe por qué el titular del Ejecutivo Federal, Andrés Manuel López Obrador, desea, quiere, exige y demanda la presencia, permanencia de las Fuerzas Armadas más la Guardia Nacional continúen en las calles en acciones de vigilancia social.

La realidad nacional muestra que los ríos de sangre continúan bañando a la sociedad nacional. Cuando no es Guadalajara, o alguna población de Jalisco, de Sinaloa, Michoacán, Tamaulipas, Oaxaca, Guanajuato, Morelos, etc. Y esto es todos los días, cotidianamente, un día sí y otro también… con todo y las Fuerzas Armadas y la Guardia Nacional están en las calles, fuera de los Cuarteles.

Está llegando a los dispositivos publicación de EL UNIVERSAL, referente a una advertencia- palabras del señor secretario de la Defensa Nacional.  Cito textualmente: “Si siguen manchando al Ejército, retiro a los militares de las calles y a ver qué hacen”. Ésa fue la advertencia en reunión del gabinete de seguridad en palacio nacional, hace aproximadamente dos semanas. Los asistentes quedaron congelados. Las palabras del general tuvieron destinarios: Alejandro Encinas, el fiscal General Gertz Manero y el presidente Andrés Manuel López Obrador, quien no estuvo, pero fue informado. En su caso, de haberlas retirado ¿Qué habría pasado? Lo que está pasando actual y cotidianamente: lo mismo.

En realidad, existe una cortina imposible de desvanecer en relación con la presencia de las Fuerzas Armadas en las calles y sus funciones de vigilancia: ¿Quién, y cuánto se les paga: ¿La Federación? ¿El estado? ¿El Ayuntamiento? ¿Quién cubre sus gastos alimenticios? ¿En los cuarteles que se construyeron, ¿quién paga los servicios?

 ¿Por qué no se permite que sean los H. Ayuntamientos, que por mandato Constitucional les corresponde, sean los responsables de estas acciones de seguridad y protección?

Hace unos 15  o más o menos años, se firmaron acuerdos nacionales mediante los cuales a los Presidentes de los H. Ayuntamientos se les entregaría dinero para la compra de equipo,  armamento el más moderno, de chalecos antibalas, material rodante y que, además, TODOS los elementos de los cuerpos policiacos – mandos y jefes incluidos – participarían en programas de entrenamiento, de acondicionamiento físico, se les aplicarían exámenes de laboratorio para conocer su grado de adicción y, como complemente habría una revisión a sus perfiles de ingreso – se dijo con toda la boca …se exigiría bachillerato – y, de formación profesional, actualización, superación profesional , capacitación y como complemento, mejora sustantiva de sus ingresos, prestaciones sociales de ley y hasta seguro de vida. ¿Qué sucedió?  Fue para la foto, nada más. Fue puro cuento.

Ningún municipio tiene la cantidad de elementos policiacos necesarios para atender la población municipal y, como complemento, ¿Qué porcentaje de H. Ayuntamientos estatales y/o nacionales, cubren puntualmente los seguros de vida y cuotas del IMSS de los elementos de sus corporaciones policiacas? Solamente Morelia, ¿Cuántas corporaciones policíacas funcionan en Morelia? ¿Cuántos policías hay en nómina? ¿Cuántos elementos policiacos realizan trabajo, funciones de vigilancia de la sociedad? ¿Cuántos están destinados a cuidar edificios públicos. ¿Qué les puede pasar a esos testimonios? ¿Cuántos, están asignados como escoltas de los Jefes? ¡Ni el presidente municipal lo sabe! Aquí en Uruapan, Nachito, el presidente municipal no se encomendó a Dios, como lo hizo el gobernador de Zacatecas. Nachito fue más práctico: se compró una camioneta blindada, con un costo mayor a los 3 millones de pesos. ¿Qué blindaje traen los policías municipales? ¡Un milímetro, cuando bien les vaya!

Los gobernadores y los H presidentes municipales se aprovecharon de la disponibilidad presupuestal e hicieron su agosto: lo desviaron, no cumplieron ninguno de los compromisos firmados, empezando por los exámenes de laboratorio – médicos y de adicciones -, los de educación física, prácticas de tiro, de equipamientos, de armamento. Nada. No es extraño que las cosas estén como están. ¿Cómo revertirlo?

Desarrollando las policías municipales: equipándolas, exigiendo su perfil de ingreso, por lo menos secundaria completa, PARA TODOS, JEFES, MANDOS Y TROPA, exámenes de laboratorio general y particular de adicciones y condición física, mejora salarial, prestaciones de ley, seguros de vida y actualizar y equipar sus laboratorios – pero que sea cierto, no vacilada -; ampliar los servicios profesionales policiacos y científicos para atender las demandas de seguridad ciudadana.

Si realmente se desea revertir este estado de cosas, debe darse una reforma, una revolución, empezando por mostrar voluntad política de cambiar la situación, continuando con tomar la decisión de aplicar estudios de laboratorio y médicos y el personal que  no esté en condiciones física óptimas para el servicio, con todo y pena, cambiarlo de ubicación y función:  de vigilante en edificios públicos, por lo menos y, rígidamente aplicar  el perfil de ingreso: limpio y con escolaridad de, mínimo, secundaria, deseable preparatoria, bachillerato  o preuniversitario y mejorar salarial sustantiva, además de las prestaciones de ley, seguridad social y seguro de vida, aparte de su armamento y equipo de protección – chaleco antibalas, por lo menos -: EN CONCRETO LOS ELEMENTOS DE LOS CUERPOS DE POLICIACOS  DEBEN GANAR BIEN, MUY BIEN PARA NO CAER EN LAS TENTACIONES DE LA DELINCUENCIA –ORGANIZADA O NO -. CASO CONTRARIO, SEGUIREMOS COMETIENDO LOS MISMOS FRACASOS.

Aparte de éste, existe otro problema y éste es el más grande: la falta de voluntad política del Estado, del Gobierno: el incivismo de la autoridad que renuncia a cumplir su responsabilidad, su función, su parte del pacto social de proteger a la sociedad. A la autoridad le importa más, mucho más, una célula del tejido social, que el tejido social, que el órgano social.

Este incivismo, esta renuncia del Estado, a cumplir sus obligaciones, de rechazar el uso legítimo del monopolio legal de la fuerza del Estado para cumplir sus obligaciones de defender a la sociedad está matando a la República. Un Estado de derecho que ya no tiene el valor de perseguir a quienes violan sus leyes, porque teme complicaciones, está matando a la República: abre el camino a la tiranía y esto es tan cierto como que la paz a todo precio conduce a la guerra. Esta laxitud de la autoridad daña tanto a la libertad como al autoritarismo: una policía todopoderosa se coloca por encima de la sociedad: Tiene todos los derechos y ningún deber. Una policía impotente no quiere o no se atreve a intervenir… ¡porque toda su intervención es considerada ilegítima! Éste es el gran problema.