Etelberto Cruz Loeza.
NACIONAL
La pandemia de COVID-19 y sus variantes continúa a todo vapor. Los contagios tuvieron en la semana anterior, un promedio de 32,300, diariamente y los gobiernos – Federal y estatales – ni el consejo nacional de salud, ni el secretario de salud ni los secretarios estatales, han cambiado de actitud y siguen sin modificar su comportamiento – restablecer las restricciones de salud. Es deseable que la prisa no los agarre con los dedos tras la puerta, como lo hicieron el 2020, 2021. Se desconoce qué es qué se basan para estar con la política del avestruz.
Por otro lado, ya deben ir pensando en la compra de los biológicos para el 2° Programa nacional de vacunación…porque el tiempo se acerca y la demanda crecerá y, además, será necesario y obligatorio
AVE DE TEMPESTADES: LUIS ECHEVERRÍA ÁLVAREZ.
El pasado viernes 8 del presente falleció el ex presidente Luis Echeverría Álvarez, ex presidente de la República, a la edad de cien años, que los cumplió el 17 de enero de este año. Fue titular del poder Ejecutivo Federal en el sexenio 1970-1976. A él se le recuerda por lo que, para muchos, fue lo más negativo de la administración pública y que ha permanecido, así, negativo, en la historia nacional:
1° Ser testigo y/o coadyuvante en la llamada Noche de Tlatelolco y calificada como la Noche Más Triste de México y argumento de varias célebres novelas-narrativas que han colaborado a ubicar esa noche y esos acontecimientos en el museo de lo que no debe ser, pero, muy lamentablemente, fue.
2° El Halconazo, evento calificado como represivo: se cortó, detuvo y deshizo manifestación juvenil, que, con razón o sin ella, marchaban sobre vialidades de la calzada México- Tacuba, mas intervino grupo paramilitar que la reprimió con lujo de arbitrariedad, violencia, saña y sangre. Ese evento, quedó, y ahí está, y no se olvidan, en la historia de las movilizaciones sociales.
Estos dos eventos, entre otras cosas han servido y sirven para que la llamada Izquierda, la agitación, la subversión, la manifestación, la obstaculización y el vandalismo, que ahora están en el poder, se institucionalicen y las haga suyas y las tenga como un derecho individual, insustituible.
3° Casi para terminar su administración aceptó – después de más de dos décadas de estabilidad financiera, llamado el Milagro Mexicano – y ordenó la primera gran devaluación del peso, inaugurando así el periodo de volatilidad monetaria del país. (Y como lo sentenció el ahora expresidente – también ya fallecido, José López Portillo y Rojas: presidente que devalúa, presidente que se devalúa).
Por esos tres eventos socio-políticos don Luis Echeverría Álvarez será recordado y no contarán para nada sus aciertos, que tuvo bastantes, como el Boom Cuantitativo de la Educación Mexicana: el crecimiento exponencial de la Educación Básica y de la Enseñanza Media Superior y Superior, la apertura de la administración pública a los jóvenes, la nueva visión comercial – el acercamiento a China y Japón – y en Relaciones Exteriores – cuyas propuestas aun están vigentes y son ejes de la política exterior mexicana: el principio de Autodeterminación De Los Pueblos, su Carta de Derechos y Deberes – y en política laboral sus acuerdos y pactos para controlar la inflación.
Don Luis Echeverría Álvarez, debe ser juzgado, objetiva y sinceramente, sin filias y sin fobias para que ocupe un lugar en la Historia, porque se lo merece, pero ni muerto lo dejarán descansar.
Descanse en paz esta Ave de Tempestades.
OTRA VISIÓN: PROPUESTA DE PAZ DE LOS JESUITAS.
Aunque el gobierno federal no lo acepte, la realidad ahí está y está realidad está enmarcada, matizada por la inseguridad en la que, en este momento, ha tocado todos los sectores, nichos y niveles de nuestra sociedad.
En el pasado mes de junio, hecho sangriento en la serranía Tarahumara sensibilizó y tensó aun más las relaciones – si las hay – entre la Iglesia católica, particularmente la congregación Jesuita: dos de sus miembros – cuando atención la demanda de auxilio de un ciudadano perseguido por pandilla de malhechores, que finalmente lo asesinaron, también – fueron acribillados, y muertos – en la población de Cerocahui, Chih.
Ese hecho revolvió aun más las aguas y tempestades de la inseguridad; hubo calificativos no agraciados para la administración federal y peticiones de evaluar y cambiar la llamada política de seguridad nacional; mas en réplica hubo respuestas puntuales del titular del Ejecutivo Federal y de la súper secretaria de seguridad Pública, Rosa Icela. No habría cambias en la política de Abrazos y no balazos.
Incluso S S Francisco –sacerdote Jesuita – emitió su juicio, nada positivo para la administración Federal López Obradorista.
Finalmente, hasta este momento existe una contención y, parece ser, que existe coincidencia en un punto: es necesario construir la paz.
Ese punto coincidente, se ha ampliado por parte de la congregación jesuita: la construcción de la paz no es obligación y responsabilidad de un solo, y sólo, hombre.
