Congregados en la Catedral de Morelia, un conjunto de solistas, coro y la Orquesta Sinfónica de Michoacán (OSIDEM) interpretaron el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart dirigidos por el músico mexicano Juan Manuel Arpero, como parte de los tradicionales conciertos que, con motivo de la conmemoración de muertos, se realizan cada año y de manera particular en esta época.

Centenas de admiradores de la música espiritual de Mozart, no sólo colmaron el recinto sagrado para presenciar la ejecución de la obra, sino que igualmente quedaron deleitados con la justa interpretación que realizaron los solistas y coros invitados de esta magistral obra, también conocida como Misa de muertos.


Considerada una de las cimas musicales del repertorio universal, el Réquiem de Mozart, es una contemplación de la muerte, por lo que su interpretación se ha vuelto una tradición en la víspera del Día de Muertos, ya que la obra se dedica a los difuntos que son conmemorados por familias completas en Michoacán.

En medio de un escenario sacro, idóneo para ejecutar  esta obra maestra mozartiana, participaron en la ejecución del Réquiem, los solistas Lesbia Domínguez (Mezzosoprano), Luz Andrea Romero (Soprano), Arturo Hernández (Tenor) y Pablo Cesar Reyes (Barítono), así como también el Coro del Apostolado de la Cruz, a cargo del director coral José Nezahualcóyotl Pineda, además del Taller de Canto de la Casa de la Cultura de Morelia, que igualmente dirige Lesbia Domínguez.

Con esta reunión de talentosos solistas, coralistas y músicos de la Orquesta Sinfónica de Michoacán, tuvo lugar el pasado lunes en la Catedral moreliana, el primero de dos conciertos que ofrecerá la OSIDEM en la entidad; el segundo se llevará a cabo en la Basílica de Nuestra Señora de la Salud en Pátzcuaro, también con entrada libre.

En la antesala del día de Muertos y dispuestos a ofrecer una misa a las ánimas que retornan cada año, el coro y los solistas con alto profesionalismo  interpretaron las fases emotivas que integran al Réquiem de Mozart: sorpresa, miedo, esperanza y redención; emociones que el compositor vivió durante las semanas en las que compuso esta obra magistral y que se convertiría en su última contribución al mundo de la música universal.

La interpretación de esta misa de difuntos reunió a más de mil personas en la Catedral de Morelia, quienes pudieron disfrutar de este evento, sin costo alguno, ya que la entrada fue libre para todo el público, lo cual dio como resultado un recinto que lució a su máxima capacidad; incluso gente esperó afuera para ingresar al recinto, aún iniciado el concierto.

El poder de convocatoria que tuvo el concierto dedicado a la interpretación de la última obra del genio del Salzburgo, dejó clara muestra de que tal pieza es motivo de un evento no sólo tradicional en la población local, sino de gran aceptación entre el público melómano con que cuenta la capital de Morelia.

Cabe acotar que, respecto a la historia de esta obra y su culminación, diversos estudiosos han documentado  que en julio de 1791, Mozart recibió de forma anónima el encargo del conde Wasselg-Stuppach para la composición de un réquiem. La muerte de Mozart impidió, sin embargo, que quedara terminado, por lo que su discípulo Franz Xaver Süssmayer (1766-1803), quien, en los últimos años de la vida del maestro, había vivido en estrecha intimidad artística con él. Fue éste quien concluyó la obra, a pesar de que aún hoy, no es fácil determinar exactamente cuál es la parte debida a Süssmayer.

No obstante, al paso de los años, ésta es una de las obras que más gustan y se interpretan en el mundo entero.