En estas últimas semanas, tras el asesinato de dos sacerdotes jesuitas en Urique, Chihuahua, la relación entre la Iglesia católica y el gobierno federal se percibe tensa, razón por la cual y por ser un punto de vista objetivo y cercano, se transcribe gran parte de la entrevista – publicada en el diario La Razón, de México, en su edición del viernes 08 del presente, realizada por la comunicadora Bibiana Belsasso, al sacerdote jesuita, Benjamín Clariond, licenciado en Filosofía y Filosofía Dogmática, por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum; director de la oficina de comunicación internacional de la Legión de Cristo – en el Vaticano – hasta 2017 y actualmente es profesor y director de Formación Católica del Bachillerato en Guadalajara, Jal.
“Yo no la vería como una confrontación, sino más bien la iglesia tiene la misión de ayudar y también de promover el bien común y uno de los elementos del bien común es, precisamente, la paz.
Yo creo que a raíz de los asesinatos de los padres Javier Campos y Joaquín César Mora y también del guía turístico Pedro Palma, allá en Cerocahui, se ha desatado una toma de conciencia del nivel de violencia que se está viviendo en el país y la iglesia, como institución, no tiene la misión de decirle al gobierno qué es lo tiene qué hacer, pero sí de alzar la voz y decir que especialmente las personas más vulnerables, las más pobres, que son las que a veces sufren más las secuelas de la violencia y a veces no pueden escapar de ella.
Alzar la voz y decir que aquí hay algo que conviene atender y que es urgente atender.
Hay una separación entre iglesia y estado y no le va a decir al gobierno cuáles son las cosas que tiene qué hacer; sin embargo, sí tiene que alzar la voz, o sea, todos, autoridades, ciudadanos, de a pie, todos tenemos que participar para construir la paz y hay cosas que, con tantos asesinatos, feminicidios, desapariciones de periodistas, de personas, de asesinatos de estos sacerdotes, y de tantas otras personas comprometidas, en manos de la delincuencia organizada, etcétera, pues son realidades que hacen alzar la voz. esto no nos ayuda, está deshilado el tejido social y necesitamos volverlo a construir.
Se percibe lo que está pasando porque están en permanente contacto con la gente, con el pueblo. los sacerdotes vivimos tratando de estar cerca de las personas que han confiado en nosotros. cuando se truncan sueños, cuando hay jóvenes que se ven involucrados en el mundo de la violencia, cuando la violencia casi se hace el único modo de poder salir adelante, pues, realmente, eso clama al cielo y la iglesia para alzar la voz y decir: reconstruyamos el tejido social.
En las iniciativas que ha sacado la conferencia del episcopado mexicano de tener el 10 de julio la misa por los sacerdotes asesinados y durante todo este mes elevar oraciones por las víctimas de la violencia, porque aquí hay heridas abiertas; nuestro país es profundamente religioso y plural, pero también tiene heridas y necesitamos atenderlas y no fingir que todo está muy bien, sino realmente tomar conciencia de las asignaturas pendientes y de ahí partir para construir la paz.
También el 31 de julio tenemos la misa por los victimarios, porque también hay que rezar por ellos, por su conversión, por su reinserción pacífica en la sociedad. nosotros como seguidores de cristo creemos profundamente en la conversión de los pecadores, la conversión de las personas que han seguido, que han adoptado un mal camino, también pedimos por ellas.
Esto no quiere decir que no tengan que cumplir con las penas que les imponga la justicia.
Si ésta les impone cárcel o alguna otra pena, pues tendrán que pagarla, pero son seres humanos y deben tener siempre la puerta abierta para la esperanza, para cambiar, pero, insisto, el que se acerquen a la iglesia no quiere decir que no tengan las exigencias de la justicia.
Si han hecho mal, pues tiene que preparar ese daño causado.
No es tema de confrontación, sino d4e colaboración, porque a todos nos toca. Al gobierno le toca hacer que las instituciones funcionen, tutelar la paz y el bien común.
Que se haga justicia, de una manera ágil y correcta; al mismo tiempo también, garantizar la protección de los ciudadanos.
A los padres y madres de familia les toca educar bien a sus hijos. a la iglesia promover la ley de oro de la caridad, de tratar a los demás como quieren que nos traten. a los legisladores les toca pasar leyes justas.
Todos, todos, desde un niño hasta un anciano. todos debemos trabajar para construir la paz.
Está muy fácil decirle al gobierno: gobierno resuélvelo tú; éste juega un papel muy importante para la solución del problema, pero no lo podemos dejar solo.
si es una familia, hay violencia entre marido y mujer, pues eso se va a replicar después a mayor escala.
Necesitamos trabajar para eliminar la violencia y hacer una cultura por la paz. solamente con políticas públicas no se arreglan todos los problemas. hay que ir a la raíz, que es el cambio del corazón de las personas: darles educación darles la oportunidad de salir de la pobreza, de un fututo mucho más prometedor y la iglesia está a favor de todo eso. no se deben dar dádivas y se acostumbre a la gente a no trabajar. sino que cada uno pueda ser protagonista de la construcción del BIEN COMÚN.
























